Este intercambio genera zonas o cinturones de altas y bajas presiones casi permanentes, a cada lado del Ecuador, a los que se denominan centro de acción, por el papel que juegan en el estado del tiempo y la formación del clima en las distintas zonas del planeta. Uno de ellos es el Anticiclón Subtropical del Atlántico o como se conoce también: Anticiclón de las Azores-Bermudas. Hace solo unas semanas, un lector en los comentarios solicitaba tratar en una entrega este tema, que conocía que tenía efectos sobre el tiempo y clima en las Islas Canarias en donde reside, y que había escuchado que sobre Cuba (a pesar de la distancia) también. Pues sí, no solo influye en Europa, parte de África sino también sobre América, tanto así que se considera que “dicta” las condiciones del tiempo en Cuba, por lo que no es extraño que se mencione habitualmente en las informaciones meteorológicas.
Aunque se considera un sistema permanente, tiene fluctuaciones estacionales durante el año, tanto en intensidad (y por ende extensión) como en su posición. Cuando imperan sobre el mar Caribe y en su máxima extensión hasta el golfo de México, son las responsables de días estables, en que solo el calentamiento del día y condiciones locales son capaces de producir algunas precipitaciones. Situaciones como están son las que producen que abril, un mes “primaveral” sea un mes de calor en Cuba, en un momento en que prevalecen movimientos descendentes en la atmosfera que contrarrestan las fuerzas generadas por el fuerte calentamiento de la superficie.
Al sur de su posición soplan los vientos Alisios, trayendo humedad sobre nuestro continente, lo que produce la zona occidental del anticiclón sea más húmeda que la oriental. Esto aporta a la aridez del desierto del Sahara y la escasez de lluvias en el verano sobre Europa, que a su vez repercute en las temperaturas en el viejo continente.
A veces estos mismos vientos nos traen partículas provenientes del desierto del Sahara, el llamado “Polvo del Sahara” que llega a reforzar las condiciones de estabilidad sobre el Caribe, con días sin lluvias y apenas sin nubes, en los que las temperaturas se disparan.
El Anticiclón y los ciclones
Un papel muy importante lo juega en la trayectoria que toman los ciclones [tropicales] a lo largo de la temporada, ya que si bien este sistema ni influye directamente en impedir su formación, sí rige en gran medida sus desplazamientos.
De hecho, si usted consulta el mapa de trayectorias de los ciclones tropicales de cualquier temporada al azar, podrá más o menos ver delimitada la extensión de este anticiclón, y que los primeros se mueven en periferia anticiclónica, que evita su paso y se ven “obligados” a bordearlo.
En los meses de julio hasta septiembre, cuando la formación de ciclones se incrementa sobre el Atlántico, estos se desplazan generalmente hacia el oeste, hasta llegar a la zona donde cesan las altas presiones y tienen su camino abierto hacia el norte. Esta zona de cambio y su posición, habitualmente, es la que permite que el occidente de Cuba sea el más afectado por tormentas tropicales y huracanes, por el debilitamiento en el borde occidental de las altas presiones.
Ya cuando estamos más avanzados en nuestro invierno, las altas presiones oceánicas retiran su influencia para dar paso unos “parientes cercanos”: los anticiclones migratorios, que como su nombre lo indica son sistemas que se mueven de un lado a otro en ese momento del año, acompañando las masas de aires frías que suceden a los frentes fríos. Las altas presiones migratorias tienen un efecto similar en las trayectorias de los ciclones tropicales, pero como son sistemas muchos más variables y en movimiento, muchas veces ponen en vilo a pronósticos y pronosticadores por los cambios que a muy corto plazo pueden infligir en el camino a tomar por los huracanes.