Deneyis nunca renunció a tener a Taylor, y hoy agradece que los profesionales de la salud cubanos hayan hecho hasta lo imposible por él. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Hay personas que no tienen corazón, y consiguen vivir de ese modo. Por supuesto, sí poseen ese órgano del aparato circulatorio, pero no el otro, no el proclive a conmoverse, el de la sensibilidad, el incapaz de negarle a un niño los insumos necesarios para una operación que puede salvarle la vida.
Pocas cosas suelen ser tan crueles como esos actos que impone el bloqueo del Gobierno de Estados Unidos contra Cuba. A ellos nada parece despertarles gestos de humanismo. Mientras, en este pedazo de tierra, hay madres que no debieran padecer su maldad.
Deneyis Aguilera Chirino estudió Bibliotecología. Su esposo, Yoandry Carrión Izquierdo, se inclinó por la Termoenergética. Viven en Mojica, una comunidad de Mariel, provincia Artemisa. Querían tener un hijo y, como ella no lograba concebir, tuvo que atenderse en la consulta de infertilidad en el Hospital Ginecobstétrico Eusebio Hernández Pérez (Maternidad Obrera).
“Cuando al fin salí embarazada fui la mujer más feliz del mundo. Pero al cumplir cinco meses, mediante un ultrasonido diagnosticaron que el bebé venía con una tetralogía de Fallot: son cuatro defectos en la estructura del corazón. Ese día se me unió el cielo con la tierra”.
Cuenta la mamá de Taylor Carrión Aguilera que nunca se rindió.
“Pese a que muchos me aconsejaban abortar, decidí no hacerlo. Ya tiene tres años y nunca se ha puesto cianótico ni se sofoca mucho. Ha hecho su vida como un niño normal. Le gusta jugar con otros niños y al fútbol con su papá, andar en el teléfono, comer espaguetis, pizzas, galletas dulces, gelatinas, helados… y la leche no le puede faltar.
“Lo único que deseo es que pueda ser operado, para no tener la incertidumbre de que algún día vaya a tener algún síntoma de esos”.
Yamile Laza, jefa del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en Artemisa, comenta que el bebé nació a término, el 23 de enero de 2023. Desde el inicio fue atendido por la red cardiopediátrica en la provincia y, por su complejidad, también en el Cardiocentro Pediátrico de referencia nacional: el Hospital William Soler.
“Esta enfermedad es operable a partir del primer año de vida, cuando la supervivencia al acto quirúrgico resulta mucho mayor. Sin embargo, ha sido pospuesta por falta de insumos y recursos necesarios para su tratamiento, tanto quirúrgico como rehabilitatorio, principalmente para la sustitución de las válvulas, las cuales Cuba no ha podido adquirir a causa del bloqueo.
El pequeño Taylor. Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Taylor es uno de los tantos niños en el país a los cuales esa política hostil les ha jugado una mala pasada. Aun así, organizaciones mundiales y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) asumieron el costo y la cirugía de algunos de ellos en otros países; en el caso del marieleño, en España.
“Acciones como estas siempre las vamos a agradecer, porque salvan la vida de esos pequeños. Pero son cirugías y procederes complejos que nuestros profesionales de la salud están capacitados para realizar en el territorio nacional; solo que se nos impide la compra de lo requerido”.
Deneyis Aguilera sabe que no han querido abrumarla con el contratiempo de no poder intervenir a su hijo en Cuba, porque el Gobierno de Estados Unidos no le quiere vender las válvulas imprescindibles.
“Es una actitud muy inhumana. Nos está afectando a todos y principalmente a los niños, que no tienen culpa de nada. No le deseo mal a nadie, pero ese Trump no merece vivir; qué hijo de… Por supuesto, el karma existe. De cualquier manera, los cubanos siempre salimos adelante”.
Ella comenta que, al final, el Estado cubano ha pasado por encima de esa actitud ruin y mezquina: como no puede ser aquí, han buscado la manera de solucionar lo principal, que es salvar y mejorar la calidad de vida de un niño.
También confiesa tener un poco de miedo. En realidad, la operación será muy compleja. “Me lo han dicho los médicos. Aunque me han dado esperanzas: como mi niño, muchos otros han sido operados.
“Estoy muy agradecida. Sé que el Estado y los profesionales de la salud cubanos han hecho hasta lo imposible por él. Quisiera señalar especialmente, al Doctor Eugenio Selman, director del Cardiocentro; a Marlene, otra cardiopediatra del William, al doctor Carlos y las enfermeras. Que no se me queden los médicos del Aballí; Jose, cardiopediatra de San Cristóbal, la genetista Alina Marrero y Liudmila, la doctora de mi consultorio.
“Si puede, no deje de mencionar a la Empresa de Mantenimiento a Centrales Eléctricas (EMCE) de Mariel, que siempre pone a mi disposición el transporte para cada turno del niño”.
Son muchos en ese afán por la vida. Ciertamente, hay personas que no tienen corazón, y pueden vivir así. Pero hay otros que tienen un corazón gigante donde caben los sueños de infinidad de madres y niños.
Lo único que deseo es que pueda ser operado, asegura Deneyis. Foto: Cortesía de la entrevistada.
El puñal en la tierra
Los campesinos tienen el corazón sobre la tierra, y allí también hunde el puñal el bloqueo. En su finca Santa Ana, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Frank País, en Güira de Melena, el productor Julián Leal Muñoz siente la herida cada día más profunda. La palabra combustible se repite una y otra vez, aunque apenas como eso: una palabra.
“Ya casi no entran fertilizantes e insumos al país, por el encarecimiento, el acceso y la escasez de divisas para comprarlos. Además, los bancos no quieren hacer transacciones con Cuba, o exigen altos intereses.
“Siempre cumplíamos el plan de siembra y producción de viandas, hortalizas y granos en nuestras 1.5 caballerías de tierras cultivables. Pero en los últimos dos años la entrega de combustibles de la CCS a nosotros ha mermado, más en estos seis meses; es casi ninguno, lo que provoca incumplir las siembras.
“Esto incide a la vez en las rotaciones de los cultivos y de la campaña. Cuando hay que realizar siembras o hacer labores agrícolas, no hay petróleo o con qué fumigar. Pero el atraso en las rotaciones y las labores reduce los rendimientos. Igual nos golpea la situación de que el riego es eléctrico, justo en estos momentos de problemas de generación.
“No podemos dar todas las labores que necesitamos para la preparación de tierras: de 120 litros diarios imprescindibles para la maquinaria, hay días que solo tenemos 20… y varios días parados.
“Cuando llega la hora de cosechar tenemos que tomar alternativas de traslado hasta la cooperativa en carretones de caballos, así como hasta el destino final en el municipio, organizándolo con Acopio. Pero eso ocasiona la maduración de cultivos y pérdidas diarias.
“Otro problema es el de las semillas. Solo tenemos seguras las variedades que podemos obtener aquí: tomate nacional, algún pimiento, bejucos, frijoles y plátanos. Hoy no contamos con variedades importadas adaptables a nuestro clima y de altos rendimientos.
“En Cuba no se obtienen de zanahorias, remolachas, tomates y pimientos híbridos para casa de cultivos. En la campaña anterior llegaron algunas a través de la FAO, pero en cantidades insuficientes. Y una vez más incide el combustible para su traslado a refrigerarlas y las dificultades con la electricidad.
“Muchas veces ajustamos el plan de siembra por mala germinación de la semilla o atraso en el riego, que provoca pérdidas directas al campesino.
“¡De fertilizantes ni hablar! Ya no tenemos asignación, y trabajamos con poca materia orgánica; en estos municipios casi no existe. Buscamos soluciones con los CREE de la empresa, para abono foliar y tratamientos fitosanitarios; varios institutos de investigaciones nos apoyan, pero hoy no se puede realizar visitas y hacer prácticas, precisamente por la escasez de combustible”.
Julián Leal no es de esos que se cruzan de brazos: su nombre resulta bien conocido gracias a su empeño y resultados. Foto: Otoniel Márquez.
Julián no es de esos que se cruzan de brazos. Su nombre resulta bien conocido gracias a su empeño y resultados. Ante los contratiempos, insiste en rotar cultivos, sembrar abonos verdes, incorporarle al suelo residuos de cosechas…; sin embargo, no intenta tapar el Sol con un dedo.
“Dejamos de sembrar alimentos que necesita el pueblo, u obtenemos bajos rendimientos por no tener los fertilizantes que requieren estos suelos ferralíticos rojos. El ajo, por ejemplo, alcanzó poco tamaño y fue a parar a la minindustria, lo cual influye en el precio.
“Tampoco existen aseguramientos de piezas de repuesto y, cuando se consiguen, es a un precio elevado en mipymes que encarece el producto en 50 por ciento más allá de su valor. Las baterías, gomas, grasas, productos químicos y piezas incrementan los costos por su compra en dólares.
“Y todo esto no solo perjudica a los propietarios de fincas, sino también a los trabajadores fijos y sus familiares, que se benefician de cuanto podamos brindarles, así como afecta a los eventuales y las brigadas. Es una cadena.
“Encaramos un alto costo en producción con riesgo y bajos rendimientos. El campesino y los que están en su entorno sufren el bloqueo a diario. Aun así, nuestro sentir es continuar produciendo para el pueblo. Pero, en la agricultura, el ensañamiento del Gobierno de Estados Unidos llega desde el surco hasta la mesa del cubano; parece el título de un reportaje, pero es la realidad”.
En la Santa Ana, rotan cultivos, siembran abonos verdes e incorporan al suelo residuos de cosechas. Foto: Otoniel Márquez.
Pese al bloqueo, el sentir del campesino es continuar produciendo para el pueblo. Foto: Otoniel Márquez.