José María Vitier junto a Fina García Marruz.
Qué lentas ahora me estremecen
tus palabras, madre.
Mientras las leo en la tarde y casi llueve
y casi recuerdo, a retazos,
todo.
Yo era un niño que jugaba y te miraba
escribir
con aquel trazo tan ágil,
la letra menuda y urgente.
en medio de los trajines de la casa,
en las pausas entre una y otra puntada
o entre uno y otro hervor, en la cocina.
Yo no sabía qué anotabas en aquellas libretas escolares de pasta veteada en blanco y negro, ni porque te quedabas de repente tan seria mientras el lápiz volaba
sobre el papel rayado.
Yo era un niño.
Yo jugaba a los soldaditos en las lozas del piso mientras tu temblabas de amor por cada cosa, sentada cerca de mi, en la silla incómoda del cuarto. compartiendo mis juegos con tu silencio.
Cada uno inmerso en sus secretos.
Por cierto , la batalla entre los dos bandos de soldaditos, rojos y azules, no ha terminado todavía.
Nada termina en realidad.
Solo ha pasado el tiempo.
Pero algo cambió para siempre.
Ahora tu eres la niña.
Y yo soy el que tiembla.