Medicina Natural y Tradicional: anemia por déficit de hierro y plantas medicinales

La anemia es una enfermedad en la cual el cuerpo no tiene suficientes glóbulos rojos sanos. Estas células sanguíneas le proporcionan el oxígeno al organismo y pueden verse afectadas por diversas causas.

Los tipos y las causas de la anemia son múltiples, pero la deficiencia de hierro es la forma más común y se le denomina anemia ferropénica, ferropriva o por déficit de hierro.

Este tipo de anemia se presenta cuando el organismo no tiene suficientes reservas de hierro, lo cual ocurre si se pierde más sangre de lo que normalmente se puede reponer, cuando se afecta la absorción de este mineral o cuando el mismo no se consume en cantidades suficientes a través de los alimentos. También puede presentarte en condiciones donde se necesitan mayores cantidades de hierro de lo normal, tal como ocurre en el caso del embarazo y la lactancia.

De manera particular, el sangrado resulta una causa muy frecuente de anemia, incluyendo los períodos menstruales prolongados o abundantes. Otros factores, donde se incluyen varios tipos de cáncer y afecciones digestivas como la celiaquía o la enfermedad de Crohn, son también causas comunes de anemia por déficit de hierro. Además, el consumo prolongado de antiácidos o de antibióticos como la tetraciclina, el vegetarianismo estricto y la no ingestión de suficientes alimentos que contienen hierro pueden estar involucrados.

Es posible que cuando el trastorno sea leve no se presenten síntomas, pero en casos más avanzados puede haber debilidad y cansancio fácil, dolor de cabeza, mareos, palpitaciones, dificultad para concentrarse, palidez de la piel, color azulado en la parte blanca del ojo, uñas quebradizas, deseo de consumir hielo u otras cosas que no son comida, falta de aire, cabello quebradizo, dolor o inflamación en la lengua y aftas bucales. Para el diagnóstico de esta enfermedad, además del interrogatorio y examen físico del paciente, se realizan pruebas de laboratorio para cuantificar las células sanguíneas, la hemoglobina y el hierro en sangre. En casos más graves pueden requerirse investigaciones más complejas, incluyendo el estudio de la médula ósea y otros procedimientos para determinar si existe algún tipo de sangramiento que no sea evidente, como puede ser la detección de sangre oculta en las heces fecales.

El tratamiento de la anemia por déficit de hierro incluye de manera convencional la ingestión de suplementos de hierro, pero también de alimentos ricos en este mineral. Solo en casos muy severos, o de intolerancia al hierro por vía oral, se recomendaría su administración en inyecciones. Algunos pacientes con un cuadro clínico más agudo o severo, podrían requerir una transfusión de sangre. En todo caso, lo común es seguir un tratamiento durante al menos seis semanas para recuperarse de la anemia y luego por otros seis meses para reponer las reservas de hierro en el organismo.

Desde el punto de vista nutricional, alimentos como las carnes rojas, el hígado, el pollo, el pavo y los pescados aportan grandes cantidades de hierro en la dieta. Las lentejas y otros granos, el frijol de soya, el maní y algunas verduras son fuentes vegetales de hierro, al igual que lo son varias plantas medicinales bien conocidas. Estas últimas pueden asociarse a la alimentación, o consumirse en forma de infusiones, ya sea para prevenir la anemia o para complementar el tratamiento de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que la vitamina C contribuye a mejorar la absorción de hierro, lo cual le aporta un beneficio significativo a algunas especies que contienen en abundancia ambos nutrientes.

Entre las plantas medicinales de mayor interés en este sentido están:

Berro (Nasturtium officinale): El berro es una planta que ha sido popularmente utilizada para combatir la anemia y otros estados carenciales. Se recomienda preparar un licuado con un manojo de hojas y ramitas de berro, que se baten con una taza de agua, equivalente a doscientos cincuenta mililitros. Se plantea ingerir un cuarto de taza tres o cuatro veces en el día.

Moringa (Moringa oleifera): Sus hojas contienen una altísima concentración de hierro, además de vitamina C y proteínas, incluyendo aminoácidos esenciales. Con una cucharada de sus hojas se prepara una infusión, mezclando esta cantidad de material vegetal con una taza de agua hirviendo. También se puede consumir una cucharadita de su polvo disuelta en un jugo, preferiblemente de algún fruto cítrico. En ambos casos se recomienda ingerir dos tazas durante el día.

Perejil (Petroselinum crispum): Ha sido tradicionalmente empleado para tratar la anemia. Contiene poco más de seis miligramos de hierro por cada cien gramos y también grandes cantidades de vitamina C. Con el perejil se puede preparar una infusión, usando una cucharada de sus hojas para una taza agua. Algunos recomiendan licuar esta cantidad de material vegetal con jugo de frutas y tomarlo en el desayuno.

Verdolaga (Portulaca oleracea): Es una planta muy común en nuestro país, que contiene hierro y vitamina C, además de otros nutrientes como ácidos grasos omega-3. La forma más recomendable para su consumo es en ensaladas o agregándola a sopas y caldos, después de que ya estén cocinados. Este modo de uso puede ser igualmente recomendado para todas las especies anteriores.

Como parte de una adecuada nutrición, estas plantas medicinales pueden ser de ayuda en la prevención de la anemia y otros estados carenciales, además de contribuir con otros beneficios para nuestro organismo. También pueden ser un complemento dietético del tratamiento en caso de que la enfermedad esté presente. De esta forma, sin dudas resultan una excelente opción a considerar para el cuidado de nuestros glóbulos rojos y de nuestra salud... ¡desde lo natural!