Juan José Cuevas Rodríguez, “umpire protegido vale por dos”. Foto: Roberto Morejón/Alma Mater.
- Especial de Alma Mater
Juan José Cuevas Rodríguez es el árbitro más longevo de la pelota cubana: 60 años y casi treinta series nacionales lo avalan como tal. Quizás por eso asume protagonismo en partidos importantes cuando sube la tensión.
El hijo de don Miguel tiene una peculiar forma de protegerse los antebrazos cuando está detrás de home. Muchos colegas se ríen de sus atuendos protectores, pero él no cambia ese vestuario desde hace quince años. “Umpire protegido vale por dos” me repite varias veces. Cuevas es un excelente conversador y cuando usted lo ve sin tantos artefactos casi no lo reconoce.
¿Cómo comenzó su vínculo con el béisbol?
Por mi padre Miguel Cuevas: siempre quise ser pelotero, pero no era muy bueno en el béisbol. Después que pasé el ejército, ya tenía cierta edad y preferí dedicarme al arbitraje. Mi viejo trabajaba en la Comisión Provincial de Camagüey y ahí comenzamos los primeros cursos provinciales de arbitraje, por el año 1982.
¿Cómo llegó a las Series Nacionales?
Llego después de muchos años trabajando en campeonatos provinciales, juegos escolares nacionales, juegos juveniles nacionales y pasando cursos nacionales. Demoré alrededor de once años para debutar en la Serie Nacional.
Cuénteme de ese primer juego al máximo nivel…
Fue en los inicios de la década del noventa. Estaba como suplente en un juego entre Camagüey y Villa Clara. Los árbitros que venían de Pinar del Río no habían llegado. El juego era a la una de la tarde y a las 10 de la mañana Juan José Izquierdo me avisó que me preparara: Tenía que trabajar en home y buscar otros tres árbitros camagüeyanos.
A la hora de comenzar el juego llegaron los árbitros, pero Izquierdo mantuvo su decisión. El comisionado de Villa Clara estaba muy molesto. Reclamaba que si habían llegado los árbitros porque iban a trabajar cuatro de Camagüey. Fue mi curioso mi debut y trabajamos bien el partido.
¿Ha tenido experiencias negativas?
Me he equivocado muchas veces, pero no he tenido una que haya sido tan mediática. Recuerdo una, que por suerte no costó mucho, en un juego entre Santiago de Cuba y Holguín en Palma Soriano. Un batazo al center field y Juan Carlos Bruzón, jardinero de Holguín, se tiró de cabeza, dio la vuelta y levantó la bola. Canté out. Nadie se dio cuenta salvo la televisión en un cuadro a cuadro. Y yo estaba de suplente ese año. Dije: me desaparecen del mapa.
¿Qué cree sobre el uso de la tecnología en el béisbol?
Para mí es lo mejor. Sé que a muchos árbitros no les gusta. Ha venido a salvarnos. Cualquiera se equivoca. No me molesta cuando me regresan una jugada. La tecnología está en todo el deporte y es más justo. Muchas veces podemos salir tranquilos de los estadios gracias a la tecnología.
¿Por qué usted se forra cuando le toca detrás de home?
Umpire protegido vale por dos. La única área desprotegida es la de los brazos y las manos. Uno trabaja con los brazos por delante. Toda la bola que viene de piconazo o los foul que no atrapa el receptor, esos van directo a los brazos y duelen mucho. Pueden venir fracturas en los dedos. Preferí ponérmelos porque me siento más seguro. Desde el 2005 utilizo esa protección. Muchos compañeros se ríen de mí, pero me siento protegido con mis artefactos.
¿Principales eventos internacionales en que ha participado?
El que más recuerdo me trae son los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Lo máximo a lo que puede aspirar a un árbitro. Soy el único árbitro cubano en activo que es olímpico, hasta este año que se me sumará Jorge Niebla cuando trabaje en Tokio. He participado en muchos campeonatos mundiales, copas intercontinentales, mundiales juveniles en Cuba, y generalmente en Asia. Fui el primer árbitro cubano en participar en una Serie del Caribe tras el retorno a la cita de Islas Margarita en 2014.
¿Muchas expulsiones en su carrera?
No muchas. Uno cuando comienza expulsa más. Después la gente te respeta más, sobre todo por tu trabajo, y ya no tienes que expulsar tanto. Otras veces he tenido que expulsar porque le faltan el respeto a otro árbitro. Al que más expulsé fue a un director de Santi Spíritus, que no recuerdo el nombre y que ya no está en el país. No solo yo, a ese lo expulsaba todo el mundo.
¿Reducción del partido a siete entradas?
A muchas personas no les gusta. A nosotros, los árbitros, nos encanta. Tuve la oportunidad de trabajar varios juegos de siete innings en esta serie: comienza y se acaba bien rápido. Los juegos son más dinámicos. Los directores tienen que cambiar la táctica para hacer carreras más temprano. Me parece que es mejor que estar inventando otras cosas. Si es por ir más rápido, me gusta más.
¿El arbitraje cubano va por buen camino?
Sí. Todo tiene que ir a su momento. Los árbitros tienen que avanzar poco a poco. No podemos apurarlos. No me gustan las especializaciones porque si no el árbitro no se hace, pero en los juegos con más presión no puede trabajar cualquiera.
Este año el arbitraje no tuvo buena salud por una sola razón: la transportación. En la segunda etapa no pudimos utilizar a los mejores árbitros, sino buscar variantes debido a los problemas para transportarnos, y eso resquebraja un poco la calidad.
¿Qué necesita el arbitraje cubano para seguir mejorando?
Mucha profesionalidad. Y mucha comprensión también. El béisbol cubano necesita disciplinarse en todos los sentidos. Tenemos que llevar a cabo lo establecido, y tener un apoyo general por parte de todos.
Juan José Cuevas Rodríguez es el árbitro más longevo de la pelota cubana. Foto: Roberto Morejón/Alma Mater.
Juan José Cuevas Rodríguez es el árbitro más longevo de la pelota cubana. Foto: Roberto Morejón/Alma Mater.