Cabe hoy regresar a Simón Bolívar, pionero del pensamiento antimperialista de nuestros pueblos, y recordar su alerta al coronel Patricio Campbell, en fecha tan temprana como el 5 de agosto de 1829, que: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias, en nombre de la libertad.”
El país que en los primeros años del siglo XIX se sugestionó en el espíritu del Destino Manifiesto, instrumentó la Doctrina Monroe, la política de Fruta Madura en el caso de Cuba, y comenzó su expansión territorial a costa de México, proclama en nuestros días la vigencia de tales ideas, ahora acompañado de una exhibición de poderío militar que erróneamente consideran invencible. Como dijera Fidel al derrotar con 300 hombres en la Sierra Maestra la ofensiva militar de 13 mil efectivos del ejército de Batista apoyados con aviación, blindados, marina y artillería, lo que vale son las ideas del hombre que sostiene el arma.
Las gestas de independencia de América despertaron la idea emancipadora en Cuba. Los más resueltos defensores de la libertad en la Isla, tomaron como referencia inspiradora a México y Venezuela y hacia ambos países se dirigieron en busca de apoyo. La dinámica histórica del desarrollo y consolidación de las nacientes repúblicas americanas los absolvió, y en ellas, una buena parte de aquellos hombres, entregó su vida. Veinte cubanos alcanzarían en México los grados de generales en las luchas por la consolidación de la independencia y el rechazo a las invasiones texanas, estadounidense y francesa. Cientos de cubanos viajarían a Venezuela y a las órdenes del Libertador pelearían en Pichincha, Junin, Carabobo, Ayacucho, entre otras gloriosas batallas de la independencia americana.
Muchos entregaron la vida. Sus nombres, permanecen, aún, en el anonimato. Una historia de hermosa solidaridad poco conocida, en la que Puerto Rico, Cuba y América, se abrazan. Bolívar soñó con la Gran Patria Americana y realizó varios proyectos para lograr la independencia de Cuba y Puerto Rico. Su temprana “Carta de Jamaica” o “Contestación de un americano meridional a un caballero de esta isla” de 6 de septiembre de 1815, así lo patentizaba:
“Las islas de Puerto Rico y Cuba que, entre ambas, pueden formar una población de 700 a 800.000 almas, son las que más tranquilamente poseen los españoles, porque están fuera del contacto de los independientes. Más, ¿No son americanos estos insulares? ¿No son vejados? ¿No desean su bienestar?”
La agenda secreta del Congreso Anfictiónico de Panamá, redactada por El Libertador el 15 de mayo de 1825, sería precisamente el debate del destino de las dos islas. Pretendía que se lograse un acuerdo con México y Centroamérica para “…adoptar medidas respecto a las islas de Cuba y Puerto Rico, y en caso de que se resolviese emanciparlas, atender a su destino futuro: si deberían agregarse a algunas de las nuevas repúblicas o dejar que se constituyan independientes.”
En junio de 1826 tuvo lugar la reunión del Istmo. El general puertorriqueño Antonio Valero de Bernabé y Pacheco se encontraba en Panamá con fuerzas de una división. Los cubanos pensaban que su presencia militar se relacionaba con la proximidad de la invasión a la isla. Pero Washington presionó tremendamente para que no se alterase el statu quo de Cuba y Puerto Rico. El presidente John Quincy Adams en el Mensaje del Año a la Unión Americana había manifestado, referente al tema de la invasión a Cuba y Puerto Rico, que era “…innecesario detenerse en este particular ni decir más, sino que todos nuestros esfuerzos con referencia a este interés, se dirigirán a conservar el estado actual de las cosas, la tranquilidad de aquellas islas y la paz y seguridad de sus habitantes.”
A mediados de febrero de 1827 el cubano José Aniceto Iznaga, logró entrevistarse con Bolívar. La reunión duró cerca de dos horas. Bolívar fue afable y tras escuchar los informes de Iznaga, le dice que “…el problema radica en Gran Bretaña y los Estados Unidos. La hora no parece la más propicia. Ambas potencias se oponían a que Colombia llevase sus armas a Cuba y Puerto Rico.” No obstante, con vehemencia el Libertador concluyó manifestándole que “…si los cubanos formasen su independencia, presentando siquiera un simulacro de gobierno, y pidieran entonces auxilio al Gobierno de Colombia, entonces el Gobierno de Inglaterra, ni el de los Estados Unidos, se opondrían ni, aunque se opusieran Colombia se detendría.”
Así lo harían Venezuela y Colombia durante la Guerra de los Diez Años comenzada en Cuba el 10 de octubre de 1868, enviando expediciones de combatientes de ambos países a luchar por la independencia de la Isla de Cuba. Se cumplía el compromiso de Bolívar.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresó en 1975 que:
“…El internacionalismo es una de nuestras banderas más sagradas, y desarrollamos nuestra conciencia internacionalista en la práctica del internacionalismo. (…) Este espíritu internacionalista es la esencia de nuestros ideales revolucionarios …”
Años después, el 26 de julio de 1978, al valorar el significado para Cuba de la ayuda internacional recibida a lo largo de la historia, afirmaba:
“…El internacionalismo es la esencia más hermosa del marxismo- leninismo y sus ideales de solidaridad y fraternidad entre los pueblos. Sin el internacionalismo la Revolución Cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad.”
El pensamiento internacionalista de Fidel tiene sus raíces en la propia historia de Cuba. La idea predominante en los libertadores, desde el inicio mismo de la guerra, fue la construcción de una nación solidaria. Carlos Manuel de Céspedes lo dejaría plasmado en el Manifiesto del 10 de octubre de 1868 cuando expresó: “…Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos…”
El mayor general Francisco Vicente Aguilera, vicepresidente de la República de Cuba en Armas, fue un abanderado del ideal antillanista como escudo protector de la independencia americana ante el expansionismo estadounidense y europeo. Tuvo, como Céspedes, la causa de Puerto Rico como propia. En carta de 1875, desde Nueva York refería al patriota boricua Eugenio María de Hostos:
[…]No crea Ud. que yo olvidé a Puerto Rico. La causa de esa Antilla es nuestra misma causa, y por lo tanto, mi pensamiento y mi corazón estarán siempre consagrados. Nosotros no podemos llamarnos verdaderamente libres, mientras la bandera española flote dominadora, sobre un pedazo de tierra americana.”
No había concluido la gesta de los Diez Años, y en una proclama de fecha 25 de marzo de 1878 a los habitantes del Departamento Oriental en Cuba, exponía el mayor general Antonio Maceo su ideal antillanista, “…debemos formar una nueva república asimilada con nuestra hermana la de Santo Domingo y Haití…”.
El héroe cubano vivió obsesionado por la suerte de Puerto Rico. Al respecto, el 6 de junio de 1884, escribió desde San Pedro Sula, Honduras, al patriota cubano Anselmo Valdés:
[…]Cuando Cuba sea independiente solicitaré del Gobierno que se constituya, permiso para hacer la libertad de Puerto Rico, pues no me gustaría entregar la espada dejando esclava esa porción de América; pero si no coronare mis fines, entregaré el sable pidiendo a mis compañeros hagan lo mismo […]
El alcance y significado de combatir por la independencia de Cuba, quedó expresado por José Martí y Máximo Gómez en el Manifiesto de Montecristi:
[…]La guerra de independencia de Cuba, nudo de haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas, y al equilibrio aún vacilante del mundo[…]
El conocido pensamiento solidario de los jefes del movimiento independentista cubano y sus ideales de integración antillanista como escudo protector del continente, fue un estímulo y atractivo para quienes se decidieron a luchar por la independencia de Cuba. Lo mismo, el hecho de que, en la Isla, principal reducto del otrora poderoso colonialismo español en América, se combatía contra un ejército de cerca de 300 000 efectivos, el más poderoso que jamás potencia alguna tuvo en este continente.
La historia de las luchas del pueblo cubano en las guerras de independencia entre 1868 y 1898, está signada por la presencia de centenares de combatientes extranjeros en los procesos conspirativos y en las filas del Ejército Libertador. No se trata de hechos o figuras aisladas, sino de acontecimientos derivados del impacto de la justa lucha del pueblo cubano y de las epopeyas libertarias del continente.
La casi totalidad de los gobiernos latinoamericanos reconocieron la beligerancia de las armas cubanas. El gobierno de Perú llegó a reconocer al gobierno de Cuba en Armas como el legítimo representante de la nación cubana, libre e independiente. México organizó y envió un grupo de oficiales veteranos de la guerra contra el imperio de Maximiliano. Colombia y Venezuela, contribuyeron a la preparación de expediciones en sus territorios para ser enviadas a combatir junto al pueblo cubano. En el continente y en otros países, se observaba un ambiente de solidaridad con la justa causa que en Cuba se defendía y que sirvió de fuente de motivación para una parte significativa de los extranjeros que viajaron a luchar junto al Ejército Libertador.
Para los independentistas puertorriqueños, la causa de la independencia de Cuba fue propia. Desde los inicios de las guerras de independencia de América, cubanos y puertorriqueños buscaron en México y Venezuela el apoyo para la lucha. La suerte de ambas islas quedó sellada en sus luchas libertarias, primero con los planes de Bolívar y en el Congreso Anfictiónico de Panamá; después, en la fundación en New York en 1865, de la Junta Republicana de Cuba y Puerto Rico.
Fracasada la gesta de Lares en septiembre de 1868, los independentistas boricuas, marcharon a la guerra en Cuba. Carlos Manuel de Céspedes, como presidente de la República en Armas, organizó en enero de 1871 un plan para insurreccionar Puerto Rico. Para levantar en armas a la Isla hermana, el Partido Revolucionario Cubano y su Sección Puerto Rico, comisionaron primero al mayor general Juan Rius Rivera, el boricua que mayor rango militar alcanzó en las guerras de independencia de Cuba. Fracasado el intento por no reunirse las condiciones objetivas para el levantamiento, se presentaron al Consejo de Gobierno de la República de Cuba en Armas, indistintamente por los generales Serafín Sánchez, José Lacret Morlot, Enrique Loynaz del Castillo, y Armando Sánchez Agramonte, cuatro proyectos para llevar desde Cuba expediciones a Puerto Rico.
En el Regimiento de Infantería Betances, en la provincia de Matanzas, se combatió enarbolando las banderas de Cuba y Puerto Rico, con un lábaro enviado desde París por el patriota boricua Ramón Emeterio Betances, representante del Partido Revolucionario Cubano en dicha ciudad, con uno de los ex esclavos a quienes compró, dio apellidos y preparó para luchar por la independencia de la Patria puertorriqueña, y que finalmente lo hicieron por Cuba.
De aquel ejército solidario, emergieron hombres que sobresalieron por su capacidad de mando y patriotismo. Treinta y siete de ellos ostentaron la alta graduación de generales del Ejército Libertador cubano. Chileno hubo uno, general de brigada. Colombianos tres, dos generales de división y un general de brigada. De Venezuela ocho, tres mayores generales, cuatro brigadieres y uno por precisar cuál de los rangos del generalato ostentó. México tres brigadieres. República Dominicana aportó seis, tres mayores generales y tres brigadieres. Puerto Rico un mayor general. Estados Unidos, un mayor general y un brigadier. Canadá un brigadier. Polonia un mayor general. Francia un brigadier. España dos mayores generales, dos generales de división, y seis de brigadas, para un total de diez. Resumiendo, los datos anteriores, encontramos que hubo once mayores generales, cuatro generales de división, veintidós generales de brigada.
En las guerras del pueblo cubano por su independencia, en las más difíciles coyunturas históricas, con un enemigo poderoso en el terreno y otro más poderoso aún al acecho que hostilizó y obstaculizó durante los treinta años la brega revolucionaria, contó siempre con el apoyo de hombres nacidos en otras tierras y de pueblos hermanos.
Podríamos preguntarnos hoy el significado de Venezuela en la historia de la Independencia y la Revolución Cubana. Ello explicaría el por qué miles de cubanos, en agradecimiento eterno, han aportado su granito de arena a la construcción de la nueva Venezuela. Dejemos que lo exprese José Martí, aquel peregrino de la independencia americana, el hombre que admiró a Bolívar como al “…Padre Americano…” , a quien “¡Los cubanos lo veremos siempre arreglando con Sucre la expedición, que no llegó jamás, para libertar a Cuba!”, y que reconocía a Venezuela como “…la Jerusalén de los sudamericanos, la cuna del continente libre…”, que como él mismo confesara, había viajado a Caracas a trabajar, lo que en su febril pasión patriótica era sinónimo de “…verdaderos días de fiesta…” Martí, quién expresó que fuera a aquella nación a ofrecer “…nuestros dolores…” , y a pedir “…a los hijos de Bolívar un puesto en la milicia de la paz” y sentenciara: “Deme Venezuela en que servirla: ella tiene en mi un hijo.”
En las luchas por nuestra independencia los cubanos se inspiraron en la Patria de Bolívar, en Carlos Aponte, en el pueblo heroico y noble que recogía un Bolívar para la Sierra Maestra y fue el principal bastión de apoyo a la Revolución Cubana en el exterior. Ello llevó al Comandante Camilo Cienfuegos a expresar:
“En esta hora hermosa de la libertad los cubanos nos abrazamos con los Venezolanos, a ustedes hermanos, nuestro agradecimiento por haber marchado a la vanguardia entre los países que nos ayudaron a conquistar la libertad.”
Por lo que significó Venezuela para nuestra Independencia y Revolución, apenas triunfa esta en enero de 1959, Fidel viajó a Caracas y allí sentenciaría el 23 de enero de 1959:
“¿Hasta cuándo vamos a permanecer en letargo, fuerzas indefensas de un Continente a quien el Libertador concibió como algo más digno y grande? ¿Hasta cuándo vamos a estar divididos, víctimas de intereses poderosos? La consigna ha de ser la unidad de las naciones… Venezuela ha de ser el país líder de la unidad de los pueblos de América, pues Bolívar es el padre de la unión de los pueblos de América.”
Las ideas del Libertador Simón Bolívar, precursor del antimperialismo, unidas a las de José Martí, y los comandantes Hugo Chávez y Fidel Castro, nos despejan el camino de los tiempos que vivimos. El enemigo principal de nuestra independencia y la unidad de los pueblos de América, sigue siendo el imperialismo yanqui. Mantengamos en alto las banderas que nos legaran nuestros mayores. El porvenir está en nuestras manos, nuestra unidad, y nuestra convicción de luchar, hasta las últimas consecuencias, contra cualquier invasor que intente arrebatarnos la soberanía. En el año del centenario de su natalicio, Fidel ilumina, alerta e inspira.