Cajigal fuera y Matanzas agujereada: ¿Jonrones o ponches?

Eddy Cajigal, director de Santiago de Cuba. Foto: José Raúl Castillo Arguelles)

Los debates beisboleros esta semana no fueron sobre el récord de impulsadas de Frederich Cepeda para la historia de las Series Nacionales, ni del enorme premio alcanzado por el pinareño Liván Moinelo, seleccionado el MVP de la Liga del Pacífico en Japón. La atención en la calle y las redes sociales se las robaron el juego confiscado a Santiago de Cuba por jugador no elegible y el robo de algunas pertenencias de los jugadores de Matanzas en el estadio Victoria de Girón.

Los dos hechos tienen dimensiones bien diferentes, pero en el fondo golpean el espectáculo de una temporada que ha sido bien discreta en cuanto a asistencia de aficionados y grandes actuaciones individuales, aunque por suerte Holguín, Cienfuegos, Artemisa y Mayebeque le han puesto el mejor sabor con aspiraciones reales hoy de avanzar a la postemporada.

Pero vayamos a la interpretación de lo sucedido. El mentor santiaguero Eddy Cajigal volvió a fallar y envió un jugador no elegible (que no está en el line up entregado a la hora de discutir las reglas del juego), lo cual llenó la copa de jugadores del plantel y directivos pues fue la sexta ocasión que ocurría eso para las Avispas en la campaña.

Ya semanas atrás habían apartado de la dirección a varios compañeros y Cajigal corrió igual sentencia el mismo miércoles. ¿Con esto se pondrá punto final a un fenómeno que nunca ha sido tan recurrente en nuestros clásicos? Muchos abogan, con razón, por qué no regresar al uso establecido de 27 jugadores por partido, sin tener que declarar de antemano en el line up qué nombres podrán ser o no.

Lo decisivo es que no pase de esa cifra el número de peloteros a utilizarse en nueve entradas. Hay ligas profesionales que lo tienen así y otras no. Revisar ese elemento sería inteligente, sin que eso exonere a Cajigal y su cuerpo de dirección (y a otros directores que les ha pasado igual) de ser los mayores responsables de lo sucedido, pues el Reglamento de esta 64 edición contempla declararlos y tampoco hay que hacer un doctorado para hacerlo bien.

En cuanto al tema de la sustracción en horas de la noche-madrugada de uniformes e implementos del club house del equipo de Matanzas es también inédito en Series Nacionales. Y todavía es más doloroso que sea con el equipo local. ¿No había seguridad suficiente en el estadio, uno de los más cuidados y emblemáticos del país? ¿Quiénes sabían que los peloteros yumurinos acostumbran a dejar sus pertenencias allí?

Las fuerzas del Orden Interior realizan sus averiguaciones ahora y ojalá dieran con los ladrones. Pero lo lamentable es el exceso de confianza o la poca previsión que existió en el Victoria de Girón y que pudiera estar sucediendo en muchos otros parques beisboleros del país. La disciplina tiene que empezar también porque en los dogouts y en los club house no entren quienes no deben estar. Amigos, curiosos, fanáticos y hasta desconocidos vemos por montones en esos sitios. ¿No podrán robarse cosas desde ahí también, al conocer la dinámica de vida del equipo?

Que estos dos hechos sean los más comentados por seguidores y no de la pelota cubana sigue siendo fatal para un campeonato que necesita más acompañamiento de calidad en cada renglón de juego y mayor imán personal y colectivo (como lo vemos solo en Holguín y Cienfuegos)  que devuelva el público a los estadios y los haga volver a sentir que el béisbol es vida, pasión y amor.  ¿Será posible?

(Tomado del perfil de Facebook del autor)