Foto: Kaloian
Por Kaloian Santos Cabrera
Este fotorreportaje está inspirado en la contagiosa pasión beisbolera de los cubanos. Aprovecho que comenzó la edición 51 del Campeonato Nacional de Béisbol y me paro en el cajón de bateo con mi cámara.
En lo particular disfruto ver un partido de vez en cuando, detenerme en el Parque Central a escuchar fraternales y acaloradas discusiones, ir al estadio o buscar en la prensa, por ejemplo, las espectaculares fotografías del juego que logra captar Ricardito López Hevia.
Pero confieso no ser un ferviente seguidor de las bolas y los strikes aunque esté al tanto cómo va el equipo Cuba, por razones patrias mi equipo sea Holguín y, además, simpatice con Santiago de Cuba.
Más que el juego y a sus héroes admiro al apasionado público. A ese fanático que hincha por su equipo en las buenas y en las malas. El mismo personaje que emana fidelidad y respira esperanzas en cualquier esquina. El mismo que te dice: «fulano, que es el primera base indiscutible del equipo Cuba, es de mi tierra», como lo viví en una visita reciente a la ciudad de Cienfuegos. Resulta que unos colegas del periódico Cinco de Septiembre me llevaron por calles, plazas y sitios históricos de la perla del sur que no pueden faltar en el itinerario de cualquier forastero que llega a esa urbe. Los amigos incluyeron en el periplo, como uno de los grandes tesoros de su comarca, conocer a Los elefantes, seudónimo del equipo provincial de pelota.
Llegamos hasta el estadio Cinco de Septiembre para presenciar una sesión de entrenamientos. Sobre el terreno, a pocos días de debutar en el clásico deportivo criollo, el conjunto que viste de verde y negro. Los mismos peloteros que antaño no salían del sótano y que, con pasos agigantados conquistaron el tercer puesto en la pasada contienda. Y, en las gradas, estaban los fieles. Esos seguidores que ahora vienen al entrenamiento y que, de seguro, colmarán cada partido.
Foto: Kaloian
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