Al mismo tiempo 70 aviones de la Fuerza Aérea rusa sobrevolarán la heroica ciudad de Sebastopol, en Crimea, y 10 buques de la flota del Mar Negro se alinearán en la parte central del puerto, junto al legendario velero escuela Kruzenshtern, el “invitado de honor”, que se ha desplazado por primera vez a Crimea desde el Báltico, para conmemorar los setenta años de la liberación de la ciudad de los ocupantes alemanes.
Se dice que los desfiles no ganan guerras, y de seguro la gran em-prensa internacional tratará de tergiversarlo todo, como ha hecho hasta hoy con los acontecimientos en torno a Ucrania. Lo cierto es que no hay para el mundo actual un momento de mayor simbolismo que el de este próximo 9 de mayo.
Cuando pareciese que el Frankestain de Hitler, ahora cosido y animado por Estados Unidos y la OTAN, intenta abrirse camino nada más y nada menos que desde el fondo de Ucrania hacia las fronteras rusas, es bueno que Moscú y Sebastopol le recuerden a unos y a otros lo sucedido hace exactamente 69 y 70 años, respectivamente.
Sebastopol en el camino hacia Berlín
El heroico desembarco anfibio de las tropas soviéticas en el sector noreste de Crimea, tras cruzar el Mar de Azov a fines de 1943, es el preámbulo de la batalla por el importante puerto de Sebastopol, situado en el extremo suroeste de la península.
La operación fue exhaustivamente preparada por la dirección política y militar soviética. El 8 de abril de 1944 el Cuarto Frente Ucraniano del Ejército Rojo lanzó todo su poderío contra el 17° Ejército alemán del Grupo de Ejércitos Sur de la Wehrmacht.
Los soviéticos avanzaron apoyados por una visible superioridad numérica en hombres y sobre todo en la aviación de combate, que constantemente ablandaba las posiciones defensivas de los alemanes y dificultaba su precipitada retirada. El Ejército Rojo contaba además con la ayuda de los partisanos (guerrilleros) soviéticos locales que desde mediados de 1942 habían ocupado las montañas del centro de Crimea.
El alto mando alemán ordenó al 17° Ejército concentrarse en la defensa de Sebastopol considerado una potente fortaleza fascista. La misión era no abandonar y defender la plaza a cualquier costo, pero ya era tarde. Los soviéticos habían destruido los aeródromos enemigos en las afueras del área urbana, y los restos del 17° Ejército se lanzaron a combatir dentro de la urbe sólo para proteger su evacuación por mar.
El 9 de mayo de 1944 el Ejército Rojo entraba al puerto de Sebastopol, y el día 12 todas las instalaciones portuarias quedaron en poder de los soviéticos. Se calculan en unos 97,000 hombres perdidos por los alemanes entre muertos, heridos y prisioneros, incluidas las dos divisiones rumanas que participaron en los combates junto al 17° Ejército fascista.
La URSS recuperó Crimea y obtuvo así una importante base de ataque para sus aviones y buques contra el Grupo de Ejércitos Sur de la Wehrmacht, y al mismo tiempo tenían a tiro los campos petrolíferos de Ploiesti en Rumania y sus costas del Mar Negro. La victoria en Sebastopol fue rotunda, el camino hacia Berlín se hacía más corto.
Pero la Gran Guerra Patria se extendería todavía durante casi un año de cruentos combates, hasta la liberación total del territorio de la URSS, y el avance ya indetenible del Ejército Rojo hacia la guarida fascista.
El 1ro de mayo de 1945, un día después del suicidio de Hitler, los soviéticos dieron la estocada final a los nazis. El último asalto a la parte central de Berlín duró hasta la madrugada del día 2. Al amanecer todos los locales de la Cancillería Imperial estaban tomados por el Ejército Rojo. Cerca de las 3 de la tarde los más de 134 mil efectivos que pertenecían a la desvencijada guarnición de Berlín se rindieron.
El 8 de mayo, a las 10 y 43 de la noche, hora de Berlín (ya eran las 12 y 43 del día 9 en Moscú), el general mariscal de campo Wilhelm Keitel firmaba ante los soviéticos el Acta de Capitulación Incondicional de Alemania.
Los desfiles no ganan guerras, pero…
Ningún país hizo tanto ni ofrendó tanto por la victoria contra el fascismo como la URSS y los pueblos que la componían. La historia no puede olvidarse jamás.
Por grandes que hayan sido los cambios acaecidos en el mundo después de la desintegración de la Unión Soviética, nadie tiene el derecho a instigar el enfrentamiento entre pueblos hermanos de sangre, sobre todo cuando en la base de los supuestos conflictos actuales subyacen las mismas ideas fascistas que en un pasado no tan lejano les unió en una sola trinchera.
Efectivamente, los desfiles no ganan guerras, pero recuerdan, a veces con toda crudeza, el precio de la victoria y la gloria de los vencedores. Que nadie se equivoque: Sebastopol y Moscú tienen mucho y porqué celebrar este 9 de mayo.