Barranquilla 2018: En defensa de nuestros atletas

Cuba venció soorpresivamente a México en el baloncesto. Foto: Roberto Morejón / Jit / Cubadebate

El himno nacional mexicano se ha escuchado más que otras veces en todas las instalaciones que acogen los juegos Centroamericanos y del Caribe, este extenso país de casi 120 millones de habitantes, desde el primer día de competencia se encaramó en la cima de la tabla de posiciones y se ha aferrado de tal manera que la avalancha de medallas doradas que van cayendo en los pechos de los atletas cubanos, en esta última semana, no ha logrado siquiera estremecerlo en lo más alto del podio.

A la hegemonía cubana en este tipo de eventos regionales sólo le quedan unas horas, el viejo reinado de la mayor de las antillas ha llegado a su fin y con ello, se cierra un capítulo glorioso en la historia deportiva cubana.

No es el objetivo de este artículo adentrarse en causas y efectos, en tácticas ni estrategias. No vengo a hacer análisis profundos ni leña con árboles caídos, ni voy a prender hogueras para quemar culpables y mucho menos alzar la bandera de la justificación y de la complacencia.

Hoy quiero alzar la voz para defender a los que lo ha dado todo en las canchas y en los terrenos de juego, a aquellos que se han levantado por encima de dificultades económicas y necesidades imperiosas en busca de sueños colectivos. A esos que pasan largas horas del día en entrenamientos prolongados, quien sabe bajo que condiciones desconocidas, alejados del calor familiar y de las actividades propias de la gente de su edad.

Quiero defender a esos que se inmolan por la patria, a los que lloran por vergüenza o alegría descontrolada cuando vencen o son vencidos por contrarios, a los que llevan la bandera de una sola estrella ondeando en lo más alto de sus deseos y sudan hasta el último segundo para tratar de levantarnos de nuestros asientos.

Quiero defender a nuestros atletas, a esos que están exentos de culpas y nada tienen que ver con retrocesos ni podios entregados, a los luchan con lo que tienen y no desmayan jamás en sus aspiraciones, a esos que fueron en busca de orgullos nacionales y se esforzaron al máximo para apuntalar nuestro prestigio internacional.

Hoy vengo en defensa de los nuestros, de aquellos que andan corriendo desde pequeños en pistas áridas, de los que han disparado sin balas o han entrenado con escasas pelotas, de esos que han aprendido técnicas de combate en suelos de cemento o de los que se pasan implementos deportivos individuales de mano en mano en hermandad eterna.

Hay que defenderlos, por encima de medallas ganadas o bajos rendimientos, más allá de lugares alcanzados o compromisos incumplidos, porque cada uno de ellos representa la esencia de nosotros mismos, nuestra sangre y nuestras tradiciones más puras.

Que no se ponga en duda el honor y la entrega con que han defendido el nombre de esta isla, hay que defenderlos y apoyarlos porque han hecho mucho con poco y eso merece respeto, reverencia, y aplausos prolongados. Nos vemos en el estadio.