Diario de una promesa: De la Aguada hasta Guamá, misión cumplida (IV)

Representación del equipo que descubrió y produce la Vacuna de Abdala. Foto: Cortesía del grupo.

La alarma ruidosa se enciende a las 4: 00 a.m. Solo 15 “minutitos” más le digo a mis compañeros de piso, dos jóvenes primerizos que entre los tres decidimos compartir el frío para pasar la noche. Según los lugareños y mis recuerdos de las cuatro escaladas anteriores no fueron temperaturas tan bajas las que nos acompañaron. Sin embargo, aquellos de nosotros que por primera vez dormían en la Aguada de Joaquín recordarían esa noche como una de las más frías.

Pasados los 15 minutos la voz de Sandelis me retumbaba en los oídos, como Pepe Grillo que reclama el llamando ante el deber de preparar el desayuno de la tropa. Con Sandelis y el grupo de excursionismo "Mal Nombre" aprendí a amar las lomas y los paisajes de Cuba, con él también ratifiqué cada vez que anduvimos juntos por los parajes de Cuba, que liderazgo es sinónimo de sacrificio y ejemplo.

Pensamientos aparte, como resorte me levanté e inicié el llamado a cada uno de los miembros de la tropa y me dispuse a preparar el clásico desayuno: galletas de soda con barra de guayaba y como plato especial espaguetis de la noche anterior. Sin dudas, tendríamos un desayuno de lujo e inusual, sobre todo para aquellos que no sabían que los próximos 900 metros serían los más difíciles y elevados de sus vidas.

Todos listos, disfrazados como cosmonautas para en caso necesario enfrentar la lluvia que amenazaba con caernos encima.Foto: Cortesía del grupo.

Justo a las 6:00 a.m., todos listos, disfrazados como cosmonautas para en caso necesario enfrentar la lluvia que amenazaba con caernos encima. Una hora tardó la avanzada en escalar los primeros 900 metros; como premio, el guía decidió regalarnos un descanso de diez minutos en el entronque entre la Aguada y el Alto del Cojo. Suficiente para recordar el año ’95, cuando por primera vez me involucré a Mal Nombre, un grupo de excursionismo que abraza y te hace suyo para toda la vida.

En esos 10 minutos se definió lo que sería el resto de la guerrilla, nos dividimos en dos grandes grupos, cada uno liderado por los de más experiencia y así garantizar que si algo sucedía, seríamos responsables de aquellos que se sumaron con la falsa ilusión de que en cuatro horas estaríamos en la cima más alta, de la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto.

La escalada siguió siendo difícil, los caminos cerrados, por el tiempo en desuso. Por suerte tuvimos chance de disfrutar de los paisajes, que como obras de artes se disponían en una gran puesta de escena ante nuestras miradas.

Avanzada de la tropa en la escalada. Foto: Cortesía del grupo.

Tres horas fueron suficientes para que a las 11:20 de la mañana la Vacuna ABDALA alcanzara la altura más alta de Cuba, nuestro compromiso con el JEFE, el pueblo de Cuba y con nosotros mismos lo habíamos cumplido, celebración que tuve el privilegio de compartir con Luis Javier, Reinier, Anita, Ricardito, Emir y Claudia.

El resto de la tropa llegó a la 1:00 p.m, tomaron un descanso y preparamos toda la ceremonia que celebraríamos por primera vez en la historia de la Organización BioCubaFarma, a 1974 metros sobre el nivel del mar: la entrega del carné de militante de la Unión de jóvenes Comunistas (UJC) a un joven del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Con lágrimas en los ojos, frente a nuestro Héroe Nacional y a nuestra bandera entonamos las notas de nuestro Himno Nacional. Gerardo Guillén Héroe del Trabajo de la República de Cuba puso en manos del Joven Gerardo Emir el carné de la UJC, agradecido y con palabras entrecortadas pronunció su pequeño discurso. Todos lo felicitamos y hasta brindamos con el almuerzo guerrillero que nos preparamos. A las 2:00 p.m. con la barriga llena y el corazón contento nos dispusimos a emprender el descenso que prometía ser un pasaje hacia lo desconocido.

Un sueño casi a la mano. Foto: Cortesía del grupo.

Durante los primeros tres kilómetros la complicidad de la naturaleza nos fortaleció la moral y así las fotografías quedaron para nuestra memoria. La tarde fue desapareciendo y la noche se convirtió en protagonista de la aventura. Cuando todos pensaban que estábamos cerca del final, apareció aquel fatídico cartel anunciando que sólo habíamos recorrido cinco kilómetros, faltaban seis por recorrer, la decepción y la desesperanza asomaron pero rápidamente nos despojamos de todos los pensamientos negativos y bastó un sorbo de agua y una rana para que nuestros ánimos cambiaran. Así las cosas, a las once de la noche arribamos a Guamá. Llegamos y nos esperaban los santiagueros, cuyo amor y cariño nos hizo dejar atrás los malos momentos de hacía solo unas horas. Nunca imaginamos que viviríamos las emociones más grandes de nuestras vidas, al compartir con este pueblo horas inolvidables.

Miladys casi toca el Turquino. Foto: Cortesía del grupo.

Vea además:

Diario de una promesa: De la Sierrita a la Aguada (III)

En video, Abdala en el Turquino