“Ramirito” recibe la misión de Fidel y se despide de sus compañeros en la Sierra Maestra

 

Ramiro Valdés. Foto: Archivo.

Sierra Maestra tenía un aire especial…hoy había muchas personas..las que se veían y las que no. El Che y Camilo, desde siempre allí, en la explanada contemplaron a todos los que fueron al encuentro con Ramirito. Martí contemplaba a uno de sus muchachos de aquellos días de antorchas y Moncadas de 1953.

Ciro y Julito saltaron desde Artemisa a ver al hijo de Ofelia, porque ellos esperándolo allí en el barrio y él decidió irse para Las Villas con Guevara. Vinieron a verlo antes de irse. Intercambiaron un poco de risas, balances de sueños y futuros combates, mientras veían una fila larga que se disputaba el momento de estar frente a él. “Te has vuelto un héroe”, le decían, mientras él les clavaba la vista con ese pesar que siempre tuvo de haber sobrevivido a otros como ellos que pudieron haber dado más.

Vino a su encuentro, toda la tropa del “movimiento”, Montané, el Curro, Emilio, el poeta, Abel....Melba y Haydée lo abrazaron y Raulito, su inseparable amigo que sigue con el pie en el estribo, le dedicó una mirada cómplice y una flor que Vilma también le mandaba, en una mezcla entre realidad y espíritu en la que el “El Rubio” villaclareño - uno de sus discípulos que hacía días rajó su voz al mencionar su nombre- hoy tenía triste el corazón...Lágrimas, saludos marciales, banderas, flores, verde olivo, besos...en una mezcla rarísima de almas y cuerpos que perdían la frontera de mundos y dimensiones, y que venían a saludar al héroe, no a despedirse.

Ramirito, feliz de ver a todos sus compañeros y de los demás que lo esperaban en Santa Clara, se dispuso a salir, ya era hora. Fidel, desde Santiago, le daba otra misión de llegar a Las Villas a cuidar nuevamente al Che. Está listo y emocionado.

La larga fila terminó y era tiempo de partir. Solo lamentaba, en esta nueva tarea, no poder llevarse a Alicia y sus muchachos. Los extrañará mucho, pero sabe que volverán a verse.

Les secó las lágrimas, y ellos ni cuenta se dieron. Les dió un beso y ellos no pudieron explicar de dónde les llegaba la energía....pero se pusieron de pie, se abrazaron y mirando desde el cristal sintieron que el héroe partía. Ya se iba y no se iba...lo sentían.

Mientras tanto, ellos seguirían combatiendo junto a él en esa mezcla rara de mundos y dimensiones en la que muchos vinieron a pedirle nuevas tareas y a cada uno, en silencio alto encargó: “sean románticos, idealistas, soñadores, y enamorados de Cuba que nuestro deber siempre exige desvelos, y mientras haya un hombre resistiendo, los revolucionarios cubanos venceremos”.