Daniela Fonseca y el tenis de mesa: “Jugar con el corazón”

Daniela Fonseca tiene apenas 18 años. Foto: ITTF.

El tenis de mesa no es uno de los deportes más seguidos en Cuba, pero a Daniela Fonseca eso parece importarle poco. A ella le apasiona desde la primera vez y con eso basta. Tenía casi seis años cuando un entrenador preguntó a quién le gustaría practicarlo y su brazo fue el primero en levantarse.

No llegaba a siete cuando su madre decidió sacarla de los entrenamientos porque le prestaba menos atención a los estudios. Desde entonces su historia tiene un nombre: perseverancia.

Otro profesor la reencontró en tercer grado y su mamá por fin le permitió volver a la mesa de juego, el campo de batalla que Daniela ataca y defiende con la mano del corazón. Ahora tiene 18 años y hace menos de una semana llegó al torneo preolímpico de Latinoamérica con más ímpetu que experiencia, pero salió de la competencia con par de cupos a los venideros Juegos Olímpicos.

En julio se convertirá en la cuarta mujer en la historia del tenis de mesa cubano en participar en un torneo estival. Y a ese camino tampoco le faltaron obstáculos.

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Daniela aprovecha su condición de zurda. Foto: ITTF.

— ¿Cómo sobreponerse a la pausa provocada por la COVID-19?

— Estaba preparándome en Alemania cuando el virus paralizó todas las competencias. Faltaban alrededor de veinte días para el preolímpico de Latinoamérica y tuve que regresar a Cuba. Pasé muchísimas semanas entrenando en una mesa que tengo en casa, pero nunca es igual. Allí no tenía con quién competir y le pedí ayuda a la dirección de deportes de Matanzas. Por suerte me apoyaron y una o dos veces por semana iba a la EIDE para hacer algunas cosas.

Durante todo ese tiempo no dejé ni un solo día de hacer preparación física. Por las redes le pedía ejercicios a mis entrenadores, para mantenerme en forma y llegar bien a la competencia por esa parte. Así ocurrió hasta que a finales de octubre o principios de noviembre del año pasado regresé al Cerro Pelado. Sin embargo, solo pasó una semana y otra vez la COVID-19 obligó a todos a volver a casa.

Me vi de nuevo en Matanzas y solo tenía ganas de llorar. Pensé que se cancelaría todo y ya no podríamos ir al preolímpico. Por suerte, mi colectivo me dio mucho ánimo y comenzamos a hacer hasta lo imposible para entrenar en un formato de burbuja.

A los quince días regresamos a La Habana bajo normas muy estrictas, porque solo estábamos mi entrenador y mi compañera de equipo Idalys Lovet, aunque a veces el Comisionado Nacional entraba y con él jugábamos algunos partidos. Fue una preparación dura, pero dio resultados.

— Llegar a la ciudad argentina de Rosario, la sede de competencias, implicó un viaje de 60 horas con escalas en París, Estambul, Sao Paulo y Buenos Aires. ¿Cómo sobreponerse a eso?

— Iba a llegar tarde y solo podría jugar una llave, pero en la sede también recibimos apoyo y retrasaron un poco la competencia. Estuve tres días de viaje, pero no me importaba el cansancio o si apenas podía caminar cuando me bajara del avión.

Estaba muy agotada y en la primera oportunidad no obtuve la clasificación. Casi ni podía saltar, pero yo solo quería jugar. Ansiaba hacerlo, aunque ganara o perdiera, pero darlo todo y demostrar con cada punto que todo el sacrificio de Cuba por nosotros valió la pena.

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Daniela Fonseca dio la gran sorpresa en el preolímpico. Foto: ITTF.

Cuando Daniela consiguió el punto que le dio la clasificación olímpica lanzó la raqueta al aire y miró a su alrededor, como quien no sabe a dónde ir. Casi en un instinto dio varios pasos hacia el lugar donde la esperaban los miembros de su equipo, pero ya ellos se le abalanzaban sobre su cuerpo adolorido.

Los abrazó y dejó salir la emoción, pero más tarde se fue a un lateral de la pistilla, se sentó en el suelo y su rostro desapareció debajo de sus manos. Es la verdadera imagen de quien lo ha dado todo por lo que quiere.    

— ¿En qué pensabas?

— No me lo creía, y aun hoy no lo hago. Todas esas jugadoras apenas dejaron de entrenar y tienen más del doble de mi experiencia. Allí en el suelo solo me decía: esto no puede ser. Mi corazón latía y latía y yo aun no lo asimilaba. Después de todas las dificultades que pasamos con la preparación, vencer a esas competidoras y clasificar a unos Juegos Olímpicos no se ve todos los días.

— Todos los cubanos en Rosario fueron una gran familia…

— Eso siempre lo hemos tenido claro: lo primero es el equipo y la clasificación la logramos todos. Yo no gané entrenando sola. Lo hice con mis entrenadores, mis compañeros de equipo, mi familia, mis amigos. Soy la cara del juego, pero sin ellos hubiera sido imposible y tienen la mitad de mi resultado.

En el tenis de mesa somos una familia. Con los entrenadores a veces soy una malcriada y no les hago caso en todo, pero ellos no perdieron la fe en mí y lo dieron todo por ayudarme.

— Hace 21 años ninguna tenimesista cubana clasificaba a unos Juegos Olímpicos. De hecho, antes solo tres mujeres lo habían conseguido. ¿Qué sensaciones deja este resultado?

— Es un orgullo representar a mi país y convertirme en la niña que clasificó a unas olimpiadas. Mis ídolos, mis metas a seguir, son quienes lo consiguieron antes que yo. Quiero ser como Maricel Ramírez, como Madeleine de Armas. De los hombres admiro a Rubén Arado y Francisco Arado, a Andy Pereira, también a Moisés. Ellos siempre dieron la cara.

Ahora me toca a mí y lo haré lo mejor posible. No me entrené en China o en Alemania, sino aquí en Cuba con mis compañeras, y eso dice de la calidad que tienen ellas también para hacerlo como yo.

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Cuba clasificó también para la puebla de dobles mixtos. Foto: ITTF.

Un día después Daniela tomó de nuevo la raqueta para unirse a Jorge Moisés Campos y buscar un boleto en el torneo mixto. Conseguirlo implicaría quebrar los pronósticos, pero juntos derribaron a todos sus rivales y al final se fundieron en otro abrazo. En su joven carrera ella ya tiene oros en torneos caribeños y latinoamericanos, pero las alegrías de Rosario no tienen comparación.

En un deporte con escaso fogueo para los cubanos, la presencia de Daniela y Jorge Moisés en Tokio ya significa un éxito. Aspirar a más roza las utopías. Sin embargo, hay batallas y triunfos que se ganan incluso antes del primer ataque.

— ¿Cómo enfrentarás los olímpicos de Tokio?

— Con concentración, seguridad y visión de que nada es imposible. Me gusta proponerme desafíos y no paro hasta conseguirlos, sin importar las caídas. Tengo la mejor disposición, y aunque a veces falle o me sienta mal sé que tengo personas apoyándome. No me preocupa si gano o pierdo, sino jugar con el corazón.

— Con 18 años, ¿en qué sueñas?

— El tenis de mesa es mi vida. Ahí estoy desde los once años y tengo una familia. Mi mamá no me vio crecer, no estuvo en mi día a día, porque desde los nueve o diez años estoy becada. Hace cuatro años entreno en el Cerro Pelado y voy a casa cada tres meses. Entreno mucho, pero los mejores momentos de mi existencia los tengo en el deporte.

Cuando esté viejita y lo recuerde todo me reiré, diré que todo fue increíble. Pero para eso falta mucho. Aun me queda mucho por luchar. Sea cual sea el destino que me espere, aunque pierda o no llegue a donde quiero, nunca me voy a rendir.