Una madre de 29 años de edad falleció este martes en un "aparente accidente" ocurrido en el Walmart de Hayden, Idaho, al recibir un disparo de su hijo de dos años de edad, quien tomó el arma que estaba en el bolso de la madre, mientras estaba sentado en el carrito de compras. (Fuente: CNN)
Guillermo TellLa mujer que recibió el disparo por accidente. Foto: CBS.
El trágico suceso, entre los que enturbiaron los últimos días del año que acaba de terminar, podría calificarse de insólito si no fuera porque a la altura actual de la irrefrenable propagación de armas de fuegos en posesión de cualquier persona en Estados Unidos, manifiesta una cotidiana peligrosidad sin límite.
De acuerdo con las investigaciones policiales, la fallecida, quien había entrado a hacer compras en un establecimiento de la cadena comercial, en Hayden, en el estado Idaho, disponía de permiso para portar el arma, en uno de los territorios en los que más se conceden.
Instituciones estadounidenses que libran campañas para limitar la venta libre de esos artefactos calculan que en el 40 por ciento de todos los hogares hay algún tipo, la cuarta parte pistolas, con alto riesgo para menores de 14 años que constituyen más del 20 por ciento de las muertes por disparos accidentales.
Esta vez, sin embargo, el victimario fue una criatura demasiado precoz, inocente, que como muchas van creciendo en el seno familiar acompañados de la visión de las armas, una presencia corriente, hasta la adolescencia, etapa en la que se dan los episodios más sangrientos, como los que han sacudido al país en las últimas décadas.
Puede esto último resulte el potencial desenlace de un proceso de afición por las armas inculcada por patrones de conducta de adultos, y propiciada por poderosas firmas, que pagan a grupos de influencias del Congreso, para continuar en alza, comerciando con la letalidad a domicilio.