Galiano en siete días

La calle Galiano. Foto: Tomada de redes sociales

En diciembre de 1954 los miembros de la Unión de Comerciantes de la calle Galiano (Avenida de Italia) que encabezaba Florentino García, propietario de la tienda Flogar, reunidos en junta general pidieron a las autoridades habaneras que, a lo largo de toda la calle,  se tomaran medidas con los vendedores ambulantes y de baratijas, que con sus propuestas y regateos acosaban al transeúnte, con los poseedores de timbiriches y los friteros y también con los limosneros y las fleteras, esto es, aquellas prostitutas no vinculadas a burdel alguno, sino que se proponían o procuraban al cliente en la vía pública.

Pedían los comerciantes que se procediera a la clausura de la academia de baile Habana Sports, establecida en la esquina de San José, considerándola, por su cercanía a la prostitución, un espectáculo bochornoso.

Además, solicitaban al Ministerio de Obras Públicas y al Ayuntamiento la mejora de las aceras de la vía, desde Malecón hasta Reina, “buscando una superficie plana cuya altura coincida con el contén y la acera exterior, dentro del mismo nivel en todos los portales”. Y abogaban por la prohibición de obras nuevas que no estuvieran basadas en la eliminación de las columnas.   

Los comerciantes se llamaban a sí mismos a mejorar la iluminación de sus establecimientos, optimizar el atractivo de las vidrieras y pintar sus fachadas con colores que armonizaran con el conjunto de inmuebles a fin de que los establecimientos ofrecieran una sensación de continuidad y armonía.

Pedían, por último, “la cooperación de todos los comerciantes establecidos en esta importante calle comercial, para cambiar los letreros lumínicos hoy existentes que estén colocados en posición horizontal y modificarlos por otros que se coloquen en forma vertical para que nuestra calle se vea de un extremo a otro limpia, clara y despejada”.

El propósito de la Unión de Comerciantes de la calle Galiano que acababa de constituirse en aquel ya lejano mes de diciembre de 1954, era el de convertirla en la vía comercial más hermosa de La Habana. El propósito, y así lo proclamaban, era el de hacer de ella un bello bulevar.

Afirmaban: “No es solamente el interés de los comerciantes de la calle Galiano el que pide medidas… es el interés de toda la ciudadanía que quiere tener limpias y embellecidas sus calles más céntricas. La calle de Galiano, por su trazado, por su ubicación, por su importancia comercial es la más frecuentada por la población cubana y por quienes nos visitan, y nada más natural que el interés en cuidar de su limpieza y de su embellecimiento”.

Mucho se había hecho por Galiano hasta entonces y mucho se haría a partir del llamado de los comerciantes. Ya en noviembre de 1953 la calle fue reconstruida de comienzo a fin cuando se sacaron los adoquines y se tiró una base de hormigón cubierta con una capa gruesa de asfalto caliente con el empleo de un pavimento a base de acero en aquellos sitios donde se estacionarían vehículos pesados.

Una reconstrucción total que demoró siete días y 21 horas. Comenzó el 19 de noviembre del año mencionado, a las diez de la noche, por la esquina de Galiano y San Lázaro y avanzó hacia Neptuno. En una noche se levantaron en dicho tramo los adoquines y se extrajeron los raíles y los registros eléctricos de los desaparecidos tranvías, así como tuberías telefónicas en desuso.

Se procedió asimismo a la reconstrucción de tragantes y cloacas y a la fundición de cunetas y cunetillas. Cuando se estimó necesario se reforzó la placa de hormigón con un enrejado de cabillas, antes de empezar a romper el tramo de la calle que corre desde Neptuno hasta Reina. Se señalizó la calle y en zonas de paradas de ómnibus se empleó un pavimento a base de acero, de color rojizo. Se mejoró el alumbrado. El viernes 27, a las siete de la tarde, Galiano quedaba reconstruida, una vía que llegó a contar con su propio personal de limpieza y que en un momento dado se pensó en extender hasta Tallapiedra.