- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

Hermanos de Patria

Muchos habaneros perdieron todo o casi todo con el tornado del domingo 27 de enero. Foto: Héctor García Torres.

Laura nunca supo el nombre de aquel niño. Él tiene unos cuatro o cinco años y juega en un albergue, mientras reconstruyen su casita. Tiene, también, la gracia que habita siempre en “la esperanza del mundo”.

Laura le pregunta el nombre. A sus padres, tal vez, no les fue fácil encontrarle uno para cuando naciera, pero a él no le importa. No sabe eso. Dice, con la rapidez de la inocencia, que se llama Díaz-Canel y hace reír a Laura y a otros estudiantes universitarios que, como ella, fueron a repartir alegría a quienes vieron cambiar sus vidas en 16 minutos de tornado y desesperación.

Hay muchos niños como él allí. Algunos más pequeños, recién nacidos; otros mayores. Niños que perdieron sus juguetes, esos que los entretenían en momentos de perretas y que los hacían crearse mundos de carros, soldados, héroes superpoderosos.

Pero un grupo de estudiantes universitarios les ha llevado otros nuevos. Pienso en la algarabía de Andry –mi hermanito de dos años– cuando le regalo un juguete, porque los niños tienen en común la misma expresión de alegría ante algo que es, cuando menos, parte indispensable de su felicidad.

Hay un señor, en la iglesia de Jesús del Monte, al que no se le ve feliz como a los niños. Es difícil estarlo cuando un tornado se encaprichó en que él y su familia durmieran mirando las estrellas dentro de su propia casa.

Desde aquella loma, oscura en la odiosa noche del domingo 27 de enero, él y sus vecinos sentían que el mundo se les venía encima. No se le ve feliz, pero sí calmado, aunque se le haga difícil conseguir el sueño. Parece que también a esa palabra se la llevó el tornado, el mismo que puso a Jesús del Monte en el maldito mapa de su trayectoria.

En la casa contigua vive otra señora con su familia. Es un pasillo con pequeñas casitas a ambos lados, que han perdido parte del techo. Vemos a un muchacho que salió en la televisión; tiene a su mamá ingresada desde aquel fatídico fin de semana. Dice que la vieja está mejor, que se recupera.

Él entra junto a la señora y el resto de la familia a la sala para repartirse, entre todos, la ayuda que está sobre el sofá. Ella se prueba unos zapatos de donación. “Ah, pero te quedan pinta´os”, le decimos. Y vemos que le brillan los ojos, que se le mojan. Aprieta el sollozo en el pecho y nos abraza.

Hay muchas formas de ayudar y acompañar, mientras la ayuda mayor está en camino o se levantan paredes y techos que toma días concluir. A la señora, como a aquellos niños, se le ve feliz. Sabe que hasta allí llega la solidaridad de sus hermanos, los de sangre y los de Patria.