Pero muy probablemente la presión lo haya amedrentado y en las Olimpiadas tales deslices se pagan caro. Con unos pobres 163 kilogramos en el arranque, partía en franca desventaja hacia el envión, su modalidad más fuerte. Tan fuerte -aclaro- que se encuentra entre las dos o tres mejores del mundo.
Pero tampoco alcanzó su tope de 210 kilogramos, y con 205 apenas totalizaba 368. Hubo, en el envión, cinco hombres con mayores cifras que el cubano. Su fallo, en el primer intento del arranque, debió haberlo trocado, debió haber roto su plan táctico.
Para que se tenga una idea: su total es de 383 kg, y el polaco Adrian Zielinski obtuvo el título con 385. La plata fue para el ruso Apti Aukhadov, también con 385, y el bronce recayó en el iraní Kianoush Rostami, con 380.
Pero el deporte es así, un juego de azar. A veces da segundas oportunidades. A veces no.
Foto: Ricardo López Hevia
Foto: Ricardo López Hevia
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