Por el bienestar animal: Control de poblaciones de animales callejeros

Foto: Dima Berkut/ National Geographic

Vale la pena recordar, que históricamente los servicios de salud, entre sus múltiples actividades de prevención y control de enfermedades transmisibles, ha asumido la captura de los animales callejeros. Por ello, se dispuso en el Decreto-Ley 31 del 2021 de Bienestar animal, Artículo 39: Los animales recolectados se trasladan y atienden en los centros de observación o de atención, acogida, rescate y rehabilitación, según proceda, de conformidad con los procedimientos establecidos en el Reglamento del presente Decreto-Ley.

Partiendo de que los animales que se llevaban al Centro de Observación Animal ubicado en la localidad de Arroyo Arenas, del municipio La Lisa, en La Habana y que de forma similar ocurría en otras provincias con las poblaciones callejeras, se pensó en el destino que debían tener aquellos perros y gatos, que no fueran reclamados por sus propietarios –que en ocasiones los mantenían fuera de la casa– ni adoptados por otras personas, en los centros de observación animal. Entonces, debían trasladarle a centros de atención y acogida.

En el momento en que se redactó el Decreto Ley, el grupo de trabajo, a sabiendas de que esos centros no existían como tal, pero que se podían establecer en el futuro y valorando que como norma jurídica, este decreto tenía un margen de aplicación o implementación progresivo, en lo adelante sería posible. Es decir, se valoró que se podían adaptar instalaciones o construir otras, con la finalidad de que al menos existiera un centro de atención y acogida en cada provincia.

Por esa razón es que en el Decreto-Ley 31 del 2021, se rubrica, el Artículo 40.1: Los animales recolectados se trasladan y atienden en los centros de observación o de atención, acogida, rescate y rehabilitación, según proceda, de conformidad con los procedimientos establecidos en el Reglamento del presente Decreto-Ley.

Es conveniente aclarar que cuando nos referimos a centros de observación se trata de aquellos que como objeto de trabajo esencial tienen la observación clínico-epidemiológica durante diez días de perros y gatos, con la finalidad de determinar si el animal sospechoso de rabia que mordió o manifestó algún cambio de conducta, realmente padece la enfermedad o no.

Los centros de atención y acogida, se consideraron en función de conducir allí a los que resultaran descartados de rabia en ese período de diez días y no fueran reclamados o adoptados, por lo que con buena condición de salud, no tendrían razón para estar en los centros de observación y también, a los recogidos de lugares públicos por ser callejeros.

Por último, como centros de rescate y rehabilitación, evaluamos a instalaciones para los animales de fauna silvestre, que siendo rescatados por autoridades competentes, dado que fueran objeto de la caza furtiva o del tráfico ilegal de especies amenazadas u otras razones similares, son incautados puesto que es incorrecta la acción de captura, extracción y apropiación ilícita de animales de fauna silvestre.

Entonces, volviendo al tema que nos ocupa, la denominación de centros de atención y acogida se definió, a partir del criterio de que en locales existentes, que pudieran ser adaptados o que se pudieran construir, se pudieran establecer los recintos para esta noble finalidad.

Claro está, no contaron entre esos criterios y análisis, las consecuencias de negativas de la epidemia de la covid-19 en Cuba, ni las nuevas medidas que arreciaron el bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba, ni se podían precisar los desastrosos efectos de los eventos meteorológicos que desde el 2021 hasta hoy han causado considerables daños, de los cuales estamos en plena fase de recuperación.

Estas razones, entre otras de carácter objetivo como los problemas de viviendas, la adecuación de locales para familias afectadas y otras también, han imposibilitado la concreción de establecer formalmente esos centros para la atención y acogida animal.

No se trata de justificar, lo que prospectivamente no se ha podido hacer, pero realmente han existido carencias, restricciones y dificultades para derivar recursos financieros y materiales para construir los centros de atención y acogida.

Tampoco se ha renunciado a su establecimiento y uso para llevar a estos centros a aquellos animales que victimas del abandono y la irresponsabilidad de quienes los dejan en lugares públicos cuando no les conviene mantenerlos en sus casas o que no los esterilizaron además, reproduciéndose sin control alguno en las calles.

Por otra parte, se reconoce que muchas personas sensibles y amantes de los animales adoptan a muchos de esos seres en abandono y grupos de protectores los recogen y les buscan adopción, proporcionándoles así las atenciones, cuidados y un hogar donde se acogen, garantizándoles así salud y un posible estado de bienestar. Pero sigue constituyendo una preocupación de muchas personas de que tantos animales deambulen en las calles, más cuando la situación sanitaria es desfavorable.

Por esta situación que provoca la existencia poblaciones caninas y felinas callejeras, ambulantes,  errantes o vagabundas, como suelen llamarse, algunas personas han establecido refugios, con la buena voluntad de darle abrigo y protección a gatos y perros, lo que a su vez provoca la preocupación de otras personas que aunque sienten por los animales en muchos casos, se quejan por los ruidos y malos olores que emanan de las viviendas en las cuales se albergan los animales recogidos.

Con cierta frecuencia se formulan quejas sobre la existencia de los refugios particulares y es por ello, que estamos tratando este asunto, porque se hace necesario valorar cuáles son las acciones o medidas que se pueden implementar con la disposición, voluntad, comprensión y participación de muchas personas en nuestra sociedad, a pesar de la situación difícil que tenemos para controlar esas poblaciones de animales callejeros.

Estas acciones pudieran estar encaminadas a:

Pensemos todos, en cómo podemos contribuir a la higiene comunitaria, a la vida plena y saludable de todos, animales y humanos, para lograr la convivencia saludable que necesitamos, en ambientes igualmente saludables. Así contribuiremos a la aplicación práctica del enfoque Una Sola Salud.

De los refugios trataremos en la próxima columna dominical.

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