La Ciudad Militar

El 14 de septiembre de 1959, Columbia, entregada al Ministerio de Educación, pasó a ser la Ciudad Escolar Libertad. Foto: Tomada de Revista Pionero.

Hasta el triunfo de la Revolución solía decirse que quien mandara en Columbia, mandaba en Cuba. Era el cuartel principal de las fuerzas armadas y sede de su Estado Mayor. Emilio Roig, en sus Apuntes históricos de La Habana, la llamó “la verdadera capital de la República”, porque allí residía el poder real, el militar, que unas veces sustituía y otras veces subyugaba al poder civil, y gobernaba a espaldas de la voluntad del pueblo. Fue, durante décadas, el campamento de Columbia, hasta que después del golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933 comenzó a llamársele Ciudad Militar. El 2 de enero de 1959, el comandante Camilo Cienfuegos, por orden del Comandante en Jefe, asumió el mando de la instalación, y el 10 de marzo del propio año, como jefe de todas las fuerzas de tierra, mar y aire destacadas en La Habana, derribó el muro de la posta por donde entró Batista para propinar el cuartelazo de 1952. El 14 de septiembre de 1959, Columbia, entregada al Ministerio de Educación, pasó a ser la Ciudad Escolar Libertad, con lo que comenzó a hacerse realidad el postulado de Fidel de convertir los cuarteles en escuelas.

Se busca campamento

Había finalizado la Guerra de Independencia, pero todavía no había sido firmado el Tratado de París, que traspasó a EE.UU. la soberanía española de la Isla, cuando el 17 de noviembre de 1898 una comisión de altos oficiales norteamericanos recorrió el territorio de Marianao para encontrar el sitio idóneo para emplazar un campamento. Pocos días después Washington autorizó su construcción en el sitio escogido, obra que acometieron centenares de combatientes del 5to Cuerpo del Ejército Libertador que, al mando del mayor general Mario García-Menocal, acampaba en la Playa de Marianao. El 25 llegaría al lugar el primer contingente de soldados norteamericanos con destino a las provincias de La Habana y Pinar del Río. Como los recién llegados eran oriundos del distrito de Columbia, en South Carolina, se estimó pertinente el nombre de Campamento de Columbia. Se ubicaba en el barrio de Los Quemados, en el trayecto del tren que hacía el recorrido entre La Habana y Marianao, a cinco millas de la capital y a media milla del cuartel del general Lee en la Quinta Durañona, en Buena Vista. Se asentaba sobre lo que fueron las fincas rústicas de Barreto, San Salvador, La Gomera, El Recreo de las Tres Rosas, La Soledad, Los Anones y Jesús María.

Cuando los norteamericanos abandonaron la Isla, en 1902, el campamento pasó a manos de la Guardia Rural. El presidente Estrada Palma fijó allí su residencia de verano y en un momento determinado proyectó venderlo con destino a un reparto residencial. En 1906, al ocurrir la segunda intervención militar de EE.UU., volvieron las tropas norteamericanas hasta que, en 1909, con su salida del país, lo traspasaron al Ejército Nacional.

Transformaciones

Una nueva etapa se abrió para Columbia tras el golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933. Sería una ciudad militar. Batista, ascendido a coronel-jefe del Ejército, quiso trasformar el lugar y mejorar las condiciones de vida de soldados, clases y oficiales. Edificaciones de mampostería sustituyeron las barracas de madera. Se construyeron viviendas para soldados y oficiales. El propio Batista vivía en Columbia, en una casa amplia construida frente a la glorieta conmemorativa del golpe de Estado, junto al Círculo Militar y Naval y cerca del Negociado de Prensa y Radio. El polígono, de seis kilómetros de largo y 100 metros de ancho estaba enmarcado por dos avenidas que desembocaban en el cuartel general, sede del Estado Mayor.

Los nuevos cuarteles estaban dotados de comodidades inconcebibles hasta entonces, y disponía el enclave de una oficina de correos y telégrafos, un parque infantil y la escuela Flor Martiana; campos deportivos y locales para la banda de música, la imprenta y la planta eléctrica. Parte de la Ciudad Militar eran los edificios del Consejo Corporativo de Educación, Sanidad y Beneficencia y el Tribunal Superior de la Jurisdicción de Guerra, con una planta de radio del Cuerpo de Cultura del Ejército.

El viejo Hospital Militar se convirtió en una institución médica de primer nivel, se construyó la Plaza 4 de Septiembre, conocida como Plaza del Obelisco, y se trazó la Calzada de Columbia.

Mejora el acceso

Esa calzada mejoraría el acceso a Marianao por su zona central a partir de 1943. Sería una doble vía con paseo central que correría entre el Hospital Militar y el Puente Asbert. Tendría tres denominaciones o numeraciones. Desde el puente Asbert –en 23 sobre el río Almendares– hasta La Verbena, calle 28. Desde La Verbena hasta las Cuatro Curvas, Avenida 41, y desde ahí hasta el Hospital Militar, Avenida 31. Un largo de seis kilómetros y un ancho promedio de 20 metros. Dos vías de siete metros cada una y un paseo central de dos, más las aceras y parterres con árboles a ambos lados. Se trazó en dos tramos: desde el hospital hasta las Cuatro Curvas, que se proyectó como una carretera militar bajo el mando del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, y el segundo, como una obra puramente civil, orientada por el Ministerio de Obras Públicas.

Para hacerla realidad hubo que expropiar, en el primer tramo, terrenos y edificaciones; se eliminaron las curvas –como las célebres Cuatro Curvas frente a la quinta del padre Emilio–, se empleó una técnica novedosa de pavimentación y el sistema de iluminación fue soterrado. En el segundo tramo se impuso proceder a la alineación de edificios que la Calzada encontraba su paso, se cementó el paseo central y se hizo desaparecer el tendido aéreo, tanto para la electricidad como para el teléfono.

El Obelisco

“Inaugurados el 4 de septiembre de 1944, el obelisco y la plaza que lo circunda devinieron los lugares más representativos y simbólicos de la ciudad de Marianao”, escribieron Félix Mondéjar y Lorenzo Rosado en su libro Marianao en el recuerdo. Situadas frente a la entrada principal de la Ciudad Militar, fue un intento de perpetuar la memoria del golpe de Estado. El ingeniero-arquitecto José Pérez Benitoa, con esa monumental plaza elipsoidal, embelleció el lugar y halló la solución vial que facilitó el tránsito entre la Calzada de Columbia y la Avenida Menocal (calle 100). Cumple, con los edificios que la circundan, de marcado estilo art decó, una función social importante y los faros en lo alto del obelisco aseguraban la navegación del cercano aeropuerto militar.

Con relación al obelisco, Mondéjar y Rosado dijeron: “Sobre su origen y su nombre se han reiterado varios errores pues algunos sostienen equivocadamente que fue construido para rendir homenaje al sabio cubano Carlos J. Finlay. En el imaginario popular existe la versión de que el monumento representa una jeringuilla. Ambas conjeturas son erróneas…”.

El 10 de octubre de 1944, el general Batista es sustituido en la Presidencia por el doctor Ramón Grau San Martín, que es, asimismo, producto del golpe del 4 se septiembre. Pero al nuevo mandatario no le gustaba el monumento o lo que representaba y comenzó su transformación. Escriben los autores citados: “La acción del tiempo se ha encargado de sacar a relucir el nombre primitivo que había sido grabado sobre la piedra jaimanitas y suprimido luego… para dar paso al nombre tan merecido de Carlos J. Finlay”.

Destinos

Tras la caída de Machado –12 de agosto de 1933– se instaló en Columbia el Estado Mayor, emplazado hasta entonces en el Castillo de la Fuerza. Dio asiento al Regimiento 6 y a la División de Infantería Alejandro Rodríguez, conformada por más de 6 000 aforados y al Regimiento Mixto de Tanques 10 de Marzo, lo que equivale a decir el pollo del arroz con pollo del Ejército cubano. Albergó, entre otras dependencias, la sede del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), surgido en los años 40, y la del Estado Mayor Conjunto, instituido por la ley orgánica de las Fuerzas Amadas de 1957.

En la casa presidencial de la Ciudad Militar se produjo la renuncia de Batista en la madrugada del 1 de enero de 1959. Antes de trasladarse al aeropuerto militar a fin de viajar con destino a Santo Domingo, bebió una taza de café con leche. Fue lo último que hizo en Cuba.

Con Batista, los generales renunciaron o abandonaron sus mandos, y el mayor general Eulogio Amado Cantillo Porras, al frente de una junta cívico-militar, trató de formar gobierno con el magistrado Carlos M. Piedra al frente. No pudo, y en la noche del propio 1 de enero el coronel Ramón Barquín, recién salido de la prisión de Isla de Pinos y todavía con el uniforme de preso, le exigió la jefatura de las Fuerzas Armadas. Al día siguiente, el primer teniente José Ramón Fernández, preso, al igual que Barquín, por su implicación en la llamada conspiración militar de Los Puros, de 1956, detenía a Cantillo en su residencia de la Ciudad Militar y lo conducía a las prisiones militares. El 2, el comandante Camilo Cienfuegos asumía el mando de la fortaleza sin disparar un tiro. Desde Santiago de Cuba, capital provisional de la República, el Comandante en Jefe Fidel Castro había llamado a la huelga general en apoyo a la Revolución.