Al Prescolar. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Los nervios comienzan la semana anterior. La emoción crece cuando vemos el uniforme planchado, cuidadosamente colgado en el perchero, y los zapatos nuevos que con mucho esfuerzo compraron mamá y papá. Alistamos una y otra vez la mochila: el lápiz, la goma y la libreta.
Nadie quiere llegar tarde. Es una locura en casa. Todos sonríen y lloran alternativamente, porque el niño ya “va para la escuela”. A la madre se le infla el pecho de emoción cuando su pequeña criatura sale corriendo en dirección a los otros niños y se toma un segundo para mirar hacia atrás y decirle adiós con un gesto de la mano, mientras en la otra sostiene la jaba de la merienda.
La “jabita de la merienda” que pasó de moda a causa de la lonchera de Spiderman y la Princesa Sofía. En mi época, en una malla de plástico entretejida ─que costaba un peso cubano─ cabía el pomo de agua, el pomo de refresco Toki y un pan de la bodega con lo que se pudiera: pan con mantequilla, pan con guayaba, pan con queso o pan con aceite y sal.
En los recesos hacíamos cocteles de horrorosos colores con los refrescos de todos. El sabor, único e irrepetible cada día, siempre sabía bien.
Al llegar a casa comenzaba el interrogatorio diario que les permite a los padres monitorear nuestra jornada: ¿qué aprendiste hoy?, ¿almorzaste?, ¿te lo comiste todo?, ¿te portaste bien?... y así sin parar por otra media hora.
Ir a la escuela es dejar de ser “pequeños” para convertirnos en “niños grandes”. Allí comenzamos a forjar nuestro ser social. Conocemos a quienes serán nuestros mejores amigos y, por qué no, también nuestros primeros amores. Algunos de ellos, incluso, acompañarán toda la trayectoria estudiantil hasta la universidad.
Ahí las cosas cambian. Los sueños que hemos cultivado desde la infancia echan raíces. La época de la pañoleta queda atrás y subimos con orgullo la escalinata de cualquier universidad cubana.
De los niños que fuimos, apenas quedan rastros en los rostros. Pero en todas las aulas, cada inicio de curso, se siente como el primer día de clases.
Inicio del curso escolar en la Universidad de La Habana. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Inicio del curso escolar. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Inicio del curso escolar en la Universidad de La Habana. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Más de un millón 800 mil alumnos de todos los tipos de enseñanzas regresaron hoy a las aulas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Jóvenes en la escalinata de la Universidad de La Habana. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Más de un millón 800 mil alumnos de todos los tipos de enseñanzas regresaron hoy a las aulas. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Inicio del curso escolar en las calles habaneras. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Despedida. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Inicio del curso escolar en las calles habaneras. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Las aulas dejaron atrás el silencio del período vacacional, comenzaron las clases. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Jóvenes camino a la Universidad de La Habana. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Desde bien temprano, jóvenes esperan el inicio del curso escolar en la escalinata de la Universidad de La Habana. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Ir a la escuela es dejar de ser “pequeños” para convertirnos en “niños grandes”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Inicio del curso escolar en calles habaneras. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Inicio del curso escolar en las calles habaneras. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Todos camino a la escuela para comenzar el curso escolar 2017-2018. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Inicio de curso escolar. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Todos camino a la escuela para comenzar el curso escolar 2017-2018. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Todos camino a la escuela para comenzar el curso escolar 2017-2018. Foto: Ismael Francisco / Cubadebate
Inicio de curso escolar. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.