Las transformaciones son un sistema

En tiempos dorados del pensamiento revolucionario un pionero de la inteligencia artificial cubana, el Prof. Dr. Luciano García Garrido, escribía una definición académica del concepto de sistema: “Un sistema S es un conjunto no-vacío de elementos y un conjunto no-vacío de relaciones definidas entre dichos elementos.”(García, 1970) Tales ideas habían nacido desde el siglo XIX con el estudio de la termodinámica por el francés Carnot para los conjuntos de elementos que solo con ciertas relaciones entre ellos podían hacer trabajar a una máquina de vapor. Si no existen vínculos especiales entre el calor que se genera en una caldera, el agua que se calienta, el vapor que se produce y el pistón o la turbina que pueden ser movidos por ese vapor, la máquina no trabaja. El “sistema” máquina no existiría. Se trata de algo que cumple con la definición que nos generalizó Luciano un siglo después.

Este concepto ha tenido éxitos impresionantes para ayudar a conocer y transformar el mundo. Se aplica a todo porque tiene la virtud de que no obliga, sino que ayuda. Podemos definir como sistema tanto a la máquina de vapor, como a un avión, como a una facultad universitaria, como la economía de un país. En este último caso, los elementos principales son las personas que viven en ese país, sus relaciones para la producción de valor y, por supuesto, las formas en las que ese valor se realiza e intercambia para suplir las necesidades de las esas personas.

El sistema de la economía cubana se estructuró hasta los principios de la década de los años 60 del siglo XX en un esquema donde el valor se producía determinado por el gobierno ciego del mercado y de las personas poderosas que determinaban en ese mercado en Cuba y en extranjero. Como producto de los éxitos que se informaban de la organización económica de la Unión Soviética y de las democracias populares surgidas al final de la 2da Guerra Mundial este esquema se transformó para otro donde el mercado veía minimizada su influencia dando paso a un gobierno centralizado de la economía durante más de 30 años, hasta la última década del pasado siglo. Pero esa organización del sistema económico resultó insuficiente en el devenir histórico para mantener a flote un sistema de justicia social como el que se pretendía construir en esos países, con los que estábamos muy interconectados. Las competencias tanto económicas como políticas de sistemas incomparablemente más injustos resultaron vencedoras, al menos entonces.

El sistema económico cubano, que se había ido construyendo bajo esos principios y de forma complementaria con aquel bloque, colapsó. Por muchas razones, nuestro país no resiste un esquema autárquico para la gestión económica, como si pudo resultar viable en la URSS durante décadas. En unos pocos años, el valor económico volvió a medirse en Cuba gracias a la introducción de un referente monetario extranjero. Tan pronto como en 1994 la economía salió de la caída libre para recomenzar un crecimiento. Esto tuvo que ocurrir manteniéndose un esquema de gobierno centralizado indispensable en las condiciones de cerco político impuesto por el país cuya economía resulta el complemento natural de la cubana.

Lo que ha ido ocurriendo con nuestro sistema económico en los años más recientes será mejor generalizarlo una vez que se puedan observar resultados de las coyunturas actuales, que resultan extremas. Un punto de inflexión en lo conceptual, sin embargo, resultan ser las 176 transformaciones acordadas por los órganos de gobierno del país recientemente, después de un largo período de reflexión popular y gubernamental.

Se ha ido haciendo habitual que se elaboren acciones gubernamentales transformadoras en forma de lista de medidas donde el hilo conductor es siempre un propósito mayor. Así ocurrió con los “Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución”, acordados y modificados desde hace varios lustros por el Partido Comunista de Cuba. Se presupone que ese hilo ha sido llevado por un grupo de expertos que le dan unidad y coherencia interna a la lista. La gran conveniencia es que en forma de lista de propósitos se puede controlar mucho mejor su cumplimiento.

Así se ha procedido con las 176 transformaciones de este mes de julio de 2026.

Es preciso apuntar que en este caso el concepto de sistema cobra una importancia muy relevante. Se trata de una transformación formal de un esquema económico que ya se había venido transformando en gran medida sin el debido reconocimiento y control. Es preciso que las transformaciones se constituyan como sistema reconociendo sus vínculos internos. Pueden controlarse aisladamente, pero es imposible que tengan éxito si no se establecen tales vínculos y condicionamientos.

Un ejemplo reciente lo tenemos en la medida del aumento del salario del sector presupuestado y de las pensiones. En las condiciones de un valor de cambio del peso cubano determinado por un mercado que abarca casi todos los elementos del consumo de la población y que se ha devaluado en más del 2000 % desde enero de 2021 se procede a un aumento de cerca del 30 %, que es siempre bienvenido después de más de 5 años de congelamiento. En las condiciones actuales, no es correcto decir que el peso ha perdido valor en un 2000 % porque los tributos fiscales, la energía eléctrica y las comunicaciones, entre otros importantes factores de la economía popular, han mantenido relaciones bastante comparables con los de 2021. Pero tampoco es correcto pensar que con un aumento del 30 % se esté haciendo la transformación verdaderamente necesaria que demanda el sistema. No parece ser ese aumento el que resuelva la gran disparidad de ingresos entre el sector empresarial, sobre todo el privado, y el bien amado sector presupuestado con las joyas de la Revolución: la salud y la educación, libres, universales, gratuitas y democráticas para todos los cubanos.

El problema hay que verlo como un sistema donde el valor económico tiene que expresarse en cifras que permitan realizar un verdadero gobierno y una verdadera evaluación de la economía. Restablecer el valor y la confianza en el valor del dinero como expresión del valor económico es un paso condicionante para casi todas las transformaciones previstas. Si eso no se tiene en cuenta, el sistema no puede funcionar.

La máquina de vapor no se opera solo produciendo calor, ni solo calentando agua, ni solo produciendo vapor, ni solo moviendo pistones o turbinas. Hay que hacerlo todo como el sistema que es, igual que nuestra economía.

Referencia
García, L. (1970). Sistemas, modelos y teorías. Pensamiento Crítico, (47), 6-19.