Imagen ilustrativa.
Dos trascendentales eventos internacionales han ocurrido en septiembre. La Cumbre del Grupo de los 77 y China en La Habana y el segmento de alto nivel de la ONU. Ambos incrementarán la visibilidad internacional y el prestigio de Cuba de manera significativa. En el marco de tales acontecimientos positivos, se impone discutir la reinclusión de Cuba en la Lista de Países Promotores del Terrorismo de los EE.UU.
La Administración de Donald Trump agregó de nuevo a Cuba a esa lista en enero del 2021, después de su fracaso releccionista y cuando le quedaban unos pocos días antes de entregar la Casa Blanca, revirtiendo una de las medidas políticas más emblemáticas del expresidente Obama.
Si caracterizáramos a las personas de excepcionales, buenas, regulares, malas, muy malas, estos dos peleles estarían al mismo fondo de la escala. Foto Slate.com.
Esta acción fue diseñada para obstaculizar la capacidad del entones presidente electo y ahora presidente J. Biden, de negociar un acercamiento con La Habana.
“Con esta acción, una vez más responsabilizaremos al Gobierno de Cuba y enviaremos un mensaje claro: el régimen de Castro debe poner fin a su apoyo al terrorismo internacional y a la subversión de la justicia estadounidense”, dijo el secretario de Estado Mike Pompeo en un comunicado. Pura bazofia.
¿Qué es la lista de los Estados patrocinadores del terrorismo?
“Países patrocinadores del terrorismo internacional” es una calificación aplicada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos a países que la Administración estadounidense considera como colaboradores de “organizaciones terroristas”.
La inclusión en la lista implica estrictas sanciones, incluso extraterritoriales.
Se creó el 29 de diciembre de 1979 durante la Administración de Jimmy Carter, en medio de un amargo enfrentamiento de la Casa Blanca con el Congreso controlado por los republicanos y también con importantes lideres de su propio Partido Demócrata (entre ellos el senador Ted Kennedy).
Incluyó originalmente a cuatro naciones: Libia, Irak, Yemen del Sur y Siria. Posteriormente, en 1982 se incluyó a Cuba y se retiró a Irak. En 1984 se incluyó a Irán y en 1988 a la RPD de Corea.
En 1990, Irak volvió a la lista tras la invasión de Kuwait y Yemen de Sur fue sacada de ella tras reunificarse con Yemen del Norte. En 1993 se incluyó a Sudán. Afganistán, aunque nunca formó parte oficialmente de la lista, fue tratada como tal hasta la invasión estadounidense de 2001.
Tras la invasión de Irak en 2003, ese país fue sacado de la lista al año siguiente en 2004. En 2006 Libia fue también sacada y en 2008 la RPD de Corea también salió de la lista. En 2015, tras las mejoras en las relaciones entre ambos países, el Gobierno de B. Obama sacó a Cuba de tal lista, a la que nunca debió pertenecer. En 2017, la RPD de Corea volvió a la lista. En 2020, Sudán salió y en 2021 Cuba volvió otra vez a ser incluida, como último servicio de la derrotada Administración Trump a la mafia de Miami.
En la actualidad, hay cuatro países miembros de la vil “lista”: Cuba, la RPD de Corea, Irán y Siria.
Patentemente, esta “lista” es otra arma ilegal en la panoplia de quienes desean hacer perdurar un irreal mundo unipolar, dispuestos a aniquilar a la humanidad para lograrlo, fantaseando que con algún milagro escaparían ellos mismos a la hecatombe.
Los pretextos para reincluir a Cuba
El pretexto principal que expuso el Gobierno saliente de Donald Trump para retornar a Cuba a la “lista”, fue la negativa de Cuba a extraditar a Colombia a un grupo de 10 líderes del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN) , acusados de un ataque con coche bomba en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander, en Bogotá, en el que murieron 21 cadetes. Ataque que no ha sido aclarado cabalmente.
Además de suspender las conversaciones de paz con el ELN que se llevaban a cabo en Cuba, el entonces presidente colombiano, Iván Duque, reactivó las órdenes de arresto contra los 10 líderes.
En una declaración, el Departamento de Estado dijo que Cuba, entre otros países, “no estaba cooperando plenamente” con los esfuerzos antiterroristas y citó su negativa a extraditar a los líderes guerrilleros a Colombia.
La respuesta de Cuba a las demandas colombianas y estadounidenses ha sido que los 10 líderes del ELN estaban en la Isla debido a una solicitud de Colombia, hecha durante el Gobierno anterior de ese país, de permitirles vivir allí mientras se llevan a cabo las conversaciones de paz entre Colombia y el ELN.
Según los protocolos entre Cuba y Colombia acordados cuando comenzaron las conversaciones (como continuación de las conversaciones separadas entre Colombia y su otro principal grupo guerrillero, las FARC), los negociadores guerrilleros permanecerían libres y, si las conversaciones fracasaran o se prolongaban, se les permitiría regresar libremente a Colombia.
El propio presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó hoy que la consecuencia criminal de la entrada de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo no puede mantenerse, porque su base no es más que la mentira. En nombre de su Gobierno, Petro pidió sacar a Cuba de esa espuria clasificación elaborada por Estados Unidos.
Explicó que tal como se había acordado con el Gobierno de Juan Manuel Santos, los negociadores de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) no podían ser extraditados, como pedía el expresidente Duque. ¿Qué más falta para quitar a Cuba de esa lista, si el propio presidente de Colombia lo pide?
Gustavo Petro. Foto: Presidencia de Colombia.
“No se trataba de castigar al ELN”, afirmó un exfuncionario del Departamento de Estado. “Se trataba de encontrar una excusa para castigar a los cubanos”.
Colombia y Estados Unidos han dicho que el ELN opera principalmente desde refugios apoyados por el Gobierno en la vecina Venezuela. Pero la Administración Trump nunca tomó medidas para nombrar a Venezuela como Estado patrocinador del terrorismo.
Cuando el presidente colombiano, Gustavo Petro, asumió el cargo el año pasado, anunció que retiraría la solicitud de extradición como parte de su iniciativa de “paz total”, y las negociaciones de paz van progresando mucho en la actualidad, evidencia absoluta de lo falaz de tal pretexto.
La Administración Trump, en su tiempo, también acusó a Cuba de apoyar al Ejecutivo del presidente Nicolás Maduro en Venezuela, un Gobierno totalmente legítimo, producto de elecciones libres, que Washington ha tratado de derrocar por todos los medios, incluyendo actos criminales.
Durante la pandemia de COVID-19, la relación de Cuba con la Administración Trump se deterioró aún más. El ejemplar despliegue de brigadas médicas por Cuba en varias naciones que enfrentan escasez de personal médico, incluidas Italia y Andorra en Europa, generó elogios de los países anfitriones, pero duras condenas de Washington, que acusó a los cubanos de “explotar a los médicos”. Algo realmente insólito.
Todo ello, y otras falsedades como la ya muy silenciada mentira de que Cuba tenía que ver con los “ataques sónicos” a personal diplomático estadounidense y sus familiares, han sido refutadas.
Sin embargo, y a pesar de todo ello, la Administración Biden-Harris ha mantenido a Cuba como patrocinador del terrorismo, sin ninguna justificación.
Las causas reales
El bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba ya limitaba en gran escala la capacidad de los estadounidenses para hacer negocios o visitar el país, a pesar de lo cual no había cumplido con su función de crear una rebelión contra el Gobierno cubano, u obligar este a capitular frente a las demandas de Washington y Miami.
Pero la nueva etiqueta de terrorismo obstaculiza los acuerdos comerciales con terceros países de los que Cuba depende para importar bienes esenciales y desalienta a los inversores extranjeros en su importantísima industria turística y en muchos otros campos de importancia estratégica.
La decisión fue parte de una serie de medidas de última hora por parte de la administración Trump para impulsar políticas de línea dura defendidas por influyentes electores políticos nacionales, a pesar de las complicaciones que crearían para los abogados del Departamento de Estado, los intereses humanitarios en el extranjero y la Administración, entonces entrante, de Joe Biden.
“Esta designación descaradamente politizada es una burla de lo que había sido una medida objetiva y creíble del apoyo activo de un Gobierno extranjero al terrorismo", dijo el senador Patrick J. Leahy (demócrata por Vermont). “Aquí no existe nada remotamente parecido. De hecho, el terrorismo interno en Estados Unidos es una amenaza mucho mayor para los estadounidenses que Cuba”.
No creo se deban simplificar las causas reales de reintroducir a Cuba en la “lista”.
Aunque tiene mucha importancia para el neofascismo estadounidense el gozar del apoyo de la mafia de Miami, ahora aumentada por grupos de origen venezolano –y con miembros argentinos, brasileños, bolivianos, etc., proyectada políticamente por los tres senadores, varios representantes federales “cubano-americanos” y decenas de alcaldes, concejales, asambleístas de Tallahassee, etc.–, también hay otros factores de importancia.
Crear un acrecentado desánimo dentro del pueblo cubano es uno de ellos, es decirle al pueblo cubano que “no hay luz al final del túnel”, haremos siempre algo que obstaculizará una normalización o aunque sea una mejora de relaciones. Disuadir a empresarios estadounidenses y de terceros países, que si invierten en Cuba serán penalizados en EE.UU., y desilusionar al creciente movimiento de solidaridad con Cuba dentro del propio EE.UU.
La inacción de la Administración de Joe Biden, complicidad por acción y omisión
María Elvira Salazar lleva un tremendo crucifijo en el pecho, pero sus acciones están muy lejos de Dios. Foto: Página de María Elvira Salazar.
La nueva incorporación de Cuba a la lista de terrorismo provocó una inmediata, justa y airada protesta en La Habana, criticando la medida.
“Condenamos una maniobra unilateral, absurda, hipócrita e injusta de la Administración estadounidense para incluir a Cuba en su lista de Estados patrocinadores del terrorismo”, tuiteó el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, sobre la inclusión de Cuba. “Esta Administración protege a los grupos terroristas que actúan contra Cuba”.
Poco después de asumir el cargo, funcionarios de la Administración Biden indicaron que revisarían la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo. El secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, reiteró este punto en octubre de 2022 en una conferencia de prensa con el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien expresó sus propias objeciones a la designación de terrorismo de Estados Unidos. A pesar de estas promesas, el progreso real ha sido nulo hasta hoy.
Congresistas reaccionarios, encabezados por María Elvira Salazar, introdujeron la propuesta de “ley” conocida como FORCE (H.R. 314) que, de ser aprobada (muy lejos de ello actualmente), impediría que Cuba sea retirada de la Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo hasta que cumpla los requisitos de la Sección 205 de la Ley Libertad (criminal Ley Helms-Burton) (P.L. 104-114), que significarían la claudicación de su independencia como nación.
Esta propuesta de “ley” pasó por estrecha votación (25- 20) el comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, pero la mayoría de los expertos coinciden en que es improbable que pueda ser aprobada por el pleno de la Cámara, aunque tiene mayoría republicana.
Una versión de esta propuesta de “ley” en el Senado fue presentada en la última sesión legislativa por el senador Marco Rubio (R-FL), junto con los senadores Rick Scott (R-FL) y Ted Cruz (R-TX), y aunque pase el comité senatorial de Relaciones Exteriores, tiene pocas posibilidades de hacerlo en el pleno del Senado, con ligera mayoría del Partido Demócrata. Solo un senador demócrata (Bob Menéndez) la apoya, mientras que varios senadores republicanos están fuertemente en contra.
Las organizaciones solidarias con Cuba, y una apreciable cantidad de políticos estadounidenses que disfrutan de un nivel razonable de salud mental y sensatez, se oponen enérgicamente a que este engendro anticubano sea aprobado y se ponga en vigor.
Más aún, consideramos probable que Cuba sea sacada de tan aciaga lista durante los próximos 12 meses, tan fuerte es el rechazo que provoca, no solo dentro de EE.UU. sino también en América Latina y el mundo.
Estados Unidos ha cometido 36 invasiones o actos de agresión militar directa en gran escala por todo el mundo desde 1959 a la fecha y más de 200 sabotajes importantes, golpes de Estado o actos de terror masivo en ese periodo. Incluir a Cuba en la Lista de Países Promotores del Terrorismo es un típico caso de un ladrón gritando “al ladrón”.
Fuimos testigos de la Cumbre del G77 y China y del segmento de alto nivel en la ONU, y también en la ONU algo más de 30 días más tarde se producirá la aprobación de la resolución que condena al bloqueo por aplastante mayoría y por trigésimo primera vez consecutiva.
La absoluta falta de razones para que Cuba este en la lista infame, hace, a mi juicio, probable que la Administración Biden trate de apaciguar el clamor nacional e internacional y saque a Cuba de tal engendro con fines electoreros para los comicios generales de noviembre de 2024, en medio de un grupo de acciones para demostrar a los votantes que no son “más de lo mismo”, en su enfrentamiento electoral con la ultraderecha abiertamente neofascista.
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