La victoria de Lula derrota el autoritarismo

Celebración de la victoria. Foto: EFE

La victoria en las elecciones de 2026 de Lula, electo presidente por cuarta vez, representa un punto de inflexión en la historia reciente de Brasil. El resultado de las urnas simboliza la derrota de un proyecto autoritario y la reafirmación del compromiso con la democracia y la justicia social.

La derrota en 2022 de Jair Bolsonaro, primer presidente en perder una reelección desde la institución de ese mecanismo electoral, fue un golpe significativo para la extrema derecha brasileña. Sin embargo, resulta crucial distinguir la derrota electoral de Bolsonaro del fin del bolsonarismo como fuerza política. Ese movimiento sigue siendo influyente y exige una vigilancia constante de las fuerzas democráticas. La victoria de Lula, obtenida por un margen estrecho (51% por 49,1%), impone la necesidad de restaurar la plena vida democrática y la armonía entre los poderes.

El tercer mandato de Lula estuvo marcado por una agenda sólida de políticas sociales que rescataron conquistas históricas. Brasil volvió a salir del Mapa del Hambre de la ONU, y la pobreza extrema descendió a niveles históricos con la salida de millones de personas de esa condición. La tasa de pobreza general retrocedió de 31,6% en 2022 a 23,1% en 2024, mientras que la renta per cápita de los más pobres aumentó 13,2%. La valorización real del salario mínimo, con incrementos por encima de la inflación, y la ampliación de la exención de impuestos a las entradas a quienes ganan hasta 5 000 reales, le inyectaron poder adquisitivo a la economía. Además, políticas como la Ley de Igualdad Salarial entre los géneros y el programa Pé-de-Meia, que incentiva la permanencia de los jóvenes en la escuela, son prueba de un compromiso con la reducción de las desigualdades estructurales. Se añade a lo anterior el programa Desenrola, de alivio a los endeudades y el fin de la escala de trabajo 6x1. En Amazonia se produjo una significativa reducción de la deforestación.

No obstante, le faltaron a la gestión que termina dos propuestas que hizo Lula la noche de su toma de posesión el 1ro de enero de 2023: el incentivo a los movimientos populares a través de un intenso trabajo de educación popular y la inversión en las redes digitales. La Secretaría General, que debía establecer la articulación con los movimientos sociales, no logró llevar al pueblo a las calles y contó con escasos recursos para la educación popular. Y la Secretaria de Comunicación tuvo que aprender ahora, en la segunda vuelta de la campaña electoral, lo que es actuar en las redes digitales, gracias al mando del diputado André Janone. Espero que ocupe una posición destacada en el área de comunicación de la gestión que se inicia en 2027.

Como hace tiempo no se veía en Brasil, la juventud volvió a las calles. Es un fenómeno que se repite en Portugal, España, Francia y Bélgica. Los partidos progresistas tienen ahora el desafío de darle consistencia política a esa marea juvenil. No puede repetirse el error de 2013, cuando los jóvenes salieron a las calles para protestar contra el aumento de los billetes de ómnibus. Ningún sector progresista supo canalizar políticamente aquellas manifestaciones que, manipuladas por la derecha, desembocaron en el impeachment de Dilma.

La victoria de Lula tiene un impacto inmediato en la geopolítica regional. En un continente que es testigo de una nueva ola de gobiernos de derecha, Brasil se consolida como un contrapunto y un freno a los proyectos alineados a Washington. El liderazgo brasileño es fundamental para reactivar la integración regional del MERCOSUR y el fortalecimiento de la CELAC, y para fragilizar el bloqueo de la Casa Blanca a Cuba.

En el escenario global, Brasil ha retomado un protagonismo perdido. La política exterior de Lula prioriza la reforma de la gobernanza global y la cooperación Sur-Sur. La presidencia del G20 en 2024 lanzó la Alianza Global contra el Hambre y la Pobreza al reunir a más de 200 miembros. La presidencia del BRICS en 2025 reforzó la articulación a favor de un mundo multipolar y menos asimétrico, y la defensa de reformas en instituciones como la ONU y el FMI. El país también actúa como mediador en conflictos y defiende la creación de un grupo de países neutrales para promover negociaciones de paz, con lo que consolida su credibilidad internacional.

En resumen, la victoria de Lula representa la derrota del autoritarismo, el reunicio de conquistas sociales que ponen de nuevo a Brasil en el camino de la reducción de las desigualdades y la reinserción del país como un actor central y soberano en el escenario internacional, con un proyecto de desarrollo que prioriza la justicia social y la cooperación multilateral

 

Frei Betto es autor, entre otros libros, de Anatomia do poder (Vozes).