Marina se enorgullece de saberse fundadora de la Mesa Redonda. Foto: Cubadebate/Archivo
A Marina Menéndez Quintero la recuerdo entrando a la redacción de Juventud Rebelde con la risa bonachona en el rostro y su bicicleta a cuestas, “la vieja compañera de viajes”.
“Buenos días muchachitas, ¿cómo van las cosas hoy?”, preguntaba a los estudiantes de Periodismo que por aquellos días hacíamos las prácticas profesionales en el periódico, mientras se acomodaba en su mesa de trabajo y sacaba de su bolso una caja de cigarros.
Con ella siempre fue fácil conversar. “Estudien, lean mucho, traten de ser originales”, nos aconsejaba.
Daba gusto oírla compartir opiniones con otra grande, “Juanita” Carrasco, su amiga, sobre los acontecimientos internacionales del momento y cómo abordarlos, sobre la política y la cultura, el periodismo.
Siempre nos decía que un periodista debe ser certero, objetivo, que no podemos darnos el lujo de equivocarnos, porque nuestros errores “se quedan impresos”.
Marina ha recibido en estos días el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida, reconocimiento muy merecido, que la llena de orgullo y que dedica de todo corazón a su padre Elio Menéndez, ya fallecido.
Se lo dedica no solo por el gran profesional que fue, sino por su estatura inmensa como ser humano y el modo en que los educó a ella y a sus dos hermanos. “Papi estaría contentísimo, alegrándose tanto o más que yo”.
Elio Menéndez, considerado un decano de los periodistas deportivos en Cuba, también fue merecedor de este galardón.
Quizás por única ocasión, en la historia de nuestra prensa, un padre y una hija son acreedores de la más alta distinción que se otorga en el periodismo cubano por la obra de toda una vida.
“Lo que más me reconforta es que la mayoría de los compañeros del sector que nos conocen han relacionado el premio con mi papá. Yo se lo dedico completamente a él”, dice Marina.
Confiesa que no ha logrado recuperarse de la pérdida de su padre, ocurrida en plena pandemia. “Hace pocos días, el pasado primero de marzo, cuando él hubiera cumplido 93 años, compartimos en familia, vía WhatsApp, algunas anécdotas de papi. Se revelaron cuentos e historias que incluso yo no conocía. Cosas que hacía y le decía a mi hijo y que yo nunca supe”.
Su padre fue una inspiración. Un ejemplo, la persona que la apoyó para iniciarse en el mundo del periodismo.
“Era su cachorra –como cariñosamente me llamaba cuando estábamos en las lides periodísticas–, la única en la familia que había seguido sus pasos, la única vinculada a la profesión que tanto amó. Me siento su heredera, me siento en deuda por todo lo que nos legó. Fue un padre y un abuelo dedicadísimo”.
“Quisiera durante este año organizarle algún homenaje, para recordarlo, celebrar su vida, en el que participen todos los compañeros. Las despedidas hacen falta”.
Marina dedica su Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de la vida, a su padre Elio Menéndez, ya fallecido. Se lo dedica no solo por el gran profesional que fue, sino por su estatura inmensa como ser humano y el modo en que los educó a ella y a sus dos hermanos. “Papi estaría contentísimo, alegrándose tanto o más que yo”. Foto: Cortesía de la entrevistada/ Juventud Rebelde.
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Marina comenzó a trabajar en Juventud Rebelde a mediados de 1976, como auxiliar de la redacción nacional. Tiempo después, comenzó a adentrarse en los temas internacionales, organizando en un principio los cables que llegaban desde las agencias de noticias vía teletipo.
Era –recuerda ahora– “un trabajo anónimo, pero que me sirvió para leer y darle seguimiento a las noticias”.
En ese puesto, “debía estar al tanto de que los teletipos tuvieran papel, tinta… Llamar a los mecánicos si se rompían. Después, me dieron la tarea de recoger los cables de aquellos aparatos enormes, clasificarlos por área geográfica y llevarlos a los periodistas.
“Muchas veces, temí que la información que llevaba no fuera realmente importante o que fuera una bobería. Debía escoger bien, definir qué era noticia, qué era relevante y qué no. Era una gran responsabilidad”, dice.
“Cuando ya se había revisado la página y los periodistas se habían relajado, yo tenía que estar atenta por si entraba algún despacho urgente y llevarlo de inmediato al jefe de redacción. Luego, comenzaron a darme cosas que hacer. Ya estaba estudiando la carrera.
“Recuerdo que el primer trabajo que hice espontáneamente fue sobre el Sida, a raíz del escándalo que suscitó la muerte del actor estadounidense Rock Hudson. Fue lo primero que escribí de mi propia inspiración.
“Más adelante, me dieron a atender el área de América Central y el Caribe y me centré en Haití. Recuerdo que me apasionaba leer sobre las luchas de ese pueblo. Con el paso del tiempo, pasé a atender los temas de toda América Latina”.
“A lo mejor siendo reportera de nacionales me hubiera ido bien, pero realmente me gusta mucho lo que hago. Lo disfruto mucho”.
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Fidel saluda a Marina Menéndez, subdirectora de Juventud Rebelde. Foto: Estudios Revolución
En Juventud Rebelde también conoció al padre de su único hijo, con quien se casó en 1977. Su niño Ariel nació en 1979.
Su rol de madre nunca la detuvo, al contrario. Marina pudo completar su carrera en la modalidad de curso por encuentros. Se graduó de la licenciatura en Periodismo en 1985, con una tesis histórica sobre la revista Mella, que realizó junto a Heriberto Rosabal, ya fallecido.
Además de Juventud Rebelde, periódico del que llegó a ser directora, ha trabajado en otros medios nacionales como las emisoras Habana Radio y Radio Rebelde, y se siente parte del equipo del programa radiotelevisivo Mesa Redonda.
“Comencé en la Mesa Redonda desde la batalla por el regreso del niño Elián González. Llevaba ya varios años trabajando en Juventud Rebelde y en ese momento también trabajaba en Haciendo Radio”.
Marina asegura que, hasta hace poco, todavía sentía recogimiento cada vez que iba a la Mesa, un espacio del que se enorgullece saberse fundadora.
“Siempre fue para mí un mar de nervios. No precisamente porque se trataba de hacer televisión en vivo, sino por la responsabilidad en lo que uno iba a exponer. Si no me siento fuerte en un tema, me paso horas estudiando antes de salir en pantalla.
“Desde los inicios en esta profesión, aprendí de Hugo Rius, quien me impartió en la universidad los géneros de opinión, que sin una idea clara de lo que uno va a decir no somos nada. Una vez que defines tu tesis, tienes tu título y tu sumario, y todo lo demás sale rápido”.
Más adelante, con su voz algo grave, pero dulce, me subraya: “Claudia, uno siempre tiene que estudiar”.
Y continúa, mezcla de experiencia y sabiduría: “Cuando escribimos artículos y reportajes de opinión, tenemos que seguir la consecutividad del proceso, del desarrollo del hecho que estamos reportando. Eso es lo que nos permite tener una opinión, y poder hablar sobre ese acontecimiento.
“Cuando un tema te sobrepasa, porque no te has preparado, no has profundizado, tienes que buscar los antecedentes y los protagonistas. Tienes que estudiar. También pasa cuando le has perdido el hilo a determinado hecho. La noticia está siempre en construcción. Al que haga periodismo reporteril, en la calle, también le sucede.
“En mi caso, siempre estaba bien informada, porque Haciendo Radio era un ejercicio tremendo. Una revista de cuatro horas, con un despacho noticioso cada media hora. Por tanto, a lo que había visto por la mañana le daba seguimiento por la tarde en Juventud Rebelde. Siempre estaba 'arriba de la bola'”.
Marina asegura que hasta hace poco todavía sentía recogimiento cada vez que iba a la Mesa, un espacio del que se enorgullece saberse fundadora. Foto: Cubadebate/Archivo
En el caso de la Mesa Redonda, confiesa que no le impactaba la cámara. “Lo que te impacta realmente es saber que miles de personas te estarán viendo o escuchando.
La radio y la televisión tienen la volatilidad, son medios un poco efímeros, porque pasa y, si no lo cogiste en el momento, se te fue. En la prensa plana se queda. No obstante, el impacto de la televisión en el público es tremendo.
“Por ejemplo, yo llevaba varios años en el periódico y, cuando llegué a Haciendo Radio, mucha gente me conocía y me saludaba. Pero cuando empecé en la televisión, concretamente en la Mesa Redonda, el reconocimiento de la gente fue mucho mayor. Eso es muy bonito. Es una forma de saber quiénes siguen tu trabajo.
“Es mucha la responsabilidad, el compromiso de hacerlo bien en un espacio donde convergen muchas personalidades políticas, intelectuales. El propio Comandante en Jefe Fidel participaba con frecuencia. Yo iba siempre muerta de miedo; incluso, un día pensé que me iba a infartar. Pero lo que estaba era muy nerviosa.
“Un día me sucedió que en pleno programa traspapelé las notas sobre una denuncia que estaba haciendo y al día siguiente en una tribuna abierta en la que estábamos invitados, y en la que estaba Fidel, me lo cruzo y me dice ‘Ay, Marina, Marina’, pero noté en sus ojos que me había perdonado. Él era tan grande. Sin embargo, yo me moría de la vergüenza. Son cosas que pueden pasar cuando los nervios te traicionan en un programa en vivo.
“Le agradezco a la Mesa y a Fidel la confianza en mí, que entonces era joven y no era la mejor del equipo, precisamente por los nervios traicioneros”.
Marina atesora entrevistas con los presidentes Evo Morales, Rafael Correa y Fernando Lugo; con el líder de la extinta guerrilla colombiana Manuel Marulanda, entre muchas otras personalidades de la política y la intelectualidad latinoamericana. Ha cubierto disímiles eventos y cumbres internacionales.
“Recuerdo que las preparaciones de la Mesa se demoraban cantidad de rato, en las mañanas. Entonces, mientras la armábamos, compartíamos, tomábamos cafecito, siempre fuimos un equipo los que se mantienen y los que ya no están.
“Hay que reconocer el trabajo diario de la Mesa Redonda durante más de 20 años, manteniéndose como un programa de debate de primer nivel en la televisión y la radio cubanas.
“Yo no voy a renunciar nunca a formar parte de la Mesa”.
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Marina actualmente teletrabaja desde su apartamento en el Cerro, donde cuida y acompaña a su mamá. Foto: Cubadebate
Actualmente, la Premio Nacional de Periodismo José Martí teletrabaja desde su apartamento en el Cerro, donde cuida y acompaña a su mamá. No obstante, está al tanto de los temas que desde la prensa se debaten por estos días.
“¿El periodismo cubano hoy? Es una pregunta difícil”, me dice.
“El periodismo cubano siempre ha enfrentado retos. Es un periodismo que ha acompañado siempre el proceso revolucionario. Siendo Cuba un país agredido, siempre hemos estado en la trinchera al lado de la Revolución. Esa condición, ciertamente, ha marcado nuestro quehacer.
“Tenemos que ganar en eficiencia, recuperar credibilidad en el sector y profundizar más en los distintos ámbitos del acontecer nacional, sobre lo que preocupa a la población. Esa es una manera de hacer un servicio. Hemos sabido ser un baluarte de la Revolución, pero también debemos ser un vehículo para el bien público.
“Ese desafío se ha incrementado en los últimos tiempos por todo el peso de la agresión y la manipulación mediáticas contra Cuba, a lo cual se suman las carencias materiales que tenemos en nuestros medios.
“Creo que hay que reconocerle a nuestra prensa todos los años de entrega al pueblo, al país, y también al proyecto que estamos defendiendo”.
“Tenemos el reto de contribuir a la formación política de la sociedad, haciéndolo de una manera atractiva, con gancho.
“Hoy, el debate gira en torno al proyecto de Ley de Comunicación, que contempla propuestas para solventar los problemas materiales de la prensa con formas de gestión diferentes. Considero que son propuestas economicistas, pero que van a redundar también en nuestra proyección y en nuestro trabajo.
“El periodismo es un elemento de la comunicación de la sociedad, forma parte de un conjunto.
“En los últimos años, se aprecia una mayor participación del Gobierno en las redes sociales, con lo que hemos ganado en inmediatez”.
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“¿Quieres otro poquito de café?”, me pregunta Marina al despedirnos, y rápidamente se traslada a la cocina. Al momento, regresa con las dos tazas en la mano. “Esta es mi otra pasión”, dice.
“Estoy tratando de dejar el cigarro, hago como una especie de emulación conmigo misma, para ver si disminuyo el consumo, porque hace mucho daño. También salgo al gimnasio, a hacer ejercicios, y sigo andando toda La Habana en bicicleta. A las guaguas yo renuncié hace mucho rato”.
Premiados por la obra de la vida. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Entregan premio José Martí por la obra de la vida a Marina Menéndez. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
A Marina este 2023 se le confirió el Premio Nacional de Periodismo “José Martí” por la obra de la vida, reconocimiento muy merecido, que la llena de orgullo y que dedica de todo corazón a su padre Elio Menéndez, ya fallecido. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate