Escultura ecuestre del Mayor General Antonio Maceo en Santiago de Cuba. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Al amanecer del 7 de diciembre de 1896 —acampados en San Pedro, cerca de Punta Brava— Antonio Maceo refiere a sus ayudantes que ha soñado que conversa con su madre y rememora a una joven que había conocido en Punta Brava meses atrás y de quien conservaba un pañuelo de flores. No podía imaginar siquiera que se adentraba en sus últimas horas. Para esa noche estaban planificando realizar un ataque a Marianao como una prueba de su presencia en los alrededores de La Habana. Las autoridades españolas y la opinión pública le ubicaban todavía en Pinar del Río. Tras darle ese susto a Weyler, partiría a Las Villas para encontrarse con Gómez y afrontar las contradicciones que emergían una vez más con el Consejo de Gobierno.
Desde enero de ese año, cuando finalizó la invasión a Occidente, Maceo se encontraba operando en Pinar del Río. Weyler había movilizado hacia allá una gran cantidad de tropas para darle caza, lo cual obligó al Titán de Bronce a una movilidad constante, y decretó el primer bando de reconcentración de la población campesina con el propósito de impedir a los mambises cualquier apoyo. El Rubí, La Palma, Cacarajícara, Montezuelo, Tumbas de Estorino y Ceja del Negro fueron algunos de los combates de mayor envergadura. En ese período; Maceo resultó herido en dos ocasiones, recibió la expedición capitaneada por Juan Rius Rivera y supo la noticia de la caída de su hermano José.
La trocha de Mariel a Majana, la zona más estrecha de la isla, había sido reforzada y devenía el principal obstáculo para el regreso de Maceo. Tras varios intentos fallidos, la vía efectiva fue el cruce de la bahía del Mariel en un pequeño bote en la lluviosa noche del 4 de diciembre. Cuatro viajes hizo la embarcación para traer los hombres escogidos por él para acompañarle. En los días siguientes se muestra obsesionado con avanzar hacia el centro y presentó varios episodios febriles que dan cuenta que su salud no estaba óptima. En la tarde de aquel 7 de diciembre, se encuentra escuchando a José Miró Argenter leer la narración que ha escrito de la batalla de Coliseo cuando unos disparos ponen en alerta el campamento. Una columna español les encontró casualmente tras cambiar su recorrido a última hora.
Comenzaba así un combate intrascendente en términos militares pero cuyo final lo inscribió en la historia de Cuba. Sobre su caballo y tras pronunciar una escueta frase, recibió Maceo un disparo en el lado derecho del rostro, que le partió la arteria carótida. Acerca de la acción misma y el rescate del cadáver de Maceo y su ayudante Panchito Gómez Toro se han tejido unas 47 versiones. Correspondió a Juan Delgado y otros 18 mambises evitar que los cuerpos del Titán y de Panchito quedaran en manos enemigas. La finca de Pedro Pérez y sus hijos, en El Cacahual, terminaría por ser el lugar secreto para enterrarles hasta poder hacerlo público.
II
Operación Tributo. Foto: Trabajadores.
El 7 de diciembre de 1989, 93 años después de la caída de Antonio Maceo, un poco más de dos mil cubanos fueron sepultados, con honores, en todos los municipios del país. Bajo el nombre de Operación Tributo, y tras un arduo trabajo de identificación y preparación por parte de especialistas forenses, se produjo el regreso a Cuba de los restos de los combatientes internacionalistas caídos en el cumplimiento de distintas misiones, fundamentalmente en el continente africano. Una gigantesca movilización de pueblo desbordó, en una expresión de respeto, los lugares habilitados para rendir homenaje a los mártires. El internacionalismo ha sido, desde los primeros momentos de la Revolución Cubana, una dimensión central de su ideología y el cumplimiento de una misión de esta naturaleza constituía una fuente de orgullo y motivaba el respeto de sus conciudadanos.
El desarrollo de la Operación Tributo siguió a la retirada de las tropas cubanas en Angola. Desde 1975 miles de cubanos estuvieron presentes en ese país, como efectivos militares o colaboradores civiles; contribuyendo al sostenimiento del gobierno del MPLA, la lucha contra la UNITA y el ejército sudafricano así como a los planes de desarrollo. Para fines de la década de 1980, las operaciones militares en el sur angolano alcanzaron su punto máximo con la Batalla de Cuito Cuanavale. La derrota sufrida por el régimen del apartheid lo arrastró a una crisis definitiva que derivó en el repliegue de sus tropas, la independencia de Namibia y su colapso en la década siguiente. En ese escenario, se acordó la retirada de las fuerzas cubanas que se materializó en 1989. Otros acontecimientos, en las relaciones internacionales, también contribuyeron a este desenlace.
El acto central de despedida de duelo tuvo lugar en el Cacahual con la presencia de Fidel y el presidente José Eduardo dos Santos. El discurso pronunciado por el Comandante en Jefe exaltó la valentía de los internacionalistas cubanos que cumplieron varias misiones en los años precedentes y emitió consideraciones sobre los procesos políticos que se desplegaban en la Unión Soviética y Europa del Este. La siguiente expresión encierra su visión acerca de la perestroika y procesos análogos así como de las maneras en que debía desarrollarse las reformas dentro del orden revolucionario:
En Cuba llevamos a cabo nuestro proceso de rectificación. Sin un partido fuerte, disciplinado y respetado, es imposible desarrollar una revolución o una rectificación verdaderamente socialista. No es posible llevar a cabo semejante proceso calumniando al socialismo, destruyendo sus valores, desprestigiando al Partido, desmoralizando la vanguardia, renunciando a su papel dirigente, liquidando la disciplina social, sembrando el caos y la anarquía por todas partes. Así se puede promover una contrarrevolución, pero no cambios revolucionarios.
Como mismo había hecho el 26 de julio de ese año, Fidel advirtió que la Revolución Cubana resistiría a pesar de lo que ocurriera en el mundo socialista. Quizás los que le escuchaban no imaginaron la catástrofe que se avecinaba pero el futuro no demoraría en dar señales.