La lucidez de un siglo, y más…

Hace unos días el periódico 5 de Septiembre, de la provincia de Cienfuegos, publicó un artículo sobre Emilia de la Caridad Quesada Blanco, una anciana de 116 años que podría ser la cuarta persona más longeva del mundo, a pesar de no aparecer en los registros internacionales que recogen este tipo de estadísticas.

Un equipo de Cubadebate viajó hasta el centro de país para conocer a esta sobreviviente del tiempo y compartir con los lectores su historia en el marco del Día Internacional de la Mujer, no solo porque ella represente la fuerza y la resistencia femenina, sino además, porque de todas las mujeres que hoy pisan con vida suelo cubano, ella fue la primera en nacer, constituye la cúspide de la pirámide etaria.

Emilia de la Caridad habla despacio, al ritmo que el tiempo y el desgaste de sus cuerdas vocales le imponen. Muchas de sus anécdotas nos evocan a hechos hoy descritos en libros de Historia y que pudieran parecer tan distantes como la posibilidad misma de que aun vivan sus protagonistas y testigos. Por ejemplo, una cuenta matemática sencilla permite descubrir que ya esta centenaria había nacido cuando se firmaba la Enmienda Platt.

Llegar a tan avanzada edad, 116 años, sí que resulta insólito y sorprendente. Sin embargo, el hallazgo de centenarios dentro de las estadísticas poblacionales cubanas no es tan inusual. El proceso de envejecimiento en Cuba y los estándares de su sistema médico permiten que cada vez más personas puedan llegar y sobrepasar los 60 años de edad, límite que determina el arribo a la tercera edad. Vivir en la Isla presupone la expectativa de alcanzar los 76,50 años para los hombres y 80,45 para las mujeres, según cifras oficiales del Ministerio de Salud Pública de Cuba. Luego, el seguimiento geriátrico y social que se les brinda a estos ancianos de tan avanzada edad, ha determinado que las cifras de adultos que sobrepasan el siglo de vida al cierre de los últimos años oscile sobre los 2100 centenarios, prácticamente uno de cada 990 habitantes.

La suerte de vivir 116 años ha tenido su precio: Emilia de la Caridad es la última sobreviviente de una extensa familia de 16 hermanos. Sin embargo, esta vencedora del tiempo es optimista y de naturaleza saludable. “Se ha enfermado muy poco, y casi no da lucha, la verdad” asegura su sobrina nieta Clotilde Hurtado, que hoy se dedica a su cuidado.

Entre 2004-2008 se realizó una investigación sobre la ancianidad en Cuba por parte del Centro de Investigaciones Sobre Longevidad Envejecimiento y Salud (CITED), liderada por el Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, Eugenio Selman-Housein Abdo. Ninguna de las pesquisas pudo determinar algún factor racial, étnico o de género que indicara una predisposición a sobrepasar la centuria, pero la presencia de padres longevos prevaleció entre la muestra del estudio, lo cual pudiera señalar un rol genético en la superación del siglo de vida.

En cualquier caso, el ser humano siempre tendrá como propósito lograr la máxima prolongación de la vida con fortaleza y capacidad funcional. Ahí está el verdadero éxito de la longevidad. Emilia de la Caridad no sabe responder por qué ha vivido tanto, más bien confiere la gracia a designios divinos.  “Dios lo quiso así, y aquí estaré hasta que decida acogerme en sus brazos” y toma el bastón para llegar solita y caminando hasta el cuarto. Toma varias pertenencias, regresa a la sala, vuelve a sentarse en su sillón y dice: “ya estoy lista, ¿cuándo vamos para la iglesia?”.

La cienfueguera Emilia de la Caridad Quesada Blanco, con 116 años de edad, podría estar entre las cuatro personas más longevas del mundo. Sin dudas, actualmente encabeza la lista en el ámbito nacional. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Los surcos en el rostro quizás disimulen su longevidad. No son tantas sus arrugas como pudiera esperarse para alguien que ha sobrepasado un siglo, una quincena y año de vida. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Sin embargo, su documento de identidad lo confirma: el nacimiento de Emilia de la Caridad fue registrado el 5 de enero del año 1901. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Emilia de la Caridad apenas conserva fotos de su juventud. Unos de los pocos registros gráficos con los que cuenta la familia es la fotografía de su carnet de identidad. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Devota hasta la médula, todos los martes y viernes acude a la Iglesia Nuestra Señora de Monserrat, su templo espiritual. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Siempre dedica unos primeros momentos al rezo, un momento íntimo para conectar con el Señor, y pedirle salud y bienestar para sus familiares y amigos. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Cada día que asiste al santuario, pide comulgar. A fuerza de costumbre y asiduidad la pequeña ceremonia está siempre lista cuando arriba. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Para el personal de la iglesia y los devotos asiduos, Emilia de la Caridad no es una desconocida. Todas las atenciones posibles son dedicadas a la persona que probablemente haya pisado más veces esa capilla en su prolongada existencia. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.

Después de un rato acompañándola nos despedimos. Ella decide quedarse un tiempo más, contando las cuentas de su rosario. Foto: Darío Gabriel Sánchez García/Cubadebate.