Carlos Acosta junto a su padre.
Lo conocí hacia 1984 , en la Escuela de Ballet de L y 19, cuando tenía 11 años de edad, porque me habían hablado de su especial talento y también de sus muchas indisciplinas, que le causaron, poco después , un traslado, (variante para no expulsarlo), a la Escuela Provincial de Ballet de Pinar del Río, de donde lo rescató su Hada Madrina, Ramona de Sáa, para hacerlo cursar el nivel medio en la Escuela Nacional de Ballet, en La Habana.
Posteriormente, para preservarlo de su complejo mundo familiar, lo llevó con ella al Teatro Nuevo de Turín, donde hizo su debut profesional, aún sin graduarse. En Italia se hizo acreedor de numerosos galardones y en 1990 obtuvo el afamado Prix de Lausana.
En 1991 contribuí a hacer válida su invitación para el Teatro "Teresa Carreño" , de Caracas, donde causó asombro ; y ese mismo año fui jurado de su tesis de graduación, donde sin ser Oráculo , le vaticiné el gran futuro que le aguardaba.
Sin embargo no ingresó, como era tradicional, en las filas del Ballet Nacional de Cuba, sino que se fue al English National Ballet, en Londres, invitado por el húngaro Iván Nagy. Allí obtuvo triunfos y también una grave lastimadura que lo hizo regresar a Cuba en 1993 .Restablecido, ingresa finalmente en la compañía cubana, con la que actúa en La Habana y Madrid, ya con el rango de primer bailarín nuestro. Recuerdo mis conversaciones con el inglés Ben Stevenson, en el Teatro Albéniz, en Madrid, mientras se esperaba el permiso de Alicia para que pudiera cumplimentar otro contrato en el extranjero, está vez en el Ballet de Houston, donde alcanzó renombre internacional.
En 1994 lo reencontré de nuevo en el mismo teatro madrileño, donde bailó todas las noches un ballet distinto, entre ellos el pas de deux, de La Vivandiere, con un nivel en los giros que nunca he vuelto a ver, y también presenciar su debut en Giselle , junto a Aymara Cabrera, muy tenso por los pocos ensayos que le concedieron.
Recuerdo que tuvo la delicadeza de dedicarme esa función, al final de la cual quisimos tener una foto juntos, pero no había cámara, hasta que apareció la exquisita Ana Lourdes Novoa, acompañada de un amigo que traía una cámara en mano. En medio de los cambios del equipamiento técnico, casi tomé por los hombros al amigo de Novoa y lo zarandée de un lado a otro para buscar un ángulo correcto. Cuando la persona se marchó, miré el rostro de Novoa que era rojo, mientras me gritaba "ay, Cabrera, te mataría".
Sin entender porqué me decía eso, le respondí, "pero no era un amigo tuyo?".A lo que me respondió, " Sí, es cubano, pero es el cónsul de los Estados Unidos en Madrid". Por supuesto que nunca pude ver la foto que tomó el diplomático compatriota.
La carrera posterior de Carlos lo llevó como estrella invitada a los principales teatros y compañías del mundo , y a partir de 1998, se convirtió en el Principal Artista Invitado del Real Ballet de Londres, dónde cimentó su gloriosa carrera como uno de los primeros bailarines de nuestra época. Múltiples e incontables son los galardones que ha obtenido, entre ellos, el de Caballero del Imperio Británico. En el 2015 regresó a su patria para crear el sueño de la compañía Acosta Danza, que simultanea con su cargo de Director del Real Ballet de Birmingham.
La noticia de que acaba de obtener el prestigioso Premio Anual de la Revista Dance Magazine, en los Estados Unidos, nos llena de orgullo a todos, porque simbólicamente lo recibe como parte de un triunvirato glorioso de compatriotas, que incluye a Alicia Alonso (1958) y José Manuel Carreño (2004). Lo dedica a Cuba, con amor, porque ha sabido siempre que el Arte no tiene patria pero los artistas si.