“Olvidarnos de la historia de Cuba es el camino a cometer errores” (+ Podcast)

La enseñanza de la historia de Cuba en el podcast de Cubadebate, desde los estudios de Nexos Radio en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Foto: Ariel Gonzalez Calzado/ Cubadebate.

¿Cómo se enseña la historia de Cuba para atraer a los jóvenes? ¿Qué hacer para que no resulte una asignatura tediosa, como en ocasiones ocurre? ¿Cuál era la verdadera situación de Cuba en la década del cincuenta del siglo pasado, en contraste con la imagen de “paraíso tropical” que pretende afianzarse desde las redes sociales? ¿Qué retos tiene la enseñanza de la historia de Cuba hoy? Sobre estos y otros temas conversamos este viernes en El podcast de Cubadebate con los siguientes invitados:

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–La manera de enseñar la historia no está escrita en un manual. En ese sentido, ¿cómo se debe impartir la historia para acercar a los jóvenes?

Francisca López Civeira: Hay toda una serie de mecanismos hechos a través de la pedagogía, la didáctica que, en sentido general, forman a cómo un profesor debe proyectarse con los alumnos. Ahora hay mucha preocupación con la enseñanza de Historia, no la hay con otras materias, Matemática, Español, y eso también debería ser una preocupación.

Hay que pensar que, cuando tú estás dando un curso de Historia, estás haciendo una formación general, en la cual es muy importante ese sentido de identidad contigo mismo, con tus raíces. Creo que no se puede dar de una manera fría, el profesor tiene que tener un sentido de pertenencia y el dominio del contenido.

Uno de los problemas que tenemos es que, quienes imparten Historia de Cuba, no siempre son graduados de la especialidad.

¿Por qué algunas clases resultan frías?

Francisca López Civeira: Eso tiene que ver, por una parte, con la personalidad del profesor. Cuando estás dando una clase prácticamente actúas, porque tienes un público delante que tienes que atraer. Pero ese nivel de actuación tiene que asentarse en un conocimiento real de lo que impartes, y en sentirlo. Recuerdo a mi profesora de Historia de Cuba en la universidad, Olga López. Vibraba de indignación cuando hablaba de la Enmienda Platt, se emocionaba y uno casi la veía montada a caballo junto a Máximo Gómez. Una persona que sentía lo que estaba diciendo, y eso atrae.

Fabio Fernández: La enseñanza y la divulgación de la historia en la Cuba de hoy están acosadas por dos enemigos. Uno es el desconocimiento. Un grupo importante de la gente que imparte clases de Historia no está bien preparada. Y ahí hay un punto de partida que es muy negativo. Al mismo tiempo, el otro gran enemigo es la no asunción de los códigos comunicativos que permiten que el mensaje se transmita de forma eficiente.

Hoy por hoy vivimos en un escenario comunicativo distinto, donde los jóvenes buscan maneras diferentes de interactuar con el conocimiento y la información. Si no somos capaces de llevar los contenidos históricos a esos nuevos códigos, estamos mal. En determinadas circunstancias hay profesores y divulgadores de la historia que siguen anclados a viejas maneras de contar y transmitir el conocimiento, y eso no logra hoy el resultado que se espera.

Dentro de esos mecanismos comunicativos coherentes con el hoy está el peso importante de lo emotivo.

Usted hablaba de cómo insertarse en el ecosistema comunicativo hoy, y en ese sentido, queríamos hablar de la importancia de la conciencia histórica en un escenario, por ejemplo, como las redes sociales, en el que se convida a olvidar la historia.

Fabio Fernández: La historia es un componente esencial de los pueblos. Y cualquier llamado a que un pueblo se olvide de la historia es muy peligroso, suele ser tendente a la desmovilización y aliado de las peores causas.

Es necesario que un pueblo conozca su historia porque es una fuente tremenda de experiencia. La historia no nos resuelve el futuro y conocerla no implica una garantía plena de que vamos a encontrar la ruta idónea para que el futuro se parezca a lo que queremos. Pero nos da un conocimiento de cómo hemos llegado y nos permite entender nuestras circunstancias. Olvidarnos de ella es el camino a cometer errores tremendos.

Francisca López Civeira: Por ejemplo, José Martí siempre fue a la historia. Hay un discurso suyo conocido como “Madre América”, en el cual hace una historia comparada de América Latina y Estados Unidos.

O sea, de dónde salimos, cuál ha sido nuestra evolución y eso nos explica el presente, a partir del cual puedo proyectar el futuro. Cuando Martí está hablando de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que caigan los Estados Unidos, ¿por qué lo está diciendo? Está previendo ese futuro a partir de un análisis que él ha hecho de toda una evolución histórica.

Es importante dominar la historia desde el sentido de pertenencia y saber quién soy, por qué, quiénes han sido mis amigos y enemigos históricos, y a partir de ahí, prever cuál sería el camino apropiado que, como nación, debemos transitar. En ese sentido, la historia tiene una utilidad, y eso no se puede desconocer. La enseñanza de la historia de Cuba ha estado presente siempre.

Los profesores Fabio Fernández Batista y Francisca López Civeira en el podcast de Cubadebate. Foto: Ariel Gonzalez Calzado.

En las redes sociales es muy recurrente las fotos del “paraíso” que era La Habana en la década del cincuenta, los rascacielos, las noches habaneras... Sin embargo, Cuba era mucho más que eso hacia dentro.

Fabio Fernández: Esa es una operación destinada a crear una especie de nostalgia inducida en la gente, sobre todo, en los jóvenes que no tienen la posibilidad cronológica de haber vivido y comparar. Es una intencionada campaña que busca presentar a la Revolución como un lamentable accidente que interrumpió la ruta de Cuba hacia el progreso. Es una operación que, además, se sostiene en la manipulación, la mentira y en falsear las fuentes de la época. La idea de que Cuba era un paraíso maravilloso es totalmente falsa.

Francisca López Civeira: En el Censo de Población y Vivienda de 1953 se expone que Cuba no llega a los seis millones de habitantes, y hay un millón de analfabetos. Ahí viene la cantidad de personas que vivían en casas de tabla, piso de tierra y techo de guano, que en porcientos es mayoría. La cantidad de familias que no tenían acceso al agua potable, a la electricidad.

En el Informe Truslow (1951) se dice que Cuba vive de una economía que hace 25 años dejó de crecer y está abocada a un callejón sin salida. Eso lo dicen los americanos. Entonces era una necesidad del sistema paliar esta situación. Después del golpe de Estado de 1952, Batista va a impulsar una política económica; por ejemplo, las obras públicas que son, a su vez, una fuente de malversación gigantesca.

Cuando la Revolución triunfa en enero de 1959 coge un país que está prácticamente en quiebra. Ah, pero ¿qué hacen?: Te ponen las fotos de todas esas obras públicas y de los grandes cabarets y hoteles del período. Sin embargo, lo que no dicen es que detrás de esas construcciones está la mafia norteamericana. Ahí tenemos a un Meyer Lansky que, además, se reúne con Batista.

Hay una integración de los elementos de la mafia que son los que están controlando la gran inversión en el turismo. Esto era no solamente en La Habana, sino en toda la zona costera que llegaba hasta Matanzas y Cienfuegos. Es una realidad que me ocultan hablándome de la vida nocturna y las construcciones, pero hay que ir a ver el fondo de las cuestiones y por qué se da eso.

¿Cuáles son los retos que tiene la enseñanza de la historia de Cuba en la actualidad?

Francisca López Civeira: Enseñar una historia de Cuba en las condiciones y los medios de hoy. Y, sobre todo, conocerla, apropiarse de ese conocimiento y poderlo transmitir.

Fabio Fernández: A los responsables en la enseñanza y la divulgación de la historia nos toca prepararnos mejor, ser capaces de contarla con la solidez del conocimiento y, al mismo tiempo, encontrar los mecanismos comunicativos que conecten con la singularidad de hoy y con las expectativas de los jóvenes de la Cuba contemporánea. Ese es el reto.