Textos: Mónica Rivero, estudiante de Periodismo
Una ciudad es una prolongación de cada uno de sus habitantes, es una gran casa que se les parece, que reproduce sus características, que registra en ella su historia -la historia "grande" y trascendente, y también aquella más discreta: la pequeña, cotidiana historia de todos los días-.
Una ciudad es el cuerpo de una idiosincrasia, la dimensión física de una manera de vivir, el plano sobre el que se proyecta la vida, el espacio donde se manifiestan anhelos, sueños, frustraciones, esperanzas...
Una ciudad está viva, tiene personalidad, tiene rasgos que la hacen única y rasgos que la hacen común. Como las personas, tiene memoria; y como las personas, solo sabiendo de dónde viene podrá saber a dónde va.
La Habana es una ciudad.
En los talleres de conservación de la Oficina del Historiador pueden verse los rostros de quienes la asisten en su mirada retrospectiva (y no por eso sin proyección de futuro); los rostros de quienes la ayudan a recuperar el brillo, a conciliar lo nuevo y lo viejo, a rescatarse y refundarse; los rostros de quienes, en fin, trabajan por que sea una ciudad de ayer, de hoy y de todos los tiempos.
"Al hierro se le da con el corazón"
Escuela taller de La Habana “Gaspar Melchor de Jovellanos”
…Así nos lo revela Roberto, rechazando la idea de que para un forjador lo indispensable es una musculatura prominente. Según este señor, que lleva décadas en el oficio, la fuerza es importante, pero no sirve de nada sin la voluntad y el amor por lo que se hace.
Forjando. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Pirotecnia a pequeña escala. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Un oficio que exige agudeza en la vista y fuerza en el brazo. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Para los perseguidores de cualquier nacimiento. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Soldadura. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Forma suave producto de rudo ejercicio. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Taller. Foto: Alejandro Ramírez Anderson