Otro ejemplo del llamado fin de las ideologías

Por Abel Suárez Perdomo

El aniversario 70 de la victoria contra el fascismo ha suscitado un sinnúmero de trabajos periodísticos que han acaparado la atención de grandes audiencias. Pero hay hechos que, como siempre, pueden pasar inadvertidos ante los ojos del público y sin embargo encierran particular relevancia por sus significados.

Resulta que en días previos a estas celebraciones, “casualmente” el Parlamento ucraniano aprobó una ley que prohíbe la propaganda comunista y nazi así como los símbolos de estas dos ideologías. Según el texto, que todavía tiene que ser aprobado por el presidente Petro Poroshenko, los monumentos dedicados a los dirigentes soviéticos, entre ellos varias estatuas de Lenin, tendrán que ser desmontados y habrá que cambiar el nombre de las localidades, calles o empresas, cuyos nombres hagan referencia al comunismo.

A esto se suma que en Ucrania ya no se utilizará el término Gran Guerra Patria para referirse a la batalla liderada por la Unión Soviética contra el fascismo, ahora se ha de llamar Segunda Guerra Mundial como en los países occidentales.

Así, entonces, se nos presenta ante nosotros un claro ejemplo de desmontaje de la historia, de los más genuinos valores patrióticos de un pueblo. De hasta dónde pueden llegar los más obcecados representantes de la ideología imperialista que nunca han cejado en su empeño por borrar el papel del Ejército Rojo en Europa y más aún en los países que formaban las exrepúblicas soviéticas; sometidas desde 1991 a un feroz plan de “desovietización” que busca europeizarlas, incorporándolas incluso en sus tratados regionales y hasta en la Otan.

El hecho es que desde la aprobación de dicha ley, comenzaron a realizarse actos vandálicos contra la ideología comunista en Ucrania. Tal es el caso del desmontaje de tres monumentos de dirigentes comunistas en la ciudad de Járkov, principal ciudad industrial del este ucraniano y por demás de mayoría rusa entre su población.

Los monumentos fueron desmontados por jóvenes encapuchados, según un video en la red social YouTube, de un movimiento proucraniano de Járkov llamado Nakipelo (“Estamos hartos”).¹

Al ver tal material fílmico no puedo sentir otra cosa que repulsa y pena por dichos jóvenes llevados a destruir su propia historia, sus raíces, por infundados y manipulados sentimientos nacionalistas. Es el resultado también de intensas campañas mediáticas insertadas en operaciones de Guerra No Convencional.

Para los pueblos tiene que ser obligada la recurrencia al estudio de su historia, tener siempre encendida la llama de sus raíces, es la savia de donde beber para vivir su presente y ver su futuro. No puede ser como nos quiso transmitir el presidente Obama en la pasada Cumbre de las Américas, solo mirar el futuro y que la historia sea cosa del pasado.

Por mucho que los medios de prensa se empeñen en querer demostrar lo contrario, el comunismo, el socialismo, no murió con la caída del muro de Berlín en 1989, ni con el desplome del campo socialista en 1991, ni mucho menos con el llamado fin de las ideologías o de la historia.

Sigue hoy presente con el ejemplo de Cuba y países como Venezuela o Ecuador, empeñados todos en continuar su obra social en beneficio de las mayorías sin dejar a un lado su dignidad, su historia siempre presente.

(Tomado de Cuba Defensa)