Siete cosas que todos tenemos en casa podrían proceder del trabajo infantil, remarca una autorizada agencia internacional recordando que más de 250 millones de niños en el mundo deberían estar jugando y no lo hacen. Es el equivalente a la mitad de la población de la UE (Fuente: El País).
Guillermo TellVale el recurso al que recurre para continuar sensibilizando sobre un extendido fenómeno denunciado y condenado, que priva a la niñez de los derechos a la protección, la salud, educación y el juego, con graves amenazas para sus propias vidas y futuros, allí donde carecen de legislaciones que los salvaguarden y gobiernos venales cierran los ojos a explotaciones empresariales y familiares.
En una apropiada invitación a la reflexión la OIT identifica como los siete bienes de consumo, potencialmente marcados por el trabajo infantil a la batería del móvil, tableta o portátil hecha de cobalto, la taza del café mañanero, o el té, el modelito de ropa, la sombra de ojos del maquillaje, la joya de oro, y los vegetales de la despensa.
Según dicha Organización, de los 264 millones de niños de 5 a 17 años de edad, citados, 85 millones lo hacen en las peores formas, situaciones de esclavitud, explotación sexual, reclutamiento para conflictos armados, tráfico de menores y trabajos peligrosos.
¿Habrá que certificar los bienes de consumo diario, exentos de tan repudiables abusos?