Raidel Martínez. Foto: Tomada del sitio Béisbol Japonés.
Cuando Raidel Martínez regresó a casa luego de concluir la temporada pasada de la Liga Profesional de Japón, apenas descansó. El diestro nacido hace 25 años en el poblado de Galafre Viejo en Pinar del Río, venía de firmar otra tremenda campaña en la tierra del Sol Naciente, y de consolidarse como uno de los mejores lanzadores cubanos de la actualidad.
Su desempeño durante cuatro años en la considerada como la segunda liga más fuerte del planeta, detrás de la Major League Baseball (MLB), así lo demostraba, pero el muchacho no estaba conforme.
En las últimas dos contiendas el taponero había participado en 89 desafíos con sus Dragones de Chunichi, donde logró apuntarse 44 salvamentos, con un récord impresionante de 108 ponches en 88 entradas de trabajo, y un promedio de solo 1.63 anotaciones limpias permitidas cada nueve capítulos.
Sin embargo, esas actuaciones que serían la envidia de miles de serpentineros alrededor del mundo, no lo complacían a plenitud, y luego de un breve reposo en su tierra natal, pidió ayuda para mejorar el control de sus envíos y se fue al terreno del emblemático estadio Capitán San Luis.
"Él vino a verme para que lo ayudara y le dije que no había problemas. Empezamos a trabajar tirando todos los días y haciendo bullpen para lograr un mayor control", le declara el profesor José Manuel Cortina a Cubadebate.
El descontrol de Raidel nunca fue alarmante ni mucho menos. En cuatro temporadas por aquellas tierras había concedido 44 boletos en 150 innings, a un promedio de 2.64 por juego completo, pero sabía que un cerrador tiene que reducir al mínimo este acápite, además de acercarse a la perfección de poner la esférica en el punto doloroso de cada bateador.
"Hice hincapié en la mecánica que para mí es lo más importante. Cuando él lanzaba yo estaba al tanto de todos sus movimientos y me pude percatar en un detalle: alzaba la punta de su pie de la pierna de paso, y le congelé el movimiento", dice Cortina, considerado todo un gurú en el arte de lanzar.
El profe logró una relajación de su pierna izquierda al obligarlo a lanzar con la punta del pie hacia debajo de forma natural y los resultados comenzaron a salir.
"De la otra manera al subir la punta de su pie contraía la pierna y esta, sin que se diera cuenta, se rebelaba y su movimiento perdía fluidez", agrega.
El entrenamiento personalizado se mantuvo durante casi tres meses antes de su salida hacía Japón. El profesor trabajó duro en el cambio de velocidad, un arma potente que confiesa se la había enseñado años atrás, y en la bola cortada (cut fast), buscando que fuera hacia abajo con una mayor velocidad en su rompimiento.
Este año el discípulo aventajado Raidel Martínez, con una recta sostenida de 96-97 millas por hora y una máxima de 99, está envuelto en su mejor campaña. Además de haber reducido su porciento de bases por bolas a la mitad (1.8 cada nueve entradas), tiene 20 salvamentos en 31 juegos (tercero en la Liga Central) y solo está a tres de su récord personal en una temporada con 18 partidos menos.
Cuando este sábado permitió una carrera en el episodio que trabajó, llevaba 28 salidas consecutivas sin aceptar anotaciones, y ahora exhibe un PCL de 0.59 y ha repartido 9.68 ponchetes por juego completo.
"Muchas gracias por todo, el resultado va saliendo ahora. Le doy gracias a Dios y a ti por el trabajo que estábamos haciendo en Cuba", le escribió el lanzador con esa humildad que solo tienen los grandes a su querido profesor Cortina, el bien llamado “reparador de sueños”.
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