Ya comenzó la temporada ciclónica en el área del Atlántico, mar Caribe y el golfo de México, en una “apertura” con una cobertura mediática digna de un show, a tal punto que a veces se le da ese tratamiento. Porque hoy en día los ciclones muevan audiencias, likes, vistas y parámetros en redes sociales, estas se llenan de informaciones al respecto, cada una más impresionante que la otra. Aunque se trate de la posibilidad tan remota (en el tiempo), como en extremo incierta, que la salida de un modelo de pronóstico indica la formación de un huracán dentro de 10 días, va la publicación en las redes sociales. Eso sí con una nota aclaratoria, al final y con letra muy pequeña y nada llamativa, de que se trata de un escenario muy improbable etc.
Algo que ocurre comúnmente, sobre todo en esta “era de las redes sociales”, es que informaciones de ciclones en formación o ya formados en el océano Pacifico nororiental (que de aquí en adelante simplificaremos como Pacífico “a secas”), son compartidas de manera accidental y errónea en redes como si se tratara de ciclones del Atlántico. Imagine que le envían una información con el titular: “Se forma la primera tormenta tropical de la temporada”, sin mucho contexto dispara las alarmas. A veces incluso no es necesaria una publicación base, sino basta un comentario que pase de boca en boca (o de chat en chat) del tipo: “¿es verdad que hay un ciclón por ahí? ¿viene para acá?”
Si usted es un avezado seguidor de informaciones meteorológicas, enseguida se percatará que no hablan de nuestra área, porque consulta constantemente las perspectivas emitidas por centros oficiales. Tal vez con solo oír el nombre de la tormenta advierta de que no corresponde a la lista de esta temporada y ya descarte de que se trata de un sistema lejano que no tendrá influencia sobre nosotros. A veces se conversa muy poco de los ciclones del océano Pacífico nororiental, porque “lo que se forma allá no influye mucho (o nada) aquí”, dejándole solo espacios cuando un sistema es muy relevante, lo que ocurre casi siempre cuando por su intensidad causa grandes destrozos.
No es la primera vez que nos acercamos a conversar de esa zona ciclogenética (de formación de ciclones tropicales) vecina, que como vimos es algo más activa que la nuestra y con una temporada que comienza “antes”. Hoy sin tener ningún sistema relevante, vamos a darle un pequeño espacio a hablar de la zona del Pacifico nororiental respondiendo a curiosidades de lectores.
La zona de formación de ciclones en el Pacífico es una franja de aguas cálidas más estrecha que “la nuestra”, en la que se alcanzan un poco más temprano las temperaturas necesarias para formar y mantener un ciclón tropical. La zona del Atlántico, que recordemos que incluye el mar Caribe y el golfo de México, es mucho más extensa y demora por tanto mucho más en tener esas condiciones de energía disponible para alimentar los sistemas ciclónicos que se formen. Incluso dentro de toda el área el comportamiento no es uniforme y es en parte lo que contribuye a que en una misma temporada ciclónica cada mes tenga un comportamiento diferente, tanto en cantidad de ciclones como en sus trayectorias. También hay condiciones atmosféricas favorables que se establecen algo más temprano en el área vecina. De aquí que la temporada ciclónica comience con medio mes de antelación a su par atlántica, quizás se pregunte ¿hacen esos poco más de 15 días la diferencia?
Vamos a hacer una simple comparación de cómo se comportan ambas cuencas ciclónicas en el periodo comprendido entre el 15 de mayo (fecha en que inicia por el calendario en el océano Pacifico nororiental) y el primero de junio (fecha en que lo hace en el Atlántico) inclusive. Como la extensión histórica de las bases de datos es diferente vamos a coger un lapso común, disponible en ambas cronologías, desde 1960 hasta 2025.
Si ponemos lado a lado todos los sistemas formados en ambas cuencas entre esas fechas, vemos varias diferencias. En primer lugar el contraste entre las trayectorias, predominando en el Pacífico aquellas de este a oeste y en el Atlántico más orientadas sur a norte, cada una con pequeñas inclinaciones.
En el caso del Atlántico, cuando conversamos de los ciclones de junio vimos que las zonas de formación en los inicios de la temporada (aunque aquí estemos hablando de ciclones ligeramente adelantados) y que provienen del golfo de México y el mar Caribe noroccidental.
Lo otro que es notable, que sí se relaciona con el tema que nos acercamos hoy, es la cantidad de sistemas y la intensidad de los mismos. Vamos a revisar un poco los números detrás de esos mapas, que nos ayudarán a complementar lo que estamos viendo. Reiteramos, tendremos en cuenta los ciclones formados en las temporadas de 1960 hasta la pasada, con fechas entre el 15 de mayo y el primero de junio, incluyendo ese día.
En el océano Pacífico nororiental se han formado 42 ciclones tropicales, casi el doble que el Atlántico con 23, pero como decíamos también en la intensidad se veían diferencias. El 95 por ciento de los ciclones formados en el Pacífico llegaron al menos a la categoría de tormenta tropical y casi la mitad de estos últimos fue huracán. De los 18 huracanes formados en el Pacífico un tercio fue de gran intensidad con 6: Alma (2002), Adolph (2001), Bud (2012), Amanda (2014) y el dúo de Andrés y Blanca, ambos de 2015.
En cuanto a la intensidad, en la cuenca atlántica el porciento de ciclones que llegaron al menos a tormenta tropical es inferior con 80 %, con solo dos huracanes: Abby (1968) y… un nombre que “se repite”: Alma, proveniente de 1970. Ninguno de estos huracanes sobrepasó los 120 kilómetros por hora de vientos máximos sostenidos, ubicándolos en la categoría uno de la escala Saffir-Simpson.
En ambas cuencas se nota la ausencia de huracanes categoría cinco en las cronologías, aunque Amanda, “en su versión de 2014” quedó a muy poco de ser el primero, con vientos sostenidos de 250 kilómetros por hora.
Pero…¿y como es que tenemos dos ciclones que se denominaron igual en dos zonas diferentes? Todo viene en primer lugar por la diferencia temporal entre ambos casos y la forma en que se nombraban los ciclones en cada uno de esos momentos. El “Alma” de 1970 se tomó de la lista de nombres predefinida para ese año, compuesta solo por nombres femeninos provenientes del inglés. Esta práctica se mantuvo hasta 1979, cuando se instituyó el uso del sistema actual de seis listas rotativas con nombres de ambos sexos y de diferente origen.
En el Pacífico noroccidental se puso en práctica este sistema de nombres una temporada antes que en el Atlántico y el nombre de Alma se incluyó abriendo una de ellas. La lista actual de nombres de cada año del Pacífico nororiental es algo más extensa, con 24 nombres, ya que incluye los que comienzan con las letras X, Y y Z.
Alma fue retirado finalmente en 2008, dando lugar a más curiosidades por compartir, ya que fue por los grandes daños que provocó en Centroamérica, pero no como un poderoso huracán sino como apenas una tormenta tropical que no llegó a 48 horas de vida. Fue la primera ocasión en que de las listas se retiró un sistema de tan poca intensidad en el Pacífico, ya que en el Atlántico desde 2001 se había retirado a Allison con similar intensidad. El nombre sustituto de Alma fue casualmente Amanda, usando por primera vez en 2014, y decimos casualmente porque ya apareció mencionado en este análisis como el ciclón más intenso en este periodo en su debut y además es el nombre que abre la lista de esta temporada y el único sistema formado hasta la publicación de esta columna.
Así que ya aprovechamos un instante de tranquilidad (relativa) en ambas cuencas para conversar de curiosidades de los ciclones vecinos y poco mencionados del Pacifico nororiental, que ya vimos que no tiene la fecha de comienzo adelantada por un simple capricho.