Tanques colectores de basura: Una industria con precisión pero no sin sacrificio

La base "Daniel Readigos Pérez", adscrita a la Unidad de Industria Militar, tiene a su cargo en la capital la fabricación de tanques colectores destinados al manejo de residuos sólidos. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

En el municipio Boyeros, la Unidad Básica “Daniel Readigos Pérez”, perteneciente a la Unión de Industria Militar (UIM), se convierte cada día en el escenario donde se crean los tanques colectores que destacan en nuestras esquinas, plazas y avenidas.

En una visita al lugar, conversamos con su director, Alexis Puebla García, y descubrimos que detrás del habitual contenedor azul (antes verde y también gris) hay una historia de innovación y un llamado urgente al cuidado colectivo.

Vladimir Carrión Cadé, especialista principal de los operarios, nos cuenta que el corazón del proceso es una de las máquinas más modernas de Europa, adaptada al contexto cubano.

“Esta que usamos nosotros es la estándar del país. En Cuba, alrededor de siete provincias tienen este tipo de maquinaria. Es semiautomática: tres zonas automáticas y tres manuales. Ello aumenta mucho los beneficios”, explica con orgullo mientras supervisa una pieza que entrará al horno.

Para Vladimir, el poder de esta tecnología radica en su precisión y eficiencia: “Todo lo dirige la máquina: la temperatura, las revoluciones por minuto, el tiempo de enfriamiento... El operario solo carga y descarga. El contenedor se hace en 20 minutos en el horno, más 30 minutos de enfriamiento. O sea, que en aproximadamente 50 minutos ya tienes hechos los tanques”.

La producción de contenedores de residuos implica tecnología, diseño y materiales específicos. El plástico se funde y se inyecta en moldes para formar las piezas del tanque. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

Pero no basta con tener un equipo sofisticado. El director de la unidad alerta sobre el desafío del uso responsable.

“Un tanque colector, sin maltratarse, puede tener tiempo de vida útil eternamente. Ese polietileno está diseñado para eso. Pero tiene que ser basura. No puede ser concreto, hierro ni escombros”.

Puebla subraya que no es solo un asunto técnico, sino cultural y comunitario. “Si cuidáramos este tipo de producto, fuera una felicidad para nuestro país. En muchos lugares tenemos camiones colectores que los están recogiendo con calidad”, comenta.

No obstante, tampoco puede dejar de anotarse que, en muchas ocasiones, los operarios los tiran también. Cuando el camión suelta el tanque, los trabajadores lo lanzan, en vez de colocarlo como se debe.

Una parte crítica del diseño son las tapas. “Las cambiamos en 2021 por un requerimiento de comunales: los viejitos no podían con la tapa anterior, que pesaba 3,7 kg. Pusimos una de 1.7 kg, más ligera. Pero se la están llevando para hacer juguetes, pozuelos. Tiene fluidez de 19, y eso la hace atractiva”, revela el directivo.

Y no solo las tapas… Los tornillos de acero galvanizado se los llevan igual, por lo cual el diseño de los tanques colectores debe convivir con un entorno donde “la creatividad popular” puede a veces sabotear lo funcional.

El país produce los contenedores, pero sin una red sólida de recogida ni conciencia ciudadana, el esfuerzo se diluye. El problema no es solo logístico sino de valores compartidos. Tal vez el próximo paso no esté solo en la fábrica, sino en cada esquina, cada barrio, donde un tanque colector puede convertirse en símbolo de responsabilidad comunitaria.

Fabricar un tanque de basura no es simplemente moldear un recipiente: es un proceso que exige precisión, conocimiento técnico y compromiso con la funcionalidad y la durabilidad. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Más allá de la producción: una cultura del cuidado

La historia de los tanques colectores es mucho más que un proceso industrial. Es el reflejo de un entramado social donde la tecnología avanza, pero necesita del compromiso ciudadano para que los resultados perduren. Las máquinas pueden moldear el polietileno con precisión, pero el verdadero molde de sostenibilidad se crea con conciencia colectiva.

“El país gasta millones de pesos en la higiene comunal, pero la gente tampoco está cuidando las cosas” es la afirmación de Puebla García que resume el conflicto enfrentado por la producción nacional: avances tecnológicos por un lado y falta de cuidado ciudadano por el otro.

El robo de piezas es una preocupación latente. Puebla narra con resignación cómo ha debido rediseñar componentes: “En años anteriores las ruedas tenían puntos de soldadura, y ¿qué le hacían? Le metían martillazos y se llevaban todo soldado. Luego, con una pulidora, quitaban el sobrante y seguían robando. Era un gasto extra para el país y además afectaba la calidad del producto”.

Un tanque de basura bien hecho no solo recoge residuos: protege la salud pública, mejora la estética urbana y facilita el reciclaje. Es una pieza clave en la infraestructura de cualquier ciudad. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

Aún hoy las tapas, tornillos galvanizados e incluso ruedas desaparecen, muchas veces para ser convertidos en juguetes o piezas para motocicletas, y ese reciclaje no autorizado se transforma en millonarias pérdidas para el Estado.

Cada tanque requiere un saco y medio de materia prima, aproximadamente 38 kg de polietileno. “Sale en 60 000 pesos aproximadamente la materia prima. Pero hay diferentes precios y productos. Y se está jugando para la compra de esta materia prima con el bloqueo... hay quien te lo vende, pero siempre está un 20 y un 30% por encima”, explica Puebla, señalando las dificultades externas que encarecen el proceso.

A pesar de todo, la capacidad productiva no se detiene. Según Vladimir Carrión Cadé, “cuando el turno está bien preparado... pueden hacer 100 contenedores”. Hay en existencia kits para 30 000 contenedores en almacén.

“Hay tanto esfuerzo detrás de la realización… que resulta doloroso que otras personas malogren el resultado”.

Lo que ocurre en Regla, donde la gestión local demuestra de manera general mayor eficiencia y planificación que en la mayoría de los municipios, nos invita a explorar un mapa más amplio de buenas prácticas. Pero también persiste la necesidad de examinar las zonas donde las soluciones no logran materializarse: ¿es una cuestión de liderazgo, creatividad o voluntad ciudadana?

Con cada tanque que sale de sus líneas de producción, la Unidad de Industria Militar “Daniel Readigos Pérez” reafirma su compromiso con la higiene, la sostenibilidad y el bienestar colectivo. No se trata solo de fabricar contenedores: se trata de construir soluciones que impactan directamente en la calidad de vida de las comunidades, en la eficiencia de los servicios públicos y en la protección del entorno. En un país que apuesta cada vez más por la innovación y el aprovechamiento de sus capacidades industriales, esta unidad se posiciona como un ejemplo del modo en que la voluntad productiva puede convertirse en motor de transformación social. Porque detrás de cada estructura de polietileno resistente, hay una visión clara: contribuir a un futuro más limpio, más ordenado y más consciente.

En poco más de un lustro, la base “Daniel Readigos” ha entregado prácticamente el doble de los contenedores que necesita la capital del país (30 mil). Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

Fabricar tapas más livianas no solo facilita su uso por personas mayores, sino también por niños, personas con movilidad reducida o quienes simplemente tienen menos fuerza física. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate

Cada tanque requiere, para su confección, un saco y medio de materia prima, aproximadamente 38 kg de polietileno. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Fabricar un tanque de basura no es simplemente moldear un recipiente: es un proceso que exige precisión, conocimiento técnico y compromiso con la funcionalidad y la durabilidad. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Tanque de basura recién fabricado. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Mientras los tanques esperan que los encargados en sus gobiernos municipales los recojan, las comunidades que los necesitan siguen sin acceso a soluciones de saneamiento o almacenamiento. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate.

Nombrar a Juan Enrique Agüero, Vladimir Carrión Cadé, Raúl Beltrán Almanza y Víctor Ángel Navarrete es un acto de justicia hacia quienes, con sus manos y esfuerzo diario, moldean el bienestar de toda una comunidad. Foto: Enrique González (Enro)/ Cubadebate