De ideologías...

Una de las faenas más importantes a las que se han dado los centros de poder capitalista a escala global es la de demonizar la ideología. Presentan la ideología como un impedimento para la cordialidad, enemiga de la armonía entre las personas y de la libertad. Sin embargo, lo que se demoniza en realidad es el comunismo y toda ideología revolucionaria, porque el liberalismo, en su variante neoliberal, que no es cuestionado, más bien es propagado a través de múltiples dispositivos comunicacionales y mediáticos, constituye en sí una ideología, de hecho, es la ideología dominante.

Todos tenemos una percepción del mundo y de la forma de obrar en él. Esta percepción nunca es pura, está llena de contradicciones, conviven en nosotros en no pocas ocasiones referentes contrapuestos. Cuando se dice que se es comunista, no se hace apelando a una pureza ideológica, ni a una superioridad moral. Ser comunista y revolucionario es una búsqueda y es también una guerra dentro de uno mismo, es tener la esperanza de que podemos construir un mundo diferente, pero una esperanza llena de incertidumbres, y es también el deseo de colectivizar la vida, cuando las corrientes ideológicas conservadoras tienden a su individualización y a la atomización de las acciones políticas.

Es apostar por el amor, ante imaginarios que promueven la competencia y la desafiliación extremas. Necesitamos referentes desde donde pensar este momento tan complejo que vivimos y hacerlo juntos. Fidel fue un ideólogo extraordinario. Aquí van algunas postales que nos lo recuerdan. Él no tuvo miedo a asumir una postura ideológica, ¡nosotros tampoco!

(Tomado de Cuba en contexto)