A la Cruzada hay muchos modos de volver

Foto de la autora.

Por Isabel Cristina Lopez Hamze.

Llevamos 27 horas en el tren y estamos llegando a Villa Clara. Nos queda un tramo sobre los rieles y en ese tiempo nos seguiremos preguntando qué estarán haciendo ahora los cruzados. Los que han vivido esta experiencia tan profundamente humana sabrán cómo es esa añoranza que te abraza desde que dejas el campamento y regresas a tu rutina.

Estos días han sido intensos e inolvidables. Los niños han vivido momentos únicos, Amanda no ha parado de asombrarse con cada nueva emoción. Ninguno quería irse y ya nos hicieron prometer que regresaríamos el próximo año "aunque no haya carretera".

Esta es mi cuarta Cruzada. A la primera fui con la encomienda de hacer un dossier para La Jiribilla. A la segunda fui junto a Jorge Ricardo con la ilusión de hacer un documental. A la tercera fuimos a presentar los primeros 30 minutos del material que estaba en proceso de edición. Después de ver todos esos proyectos concretados y de escribir un montón de artículos sobre La Cruzada, era difícil imaginar qué más podíamos aportar.

Luego de haber hecho nuestro documental "El lenguaje de la montaña" y nuestro libro "A Baracoa me voy. Una Cruzada Teatral" y de haber vivido el recorrido íntegro de la Cruzada del 28 de enero al 3 de marzo tal vez algunos pensaron que nunca regresaríamos. Pero seguimos amando la Cruzada y en esos años en los que Oliver estaba pequeñito sabíamos que cuando creciera un poco nos iríamos con él y con Diego a reencontramos con los paisajes y la gente hermosa de la montaña.

Y como el destino va tejiendo redes mágicas apareció La Vía Láctea en nuestras vidas, o más bien la inventamos pensando secretamente en La Cruzada e inspirados en la forma peculiar de interacción de Teatro de Los Elementos con quienes compartimos en la serranía en varias ocasiones.

Esta vez fuimos a La Cruzada a hacer funciones, como un grupo más. Agradezco mucho a Teatro La Proa por hacernos parte de todo lo bello que hacen.

Agradezco también infinitamente la confianza de Emilito por recibirnos y Eldy Cuba quien nos programó en 7 comunidades. Ahora puedo entender mucho más la fuerza y la nobleza de los actores de la Cruzada. Cuando tienes que viajar casi dos horas hasta una comunidad intrincada y dar una función sabiendo que esos niños te han esperado un año entero puedes entender lo grande que es la obra de La Cruzada. Yo no soy actriz, no voy al gimnasio, no hago yoga, pero creo que mi cuerpo está bien conectado con mi mente y mi corazón y canté, bailé, salté, corrí, jugué y hasta fui graciosa para alegrar a los niños. Diego hizo todas las funciones con Amanda y conmigo y cada día lo hacía mejor y lo disfrutaba más.

Jorgito y yo regresamos luego de 6 años con nuestros hijos y Amanda, que es como otra hijita más del corazón. Regresamos con las donaciones que logramos recoger durante meses y con unos deseos tremendos de seguir aportando un granito más para que la obra de los cruzados no muera nunca, para que se multipliquen los cruzados en Cuba y el mundo.

Hay tantas cosas que quiero contar que siento que los voy a aburrir si escribo todo lo que quisiera. Pero no importa. Dicen que lo que pones en internet se queda para siempre y yo quiero que se queden las fotos y los relatos de algo tan único como La Cruzada.

Cuando nos despedimos Emilito, el director de La Cruzada nos dijo: "Gracias por volver" Aunque esta vez volvimos "de verdad" no hemos parado de volver, pues cada año seguimos con la añoranza el recorrido de los cruzados.