Los plebeyos que escriben como patricios y firmantes de un enrevesado manifiesto afirman que se mueven por “una demanda ética” de rechazo “a la acción estatal violenta” como se declara en la segunda oración. Tardíamente y a escondidas, el documento rechaza “cualquier acción violenta”, pero añaden “y represiva” para dejar bien sentado que es una sola la violencia no aceptada por los firmantes.
¿Cómo se puede dialogar con un grupo que tenga este único móvil?
¿No se “moverían” de manera más incluyente si se rechazara toda acción violenta, digamos si fueran un poquito más gallardos y mostrarle una pequeña crítica a los que lanzan cócteles molotov, incitan a quemar o perturbar la tranquilidad de las calles, u ocupan unos 125 kilómetros cuadrados en Guantánamo, por ejemplo?
Los firmantes se colocan muy rápido en una trinchera: la que se opone al gobierno cubano. Pero les falta el valor para decirlo así.
Quieren participar en “el diálogo”. ¿Qué es “el diálogo”? No quieren participar en lo que se hace todos los días en Cuba, pero quieren participar en “el diálogo”, como si en este país un diálogo con los iluminados desde sus pináculos de “saberes comprometidos” y “desde posiciones diversas”... - y mágicas añado-, solucionen para siempre los problemas de Cuba y oh, sorpresa parece que también los de Miami por aquello de referirse a la reconciliación en todos los lugares del mundo donde están los cubanos.
¿Por qué afirman que todos los saberes son bien recibidos, cuando es muy evidente que “el diálogo” que defienden los redactores de la carta parte de exclusiones, a partir de que muchos de los firmantes clasifican cotidianamente de ofensivos, dogmáticos y violentos a aquellos que llaman “oficialistas” porque ésos defienden posiciones diferentes? Muchos de los firmantes de la carta regularmente consideran ofensas personales las opiniones adversas o críticas institucionales y oficiales.
Es visible en los comentarios justificativos a los reclamos de internautas por una carta más abarcadora que incluyese las groseras amenazas y violencias contra la nación cubana cuál es la verdadera intención del manifiesto: conversar para desde su “suprema experiencia” de gobierno porque han leído mucho, desmontar este sistema y poner a otro. Ese otro sistema es muy fácil. Tendrá todos los partidos posibles de todas las tendencias posibles. A lo mejor encarcelamos a los miembros del Partido Comunista de Cuba y también lo proscriben por ser una organización que ha contribuido a la violencia dis estatal. En ese sistema, se permitirá la violencia estatal. Ya a los firmantes no les importará la represión, que saquen trescientos ojos a jóvenes desesperados porque no pueden pagar el transporte, los estudios y la comidas; no importan que los blindados llenen las calles y lancen agua con ácido o que destruyan los rostros de los manifestantes porque la violencia estatal es necesaria para garantizar el orden democrático.
Los firmantes son capaces de apiadarse de un grupo de groseros autocalificados como artistas o sencillamente apoyar un grupo de “saberes diversos” sin ni siquiera poder precisar cuáles son esos saberes, pero marcan distancia fehacientemente de los que consideran “oficialistas” porque ejercen sus opiniones diversas en sus medios personales o en los oficiales.
La idea de la reconciliación de Cuba contenida en la carta-manifiesto es una vieja herramienta de los Estados Unidos que siempre ha intentado que haya dos Cubas. Desde el primer día del proceso revolucionario EEUU vendió la idea de que el cubano es un pueblo dividido que tiene que ser reconciliado.
Sobre el concepto de reconciliación se fabricó también la idea de que en Cuba hubo una guerra civil, cuando bandas armadas por los EEUU se alzaron en el Escambray y otras montañas. Esos que asesinaron a campesinos, maestros y niños, según esta lógica eran la otra Cuba, la otra parte del pueblo divido a la que los firmantes se unirían para oponerse a la acción violenta estatal. Para graficar mejor esta idea, se puede decir que la otra Cuba fue el gobierno designado para Cuba por Washington que se quedó esperando en la base militar de Opa Locka por una victoria de los invasores por Playa Girón.
La acción violenta estatal derrotó la invasión por Girón, al terrorismo y al bandidismo del Escambray, a los cientos de sabotajes y atentados de la otra Cuba, mejor dicho del otro EEUU; garantizó que no haya un mercado de armas de fuego como en cualquier ciudad de la región, que nuestros hijos pueden merodear nuestros campos y ciudades con peligros mínimos paras sus vidas. La violencia estatal evitó y evita que Cuba sea un feudo de bandas narcotraficantes, o de paramilitares, o de partidos políticos armados y corruptos de la República pre revolucionaria que tanto alaban y admiran varios de los firmantes. La acción estatal evita que en Cuba funcione un sistema político donde el dinero de empresarios pague campañas políticas para una vez en un cargo, el financiado favorezca a esas empresas.
Exageran los que consideran que las diferencias entre cubanos significan un pueblo dividido.
La parte que demanda reconciliación puede usar sus opciones como votar contra la constitución, proponer candidatos a delegados del poder popular, opinar en cualquiera de las miles de reuniones qué hay en Cuba; apoyar, debatir, contribuir con las medidas económicas para salir de la deteriorada situación económica, por ejemplo.
No sé cómo los firmantes van a conseguir su propuesta de lograr “un ambiente de reconciliación en todos los lugares del mundo donde vivan cubanos y cubanas”.
¿Cómo los plebeyos con un comunicado van a conseguir que en Miami no hostilicen a puñetazos o persiga el FBI a quienes defiendan una relación normal con Cuba?
¿Con quiénes dialogarán los firmantes?
¿Con Marco Rubio para que permita a Cuba comprar gas en Trinidad Tobago después de perseguir públicamente a una empresa de ese país soberano por osar exportar gas a Cuba?
Hablarán los plebeyos con Kozak para que permita que el Ministro de Salud de Cuba reciba visa para participar en una simple reunión de la Organización Panamericana de la Salud o para que una empresa de EEUU vende un respirador mecánico a Medicuba?
Ni plebeyos ni patricios. Equivocados.