Salideros de agua en Santa Catalina. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate
En un país donde cada recurso cuenta, dejar que el agua se evapore –o se pudra– en la vía pública no es negligencia sino un lujo que Cuba no puede permitirse. Resulta indignante, cuando menos, toparse con un salidero que lleva semanas –o quizás meses– derramando miles de litros en plena calle.
El charco ya no es charco, es un “casi río” de agua verde, estancada, que nadie repara. En Vía Blanca, entre Palatino y la Avenida de los Ocujes, en el Cerro, el líquido brota en una paradoja tangible y se asemeja a un manantial. Corre por la acera y parte de la calle hasta perderse en una alcantarilla. Los transeúntes no pueden usar el paso y tienen que caminar por la calle a expensas de un accidente. Es absurdo: mientras los habaneros cargan cubos, hacen cola en pipas o racionan cada gota en sus casas, aquí el preciado líquido se pierde sin control, ante la indiferencia de quienes deberían solucionarlo.
Pero, tristemente, no es un caso aislado. Podría decirse que los salideros son ya monumentos urbanos, más frecuentes que los parques bien cuidados. Por ejemplo, en el mismo Casino Deportivo, en la intersección de las calles Acosta y Tercera –lo que siempre fue la entrada principal al reparto– el agua sale de las tuberías, corre por las calles y abraza la basura. La calle se ha vuelto prácticamente intransitable y un peligro para sus vecinos.
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate
Según un reporte del Canal Habana el 4 de julio, este salidero data de hace dos años cuando en un día de intensa lluvia colapsó una tubería soterrada. Uno de los vecinos asegura que desde ese tiempo denunció el problema en Aguas de La Habana y hasta ese momento no habían recibido respuesta, menos solución.
Hace unos meses, muy cerca de ahí, el agua corría por la calle Parque hasta Vía Blanca como si fuese un río. Provenía de un salidero justo al lado de Aguas de La Habana. Los vecinos ponían tablas y piedras para maniobrar y cruzar la calle. Y si bien esta agua se veía limpia, el verdor de otras que brotan de los salideros de antaño es parte de la mayoría de las calles del Casino, y de la capital, como si fuese una situación que se debería normalizar.
En el ejercicio de alta fiscalización al Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos por la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado diciembre, Magda Ileana Pérez Matos, presidenta de la Comisión de Industria, Construcciones y Energía, señalaba que uno de los problemas más recurrentes planteados por la población se relaciona con salideros de agua, esa misma que debería estar en las casas y que hoy se evapora en el asfalto en muchos lugares del país. La que podría llenar cisternas, cría mosquitos; la que escasea en las duchas, se pierde en las calles y convierte el panorama en un lodazal pestilente.
Es uno de esos fenómenos cubanos que desafían la lógica: no es un accidente, es un hábito. No es un goteo, es un monumento al derroche. En septiembre de 2024 un titular en Cubadebate aseguraba que más de 600 000 clientes sufrían afectaciones con el abasto de agua en el país. Con esos datos alarmantes nos damos el lujo de no ser consecuentes con esa frase que nos repetían a diario hasta grabarse en el subconsciente; es real, gota a gota, se agota.
Lo peor es que esta situación ya ni sorprende: solo huele mal, se ve peor, y sigue ahí, como si el tiempo no pasara para las tuberías rotas ni para los que deberían arreglarlas. Tal vez sea un experimento social: ¿Cuánto tiempo puede un salidero volverse parte del mobiliario urbano? ¿Llegará a tener nombre propio? O quizás, solo quizás, alguien lo repare… pero eso sí que sería noticia.
¿Dónde está el sentido de pertenencia? ¿Dónde la urgencia, en medio de una crisis hídrica que no da tregua? Este no es solo un problema de tuberías rotas o salideros: es el reflejo de una dejadez que normaliza el derroche y el abandono. Hoy, con imágenes en mano, denuncio algunos salideros olvidados y pregunto: ¿cuánta agua más se perderá antes de que alguien haga algo?
Salideros de agua en Santa Catalina. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate
Salideros de agua en Santa Catalina. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate
Salideros de agua en Santa Catalina. Foto: Thalía Fuentes Puebla/ Cubadebate
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate
Salideros de agua en el Casino Deportivo. Foto: Thalía Fuentes/ Cubadebate