¿A dónde van los conciertos?

Silvio Rodríguez, durante el cierre de gira en Madrid, el pasado 4 de octubre. / Madrid Arena

Un concierto no es sólo una suma de canciones, un concierto es también una sintaxis y compone un texto único. Vengo a contar una lectura, cabrán olvidos pues nada fue anotado y la memoria queda atravesada por las cosas repentinas que se cruzan.

Vengo a hablar del concierto de un poeta cantor, un trovador. Vaya por delante el reconocimiento de lo ya gozosamente conocido, cómo su arte produce formas nuevas de experimentar la vida, cómo ocupa el momento intransitivo y entonces lo que es, es, por ejemplo, su manera de construir una belleza electrizante y a la vez equilibrada, de jugar, de recordar que, según dijo una vez, “usamos la misma piel para amar que para defender lo que creemos”, cómo logra que la bondad no se avergüence. Vaya también por delante una banda de instrumentistas excepcionales.

Vengo con un comentario de texto, subjetivo, franco, escrito sin pretensión alguna de dar por buena mi interpretación, pero también sin renunciar a lo que pude acertar leer en medio de un contexto. El concierto de Silvio Rodríguez, final de una gira por numerosas ciudades, tiene lugar en Madrid el 4 de octubre de 2026.

Imagino el dilema de un trovador cuyo país está siendo estrangulado ante el silencio institucional del país que le recibe para una gira de conciertos. El trovador quiere mantener vivo el sentido de su arte. Al mismo tiempo, no quiere guardar silencio. De modo que elige hablar del y para el mundo, no sólo de y para su país.

Porque viene de una revolución mucho más acostumbrada a dar que a pedir. Como su tarea es la poesía cantada, asigna a la poesía la tarea del ángel que pasa por los silencios dando voz a las ausencias presentes.

Comienza con esa canción extraña y clara, Historia de las sillas: “El que tenga una canción tendrá tormenta, / el que tenga compañía, soledad. / El que siga buen camino tendrá sillas / peligrosas que lo inviten a parar”.

Imagino el dilema de un trovador cuyo país está siendo estrangulado ante el silencio institucional del país que le recibe para una gira de conciertos

Las canciones se cantan, no se interpretan; cuando se escribe sobre ellas apenas cabe rememorar el pensamiento sentido, o viceversa, con que se escucharon. El sentimiento pensado con que se escuchó conduce a un nudo del ánimo, allí donde el deseo de pararse y olvidar vive con el deseo de hacer lo que debemos hacer.

Porque en la vida no se es algo, ni siquiera los países son algo, revolucionarios, luchadores por la justicia, gozadores o todo a la vez, sino que en la vida se está, y los estados pasan o se mantienen. Que levante la mano quien no haya querido dejarse mecer sin navegar.

Después el trovador lee una cita de José Martí. Es una cita conocida y el trovador pide reparar también en la última de las tres líneas: “Ser bueno es el único modo de ser dichoso. Ser culto es el único modo de ser libre.

Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. Miro al público, ¿estará pensando lo que estoy pensando? La frase se puede leer de muchas maneras, puede hacer pensar en las rectificaciones, en la necesidad de introducir estímulos en los proyectos revolucionarios para empujar una economía que no vive en una urna de cristal sino en una isla rodeada de capitalismo por todas partes.

También puede hacer pensar en el hoy, en que se está impidiendo con chantaje y violencia que en la isla de Cuba hagan uso de sus recursos de tal manera que prosperidad y vida se tornan casi imposibles y por tanto, si el chantaje no cesa, puede llegar un día en que se impida también el ejercicio del derecho elemental a elegir los propios valores.

A la cita le sigue la canción Ala de colibrí, “por tanta noche, por el sol diario, en compañía y en solitario”. Llega Sueño con serpientes: “Oh, la mato y aparece una mayor, / oh, con mucho más infierno en digestión”.

Cada cual imagina, supongo, su serpiente; muchas personas en el público imaginarán además las serpientes de esa isla cuyo pueblo tomó su Bastilla y desde entonces el acoso de las serpientes no ha cesado, así se cantará luego: “Me acosa el carapálida que carga sobre mí, /sobre mi pueblo libre, sobre mi día feliz”.

Llegan canciones nuevas y otras con muchos años. Llega el momento de Palestina precedido por un poema de Luis Rogelio Nogueras: “Pienso en ustedes y en vuestro largo y doloroso camino / desde las colinas de Judea / hasta los campos de concentración del III Reich. / Pienso en ustedes / y no acierto a comprender /cómo / olvidaron tan pronto / el vaho del infierno”.

Hay quien legítimamente dice que el mal, el daño sufrido no debería ser escuela de nada. Se puede aceptar la idea y, al mismo tiempo, afirmar que el mal, el daño sufrido no puede ser justificación de quien lo inflige luego a población inocente. El público tras este poema se alza, grita por Palestina, enarbola banderas.

Y es probable que piense también en un recuerdo: el momento en que España fue dejada sola y al mismo tiempo no lo fue. Cuando un sector del Ejército dio un golpe de Estado fascista apoyado por Estados fascistas muchos países lo consintieron, se lavaron las manos, no hicieron nada durante los tres años en que la República española, el sistema político legítimo, resistió hasta ser abatida. Muchos ciudadanos de esos países sí acudieron, en cambio, a luchar con la república y a defenderla.

Son momentos de emancipación en Madrid y en otras ciudades. Son días de rebeldía que forjarán un nuevo internacionalismo

Me pregunto entonces si la institucionalidad de nuestro país cabría un tanto en ese poema; no las personas, no las organizaciones de solidaridad, sí, insisto, las instituciones de un país que ahora ven cómo estrangulan a un país hermano, y callan y no actúan.

Pienso en qué estarán haciendo ahora los más de doscientos estudiantes de Palestina becados por Cuba en 2024 para formarse como profesionales de la salud, continuando así con un programa de años y de miles de becas. ¿Qué pensarán de su destino? Haber escapado de una Gaza masacrada, y que el gobierno de los Estados Unidos haya convertido al país de acogida en –son palabras de Silvio Rodríguez– una “Gaza silenciosa” sobre la que está aplicando un plan de exterminio con consecuencias tales como que sólo el treinta por ciento del cuadro de medicamentos esté disponible en toda la isla.

Canta el trovador: “Debo dejar la casa y el sillón. / La madre vive hasta que muere el sol / Y hay que quemar el cielo, / si es preciso, por vivir, / por cualquier hombre del mundo, / por cualquier casa”.

Son momentos de emancipación en Madrid y en otras ciudades. Son días de rebeldía que, se anhela, forjarán, entre otras cosas, un nuevo internacionalismo en esta tierra.

Al rato, solos, Niurka González, Malva Rodríguez González y Silvio Rodríguez interpretan, como un dardo y una luz, La belleza, de Aute: “Míralos como reptiles / al acecho de la presa / negociando en cada mesa / maquillajes de ocasión / … / No rozaron ni un instante / la belleza”.

Los acordes de El necio resonarán con la misma nitidez de su “para darme un rinconcito en sus altares, / me vienen a convidar a arrepentirme”. La respuesta se escucha todavía: “yo me muero como viví”.

Tomado de (CTXT Contexto y Acción)