El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, pidió perdón este lunes, en una conferencia de prensa en Kabul, por la muerte de nueve niños afganos la semana pasada en un bombardeo de la OTAN, afirmando que lo ocurrido le "parte el corazón". (Fuente: AFP)
Guillermo TellSi en verdad el jefe del Pentágono en nombre de cuyo gobierno imperial actúa, fuera esa alma tan sensible que se empeña en mostrar para consumo de la propaganda mediática afin, no estaría tan metido hasta el cuello en una guerra de intervención que dura ya casi una década que sólo le ha reportado al pueblo afgano indescriptibles sufrimientos, entre muertes por miles, mutilaciones, torturas y humillaciones de todo tipo. Tampoco su intento de quedar bien en pocos minutos ante los focos mediáticos, garantiza en lo absoluto que familias enteras, incluido niños mujeres y ancianos quedarán en lo adelante protegidos de los bombardeos sistemáticos sobre poblaciones civiles, para mantener una ocupación sin visos de éxito militar.
Las lágrimas de Gates son como su corazón, de cocodrilo.