Hasta siempre, amigo: Homenaje a Eusebio Leal en su 84 aniversario

Foto: Cortesía de la fuente

Palabras de Roberto Chile en el acto de homenaje al insigne historiador Eusebio Leal en el 84 aniversario de su nacimiento.

11 de septiembre de 2026

Quiero comenzar esta breve intervencion parafraseando una cancion del trovador Silvio Rodriguez: "Quién fuera". Y digo: ¡Quién fuera el mitico Leal! ¡Quién fuera como él, un gran orador!

Hace años, mi hijo Daniel, con esa curiosidad tan genuina de los adolescentes, me pregunto: “Papa, ¿como hablaba Marti?”. La pregunta me sorprendio, pero la respuesta me llego como un destello. Le dije: "Daniel, escucha a Eusebio Leal cuando su voz se enciende en la tribuna. Asi hablaba Marti".

Porque Eusebio no hablaba, declamaba; no alertaba, convencia; no emocionaba, estremecia. Quienes tuvimos el privilegio de escucharlo mas de una vez sabemos que su palabra era fuego vivo, leccion magistral, canto a la vida. Era como si en su garganta resucitara la voz del Apostol. Declamaba la historia como quien recita un poema épico, y cada piedra de La Habana, cada rincon de Cuba, cada suceso de la historia, cobraban bajo su aliento una musicalidad y una espiritualidad unicas. Escucharle no era una emocion pasajera, era un latir que nos sacudia el alma, porque en su palabra palpitaba la esencia de nuestros origenes, nuestras penas mas hondas y nuestras esperanzas, quebrantadas unas, otras mas vivas que nunca.

Leal a la Patria, al trabajo y a la virtud, Eusebio supo ganarse el afecto y la admiracion del pueblo cubano, entre otros méritos, por su ingenio y maestria al rescatar de la ruina y el olvido tantos espacios emblematicos de la capital y sus contornos. Ese hombre, que tanto nos entrego, nos lego una obra de piedra, de letras y de espiritu. Pero su huella mas perdurable no reposa solo en los muros restaurados ni en los libros escritos, sino en la conciencia que supo despertar con su ejemplo de humanidad, de amor al projimo y de consagracion al trabajo creador, y en la certeza que sembro en lo mas hondo de nosotros de que la identidad se fragua en el amor a las raices, y de que la defensa del patrimonio es, en esencia, acto de soberania y resistencia. Por ello, al evocarlo, asumamos el compromiso de proseguir soñando y luchando por una Cuba prospera, más justa, más libre y más humana.

Esta fotografia, tomada por mi en la Plaza de la Revolucion el Primero de Mayo de 2013 durante el desfile del pueblo habanero, aparece en el libro Nuestro amigo Leal de Ediciones Boloña, junto a estas palabras que escribi para él, y que en su brevedad resumen mi sentir:

“Aunque no poseo el don de la oratoria y la escritura, podria pasar horas elogiando a quien con perseverancia y pasion ha empleado toda su vida en levantar de las ruinas espacios que parecian insalvables, y hoy devienen majestuosos monumentos de la historia, la cultura y la vida de la nacion cubana. Pero no, que sea la Ciudad quien lo premie, la Patria quien lo honre y Dios quien lo bendiga. Ya aparecera la mano virtuosa, que en vida y no después, lo funde en bronce o lo talle en piedra y lo plante en el centro de la ciudad para que su efigie, y no solo su alma, permanezca eternamente entre nosotros. Asi quien visite la hermosa capital podra estrechar su mano y ofrendarle una flor”.

Transcurrieron algunos años, y lo que entonces fue un anhelo, o acaso una profecia, es hoy, por fortuna, una realidad. Las manos virtuosas del escultor José Villa y su colaborador Gabriel Cisneros modelaron el bronce, aunque no en vida como hubiéramos deseado. Quiso el destino que fuera para la memoria y la posteridad. Y ahi esta la efigie de nuestro insigne historiador, plantada a las puertas de este museo que custodia su alma inmortal, velando por la calle de madera y la puerta que tantas veces transito -y cruzo- en su cotidiano peregrinar.

Hoy al salir, podremos ofrendarle la flor de nuestro eterno reconocimiento y expresarle en silencio nuestra infinita gratitud.

¡Hasta siempre, amigo Leal!

Foto: Cortesía de la fuente

Foto: Cortesía de la fuente