Georgina Alfonso: "Superar al capitalismo solo es posible si nos unimos"

Georgina Alfonso, directora del Instituto de Filosofía. Foto: Revista Temas.

El XIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, realizado en La Habana por estos días (23-25/enero), reunió a más de 350 participantes de 27 países que debatieron sobre la correlación de fuerzas, las rebeldías, las revoluciones, los éxitos y debilidades de los movimientos sociales en el continente y las maneras de lograr una América más justa.

Comprometidos no solo a nivel ideológico con las luchas contrahegemónicas, los delegados emitieron un mensaje de reconocimiento a la legitimidad del gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro y hoy participan en la presentación de la campaña cubana de apoyo a la liberación del exmandatario brasileño Luis Inácio Lula da Silva.

A propósito de este evento, Cubadebate conversó con Georgina Alfonso, directora del Instituto de Filosofía, una de las entidades organizadoras.

–¿Cuáles son los principales retos de las luchas contrahegemónicas en nuestro continente?

En América Latina existe toda una estrategia de recolonización y remilitarización a partir de los éxitos de las luchas del movimiento social, que comenzaron con la campaña contra el ALCA, organizada a final de la década de 1990. Esta estrategia, dirigida por el comandante Fidel Castro, fue muy importante para la reorganización y la movilización en el continente y dio la posibilidad de que los gobiernos progresistas se afianzaran en el poder.

Diez años después de los gobiernos progresistas asistimos a un reacomodo del capital, a partir de una crisis real del sistema de dominación, el cual necesita volver a apropiarse de recursos naturales y financieros. La tendencia conservadora es una manera de recolonizar al ser humano y la naturaleza, bases de las ganancias del capital. Por eso, es importante poner al debate dentro de los movimientos sociales la necesidad de que los procesos de organización y movilización de las fuerzas populares comprendan qué es el capitalismo hoy, cuál es el sistema de dominación imperante: un sistema que crea un entramado entre lo económico, político, cultural, comunicacional, ecológico…

Desentrañar las lógicas de la dominación obliga a mirar al capital como un sistema múltiple. Debido a ello la emancipación debe pensarse también en términos múltiples.

Ante el llamado “giro a la derecha” que se ha producido en Latinoamérica, ¿cómo cree que las fuerzas progresistas plurales y diversas están poniendo en práctica estrategias de descolonización múltiple?

El giro a la derecha en América Latina es muy parecido al que ocurrió en los años 70 del siglo pasado, cuando se establecieron las dictaduras militares. Es una manera para el capital de recuperar las fuentes de ganancias perdidas, al implementarse políticas públicas y sociales, que distribuían las riquezas en la sociedad, por parte de los gobiernos progresistas.

El conservadurismo, la derechización son efectos del neoliberalismo...

Por otra parte, debe entenderse que los movimientos sociales en América Latina viven ahora una transición generacional. Las personas que fueron actores de lucha en la época de las dictaduras militares le están cediendo el lugar a una nueva generación, formada dentro de los gobiernos progresistas.

Para ellos los referentes son las deudas de los gobiernos progresistas, lo que no pudieron solucionar. Parten de ahí. Aquello que no se pudo solucionar desde la izquierda antes son los desafíos que tenemos hoy para radicalizar los procesos en América Latina.

–¿Qué aporta Paradigmas Emancipatorios a estas luchas?

Paradigmas es un evento construido desde hace 25 años en el Instituto de Filosofía en conjunto con el Centro Martin Luther King, la OSPAAAL y otras muchas organizaciones. Brinda un espacio de articulación entre la academia, movimientos sociales, partidos políticos, proyectos sociocomunitarios, etc.

Superar al capitalismo solo es posible si nos unimos en una visión de futuro en la que, desde la diversidad, haya un objetivo común.

–En 25 años, el contexto continental ha cambiado. ¿Cómo se ha transformado Paradigmas?

–Las temáticas que hemos tratado siempre son las debatidas por el movimiento social popular. Hoy se trae el tema de las revoluciones y rebeldías populares, que parecería no estar de moda, pero sigue siendo la mejor manera para los pobres, los desposeídos, de ser reconocidos como seres humanos.

Paradigmas Emancipatorios ha servido para identificar nuevos liderazgos en América Latina. Muchos de quienes están hoy frente a los movimientos sociales en nuestro continente vinieron siendo jóvenes a estos espacios y hoy dirigen el Movimiento Sin Tierra, la Marcha Mundial de Mujeres.

Berta Cáceres, a quien asesinaron por su liderazgo, se dio a conocer en los espacios de los Paradigmas Emancipatorios.

–¿Qué rol han tenido las nuevas generaciones en este Paradigmas?

–Cuando estábamos preparando el evento sabíamos que teníamos que atraer a los jóvenes. Hicimos un pre Paradigmas, los convocamos y les pedimos que lo organizaran ellos, porque es la juventud quien debe darle continuidad a la Revolución Cubana.

Radicalizaron el proceso, sugirieron temas que no habíamos incluido. Este Paradigmas lo ha hecho la juventud cubana, que ha convocado juventudes del resto de América Latina, nosotros solo los hemos acompañado. Ha sido una experiencia, hemos aprendido que a los jóvenes hay que dejarlos hacer y más allá que hacer, permitirles pensar, decidir.

–El evento está dedicado a los 60 años de la Revolución Cubana. Luego de estos tres días de constante intercambio con personas de diferentes países, ¿cómo cree que se percibe Cuba en el continente?

–Sigue siendo un paradigma para Latinoamérica y el mundo. No por gusto el presidente estadounidense Donald Trump ha recrudecido recientemente las políticas contra nuestra Isla. El debate constitucional ha refrendado que el pueblo tiene la posibilidad de tomar el futuro en sus manos, que está comprometido con la Revolución, con lo que han significado no solo los 60, sino los 150 años de la lucha revolucionaria.

Se transmite de muchas maneras, no solo en el discurso político. Quizás este sea el que peor lo hace, pero hay discursos desde lo moral y lo estético que transmiten la continuidad. Por eso tenemos que ver las formas simbólicas en las que se reproduce la Revolución Cubana y cómo llegan esos símbolos a los jóvenes, por ejemplo.

–Uno de los aspectos de los se ha hablado durante esta semana es la importancia de la educación popular en los procesos de rebeldía y en las revoluciones construidas desde abajo. ¿Se trabaja en Cuba con estas herramientas?

–En Cuba hay varias organizaciones que trabajan desde la educación popular, pero todavía seguimos apostando a espacios muy formalistas, que van contra la propia rebeldía del cubano. La educación popular es una oportunidad de transformar esos espacios formalistas a disfrutables.

Hacer revolución es muy difícil y conlleva muchos sacrificios. A veces tenemos prejuicios en mezclar la política con risas, música, pensamos que debe ser rígida y así perdemos a los jóvenes.

–¿Cómo se pueden comenzar a cambiar estos espacios formalistas por otros más participativos?

–Para ampliar los espacios que existen lo primero es visibilizarlos. Hemos trabajado con la Facultad de Comunicación porque en los medios no se da a conocer y es importante divulgar todo lo popular que se está haciendo en Cuba, que trasciende la educación.

Tenemos aprovechar las redes sociales, las nuevas tecnologías.

Desde todas esas plataformas tenemos que luchar contra las desigualdades, la chabacanería, la vulgaridad. No por la manera de decir, sino porque las personas que asumen comportamientos así viven en espacios incómodos, que propician la reproducción de estas maneras. Hay que combatir la pobreza y no solo la económica, también la espiritual, la moral.

–En varios momentos del debate se ha hecho referencia a que la revolución debe ser feminista. ¿Por qué la sinergia entre estos dos conceptos?

–Cuando hablamos de feminismo nos referimos a lo que comenzó con las luchas sociales anticapitalistas, con la organización del movimiento comunista internacional. Solamente porque hubo feminismo hubo revolución para las mujeres: la cultura burguesa es patriarcal.

La Revolución cubana dignificó a la mujer, fue feminista. En aquel momento no se le llamó así por cuestiones muy cercanas a la mirada prejuiciosa que tenían los partidos comunistas sobre el feminismo, pero la Revolución de Octubre también fue muy feminista. Puso en manos del Estado por primera vez en la historia de la humanidad demandas reivindicativas de las mujeres.

Debates en torno a la salud sexual y reproductiva, la libertad sexual, las responsabilidades en la crianza de los hijos, la revolución pensada desde lo cotidiano, desde lo diverso, los pone el feminismo.

Las mujeres en el contexto del capitalismo global neoliberal somos cada vez más excluidas. No se reconoce el trabajo doméstico, se usurpa y se negocia con el cuerpo femenino, se trata como objeto de placer. Entonces, no existe ningún proceso genuinamente radical y revolucionario si no dignifica a la mujer.