El equipo de Ciego de Ávila está entre los últimos en la tabla de posiciones de la actual Serie Nacional de Béisbol. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate
Como suele suceder en asuntos de discrepancias, cada cual tiene su versión. La mía: los Tigres no estarán entre los ocho grandes de la pelota cubana; quizás, ni entre los 10 o los 12 primeros conjuntos en la tabla de posiciones de la actual Serie Nacional de Béisbol. Me arriesgo y duele decirlo: la debacle se veía venir, aunque dicen que los milagros existen.
En una ojeada por las redes sociales para tomar el pulso de las opiniones, uno encuentra los más disímiles comentarios. Cada quien, con su verdad, como los dos siguientes: “Durante una década sojuzgaron Leones, fumaron Vegueros, ripiaron Leñadores, devoraron Alazanes y ahuyentaron Piratas”, según uno de los tantos seguidores de la manada.
Otro, un pelotero del equipo, con más de 20 series sobre su espalda, con una cifra superior a los 200 jonrones y un látigo en los anteriores playoff, madero en ristre, expone sus razones:
“Les puedo decir que todos nosotros jugamos con el corazón y que las cosas no salgan bien y la suerte no nos acompañe, no es nuestra culpa (…), lo que si no estamos ni estaremos de acuerdo nunca es que nos falten el respeto. Por favor, respeten la alegría que ese team le ha dado a esta provincia”.
¿Quién puede dudar de que ambos tengan la razón?
Lo cierto es que si en estos momentos hay un equipo seguido por el infortunio —lesiones incluidas, y más—, ese es el de Ciego de Ávila. Lo confirma el pésimo desempeño a lo largo de la actual campaña que lo ha llevado a estar entre los últimos en la tabla de posiciones.
Al término de la subserie contra los Elefantes, los Tigres exhibían números de espanto en la mayoría de los renglones de juego, menos en el bateo, con un elevado 321 de average colectivo.
Heridos en su amor propio, a los tricampeones nacionales les cuesta trabajo imponerse. Se ve un equipo sin fuerzas, sin motivación y sin herramientas para dictar sentencia.
¿Racha adversa o descalabro?
Cuando un conjunto anda mal en su esencia, nada le sale bien. Qué importa que el bateo colectivo ascienda a 321 de average, si al concluir la subserie contra los Elefantes el área de picheo anda por el lugar 14 —5.43 de Promedio de Carreras Limpias (PCL)—, y ni pensar en el de relevo, con un astronómico 7.82 de PCL, 62 boletos y le bateaban para 314 de promedio.
Ninguno de los cerradores, ninguno, es merecedor de la confianza de Róger Machado, ni de los fans que acuden al estadio José Ramón Cepero. Cuando a los Tigres les hacen cuatro carreras, permiten cinco, y si le anotan cinco, ellos admiten seis... y más. Eso da al traste con la motivación y con el compromiso de salir a pelear cada juego.
Por demás, como nunca la defensa: paupérrima, con 38 errores, de ellos, 24 de la línea central, la peor en los últimos 20 años en un equipo que se daba el lujo de ser un cerrojo.
Y me detengo en este aspecto. Por qué traer a dos jugadores de Guantánamo (Yoelkis Baró y Ariel Benavides) para la difícil misión de torpedero (el primero) y center field (el segundo). Entre los dos acumulaban 12 errores, al cierre de la subserie con los de La perla del Sur, cuando lo más acertado sería haber desarrollado en esa posición a otros del patio. A todas luces, los importados no resolvieron a la defensa.
Algo pasa y pone a pensar, más, después de una preparación antes de comenzar la serie que valoraron como muy buena, con entrenamiento en las arenas de Cayo Coco, al parecer, inefectiva, según lo demostrado hasta ahora.
“Me siento cansado”, dijeron algunos jugadores por separado. ¿Será el cansancio resultado de una buena preparación, o todo lo contrario?
Róger Machado debe de estar molesto, porque sabe que no puede hacer milagros, más aún cuando los milagros ya no dependen de él, sino de la actuación de cada uno de los peloteros que dirige.
El exitoso Machado, timonel de los Tigres, deberá transformarse en el mismísimo Harry Houdini, quien fuera uno de los ilusionistas más famosos del mundo, en sus pretensiones de, al menos, recomenzar la racha victoriosa que le despierte las esperanzas a los hinchas y les devuelva la confianza a los propios jugadores. Los managers no siempre son los máximos responsables de ganar o perder juegos.
El timonel avileño lleva más de una década al frente del equipo y nadie osaría discutir que, por resultado, es el mejor manager de todos los tiempos en Ciego de Ávila, pero en ocasiones es bueno distanciarse para observar los toros desde la barrera; descansar, y volver con nuevos bríos y más experiencia, como lo han hecho otros.
Tampoco entiendo que los técnicos más conocedores en las diferentes áreas estén fuera del béisbol de primera línea en Ciego de Ávila. No hay razón. Muy útiles volverían a ser Andrés Gayón, Darío Cid, José Hernández, Manuel Álvarez y Ángel Castillo, por solo citar algunos de los más capaces entrenadores.
Los que están fuera del territorio, deben volver por el bien del béisbol avileño, como también debe reabrir la academia de picheo y terminar las gradas del estadio José Ramón Cepero, si pretendemos no quedarnos sin los seguidores que aún creen en los Tigres.
Pese al resultado, imagino que la hinchada, excelente, generosa y optimista con el conjunto de béisbol más estable en el último decenio en Cuba, no abandone al equipo en el peor momento.
Los tiempos por venir en el béisbol avileño al más alto nivel serán oscuros. Ojalá la tempestad deje pasar la luz.