El mundo anda con zapatillas deportivas por las amplias calles de Nueva York, aunque los caminantes vistan trajes elegantes. Sobre ruedas es casi imposible llegar a tiempo a cualquier cita en la Gran Manzana cuando sesiona la Asamblea General de Naciones Unidas. Todos van de prisa atentos a lo que podrán decir los líderes mundiales que ponga freno a la inflación global y a los conflictos militares.
Hay presidentes de casi todos los países esta vez. Cada uno trae su propio mensaje, denuncia o propuesta que no siempre atienden los que intervendrán más tarde.
Por eso es tan importante hablar entre los primeros, el primer día. Brasil abre por tradición y el país anfitrión le sigue. Cuba, que viene con el mensaje que el G-77 y China dejaron en su cumbre de La Habana, trae también las demandas de la isla y usa el sexto turno de la primera jornada de la Asamblea General.
La presencia de Díaz Canel en Nueva York ha movido, otra vez, las emociones de amigos y adversarios. Por la puerta principal de la misión cubana en la céntrica Avenida Lexington, cada día entran visitantes estadounidenses o extranjeros a ver al Presidente cubano o al del Grupo de los 77. Ambos cargos los ostenta un mismo hombre, que ha llegado a Nueva York después de una muy exitosa Cumbre de La Habana que le ganó amplio reconocimiento y respaldo internacional, lo que irritó profundamente a los históricos adversarios de la Revolución de Fidel Castro, quienes se empeñaron a fondo en empañar la cita. Y fracasaron.
En representación de los irritados, durante dos días se han apostado en una de las esquinas frente a la misión donde se aloja la delegación cubana, una mano (literalmente cinco personas) de manifestantes que gritan su odio a los visitantes. Una televisora de Miami los filma y también se suben un par de directas a las redes, pero no hay público para respaldar el show, salvo el que se genera extra plan cuando por un micrófono abierto se cuela la confesión de alguien que reconoce que hay más policías del NYPD alrededor de la misión que los pocos que están protestando.
Así, mientras Diaz Canel recibe a personalidades políticas de todo el mundo y de los propios Estados Unidos, lo mismo en Lexington 315 que en las oficinas del G-77 y China en el edificio de la ONU y luego tributa un homenaje especial a Malcolm X en el 63 aniversario del diálogo entre el líder afroamericano y Fidel, los embajadores del odio llegados de Miami intentan otro acoso, ahora en el centro de prensa, donde simulan cubrir la Asamblea General, pero solo para incomodar a los periodistas cubanos.
Como siempre, el programa del Presidente cubano no deja tiempo para perderlo mirando a quienes buscan desesperadamente un gesto, una mala reacción, un modo de provocar. Pero se quedan con las ganas. El viejo plan no da resultado.
De todo eso y más comentamos en este podcast. Seguiremos Chapeando.