Foto: Bohemia.
La actual Avenida 51 se llamó Calzada Real de Marianao y antes Calzada de San Francisco Javier. Y es que los fundadores del poblado pusieron su ermita bajo la advocación de ese santo.
El primer asentamiento del territorio se ubicó entonces en lo que hoy sería la Avenida 51 entre las actuales calles de 74 y 88. Ese ocurrió en 1720. Seis años más tarde un incendio devastó el caserío, lo que provocó que algunos de sus moradores se trasladaran más hacia el oeste; lo que hoy sería 51 esquina a 108.
Había ya gente radicada en Puentes Grandes desde fines del siglo XVI, cuando se fomentó en el lugar un ingenio azucarero. Cuando esa fábrica de azúcar desapareció y las tierras se dedicaron a otros cultivos, permanecieron en su sitio los que se habían establecido en la cercanía del ingenio. A partir de 1740 el nombre de Puentes Grandes aparece en documentos oficiales. Se le llamó así por los puentes que cruzaban el Almendares y facilitaban el camino hacia el oeste.
Lo ameno de la zona hizo que muchas familias capitalinas escogieran Puentes Grandes para erigir sus casas de veraneo y disfrutar así de las entonces límpidas aguas del río. Pero en 1768 un temporal acabó con los puentes y el poblado entró en una fase de estancamiento de la que empezaría resurgir cuando el Marqués de la Torre, gobernador de la Isla, dispuso la construcción de dos nuevas pasaderas, aptas esta vez para el tránsito de carretas y carruajes. Un nuevo temporal y la crecida y el desbordamiento del río dieron al traste con esos puentes y no sería hasta 1791 cuando se construyó el puente definitivo.
Mientras tanto, en Marianao, con escasos recursos naturales y una exigua población, el decrecimiento de la producción agrícola impulsaba la emigración hacia otros parajes. El turismo sería entonces una alternativa para el crecimiento económico local. Sus condiciones como pueblo de veraneo resultaban excelentes, gracias a la presencia del río Marianao y a las aguas medicinales de El Pocito.
Manantial de los Pocitos en la actualidad. Foto: Ecured.
La belleza de sus paisajes le añadía un atractivo singular y su cercanía a la ciudad de La Habana haría el resto. La continuación de la Calzada de Monte, que atravesó El Cerro y cruzó los Puentes Grandes, consolidó a Marianao como sitio propicio para el esparcimiento.
No descansan los promotores del proyecto, encabezados por don Salvador Samá, Marqués de Marianao. Piensan que a las bondades de la naturaleza deben sumarse las facilidades culturales y están convencidos de que la cultura generará ingresos que se revertirían en el desarrollo del poblado. Auspician, en 1848, la construcción de la Glorieta, en lo que hoy sería 51 esquina a 128, y diez años más tarde y en el mismo sitio, erigen el Teatro Principal, llamado Concha originalmente. Era una zona que crecía con la construcción de casas quintas y otras edificaciones de mayor lujo y calidad de las que existían anteriormente, síntoma indiscutible de los beneficios económicos y el prestigio que estaba alcanzando Marianao como sitio de temporada.
Fue la edificación e inauguración de la Glorieta lo que cimentó la celebridad del poblado que, además de sus magníficas condiciones para el descanso, se hizo notar desde entonces por los atractivos bailes que se convirtieron en cita obligada de la gente divertida y la juventud alegre.
Se impone anotar otros hechos notables. En 1848 se inaugura en Marianao el servicio de diligencias; otra medida favorable para atraer a los veraneantes. En 1863 comienza a funcionar el ferrocarril Habana-Marianao. En 1864 se traza la calzada que conduce a la playa. En 1881 se inaugura el primer hipódromo. Esos acontecimientos son signos de la entrada, tímida, pero ya con resultados palpables, de una dinámica urbanística y citadina que acrecienta la importancia del poblado con respecto a la capital y le da fisonomía e identidad propias desde su proyección como sitio de veraneo que irá desplazando con el tiempo a otros lugares habaneros con fines semejantes.
Foto: Archivo.
La construcción del puente que cruza el Almendares a la altura de la Avenida 23 y el llamado puente de Pote fueron decisivos en el desarrollo marínense, como lo fue antes el emplazamiento del campamento militar de Columbia que propició el surgimiento de densos núcleos poblacionales. La Danza de los Millones fue también decisiva en el desarrollo y la urbanización de nuevas áreas.
El hipódromo Oriental Park fue un valor añadido a partir de 1915. Se le proclamó de inmediato como el mejor de las Américas. Muy célebre sería, a partir de 1929, el estadio de La Tropical. En 1944 quedaba inaugurado el obelisco-memorial al golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933, devenido bajo el gobierno del presidente Grau obelisco a Carlos J. Finlay. Antes, en 1941, abría sus puertas el hospital de Maternidad Obrera… Pocas zonas crecieron tanto y en tan poco tiempo como esta comarca del oeste habanero, que durante años había sido selva más que campo y que, pasados los Puentes Grandes, era sobre todo el camino de la Vuelta Abajo.