Para un cubano, el Turquino es una meta añorada. Es casi un mito. Ayer, símbolo victorioso de los guerrilleros irredentos. Hoy, propósito supremo de quienes creen en retos, aventuras, sueños y heroísmos. ¿Cuántos no hemos deseado coronar la cima del más alto de nuestros picos y sentirnos entre el cielo y la leyenda?
Así se lo propusieron los jóvenes de la Vicepresidencia de Servicios Móviles de ETECSA, siguiendo una tradición iniciada por otros como ellos hace ya seis años. Con un montón de ilusiones y la complicidad de la Empresa de Campismo Popular emprendieron el reto.
El 26 fue la cábala que los movió. Con ese número de efectivos conformaron la tropa. Y todo se preparó para llegar a lo más alto de la isla en la mañana del 26 de julio.
A los 23 días del mes siete fue la arrancada en La Habana. Bayamo los acogió con su cara de villa renovada y los aires de su cultura. La Base de Campismo La Sierrita fue campamento seguro antes y después del ascenso y paraje inicial de la aventura. La dirección provincial de Campismo en Granma y la Empresa de Flora y Fauna fueron compañía y coordinación segura en el trayecto.
El 25 bien temprano comenzó el ascenso. Un camión alivió la distancia hasta el punto de partida de la caminata y posibilitó contemplar desde su altura móvil el impresionante paisaje de la Sierra. El primer kilómetro de marcha presagió malos augurios entre la falta de aire de unos y las taquicardias de otros. Pero nadie se rajó. Los ocho kilómetros a recorrer en la jornada se hicieron entre un sol que abrazaba y un agua inesperada que sorprendió a los escaladores y empapó sus ropas y el camino.
Cuando la tarde ya era cierta, la tropa llegó a la Aguada de Joaquín, punto intermedio para el alimento necesario y el descanso reparador. Allí las ropas se pusieron a secar y el cansancio se llevó a la cama temprano a los turquineros.
Casi a la misma hora en que los moncadistas partieron rumbo a la inmortalidad, la tropa se puso en pie para reemprender el camino. Cinco kilómetros faltaban hasta la cima del Turquino. Las fuerzas físicas menguaban, pero la decisión de llegar permanecía incólume. Ni el asma ni la fiebre que aquejaban a algunos fueron obstáculos. Uno de los escaladores, con las rodillas inflamadas desde el día anterior por las caídas provocadas por el agua, se afincó en dos palos para llegar a la gloria.
A las diez de la mañana del 26 de julio de 2011, los 26 trabajadores de los servicios móviles de ETECSA coronaron la cumbre más alta de Cuba. Martí los recibió con el hálito de los grandes. El orgullo brotó en lo más íntimo de cada uno de los que en ese instante, recordando a los jóvenes del Moncada, escribían una página, inolvidable y bella, de sus propias vidas. Sentían que habían tocado el cielo.
Comienzo de la aventura. Salida desde La Habana. Foto: Yusel
Divisando el amanecer en la Sierra desde el camión que nos llevaba camino a la escalada del Turquino. Foto:Gilberto
A las siete de la mañana comenzaba la larga travesía hacia el Turquino. Foto: Nestor Madruga
La Sierra Maestra nos espera. Foto: Fernando
En la primera hora del ascenso, en la que faltó el aire y hasta hubo taquicardia, pero nadie se echó para atrás en el empeño. Foto: Néstor Madruga
Subiendo los primeros ocho kilómetros el día 25, en el que la lluvia acompañó a los turquineros. Foto: Yasel Serrano
Con espíritu guerrillero. Foto: Yasel Serrano
Todavía a esa hora los rostros no reflejaban el cansancio. Foto: Yasel Serrano
La Aguada de Joaquín. Foto: Gilberto
Uffff....con tal presagio nos recibió la mañana del 26. Foto: Fernando
Los helechos son el atuendo majestuoso de la Sierra Maestra. Foto: Fernando
El 26 bien temprano se comenzó la escalada de los kilómetros finales para llegar al Turquino. Foto: Nestor Madruga
A las 10 de la mañana del 26 de julio se coronó la cima del Turquino. La hazaña guerrillera y el ejemplo de Fidel en la mente de los nuevos turquineros. Foto: Jorge Luis (guía de la escalada)
El guía (izq.) que condujo la tropa a pico seguro. Foto: Fernando
Desde lo más alto de Cuba el Maestro nos mira y guía. Foto: Nestor Madruga
Foto: Yasel Serrano
El recuerdo de la hazaña. Foto. Néstor Madruga
Tras el mismo propósito, pero desde la ruta de Santiago de Cuba, jóvenes del MININT también llegaron a la cima en la mañana del 26. Foto: Fernando
Se iniciaba el descenso. Foto: Fernando
La bajada fue una mezcla de la satisfacción del deber cumplido y el cansancio de la tamaña tarea. Foto: Yasel Serrano
El cansancio colma el rostro tras la hazaña, pero la alegría va bien adentro. Tirados en el camión que nos lleva de regreso al Campismo La Sierrita ya en la noche del 26. Foto: Fernando