Felicidades a la Asociación Hermanos Saíz en su 38 Aniversario

para Omar Mederos, Víctor Rodriguez y Bladimir Zamora.

Cada 18 de octubre desde 1986, en el marco de la jornada por la cultura nacional, celebramos el aniversario de la creación de la Asociación de jóvenes creadores y artistas cubanos. Organización nacida ese día, en el Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores, Artistas y Técnicos de la Cultura, en el Palacio de las Convenciones de nuestra capital.
Es bien conocido que la AHS debe su nombre a los hermanos sanjuaneros Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, nacidos el 4 de noviembre de 1938 y el 8 de enero de 1940, respectivamente. Sus padres, Luis Saíz Delgado, el juez municipal de su pueblo y Esther Montes de Oca Domínguez, la maestra de estudios primarios de San Juan y Martínez, en la provincia de Pinar del Río. El 13 de agosto de 1958, Luis y Sergio −estudiantes ejemplares− salieron de su cálido hogar para ir a celebrar el cumpleaños de Fidel con una de sus acciones revolucionarias. Entonces le dijeron a su madre: "No temas, algún día te sentirás orgullosa de nosotros".  Y apenas unos pocos minutos después fueron asesinados por las balas de un esbirro de la tiranía de Batista y los hermanos cayeron mortalmente heridos protegiéndose el uno al otro. Recordamos con orgullo que, a pesar de las cortas edades de estos jóvenes, ya eran dignos representantes de la Generación del Centenario y, dejaron una obra literaria y política que combinaron con la acción revolucionaria que venían desarrollando.
La AHS con la obra que realiza, les rinde homenaje permanente a los hermanos Saíz. No olvidemos que se trata de una institución con fines culturales y artísticos que agrupa de manera selectiva y por voluntariedad a los jóvenes escritores, artistas, intelectuales y promotores cubanos hasta 35 años de edad. Surgida como un novedoso proyecto sociocultural, que brotó al calor del resplandor cultural y artístico protagonizado por estos a mediados de la década de 1980, en el escenario y contexto de la Isla, lo cual fue no solo oportuno e inevitable, sino también imprescindible. Porque el Proyecto de la AHS, es una alternativa necesaria, un espacio vital en el que esa joven vanguardia además de sentirse apoyada institucionalmente, puede encauzar sus inquietudes y preocupaciones, las cuales no están limitadas exclusivamente al arte y la literatura de sus asociados. Porque entre los principales desafíos de la AHS se encuentra el reto de luchar contra la banalización neoliberal imperialista y promover una cultura que defienda una postura ética y renovadora desde el arte y el pensamiento, sin hacer concesión alguna a la ideología de mercado.
Asimismo, la Asociación tiene que ser capaz de ir al amparo de aquellos jóvenes creadores que precisen conquistar espacios para sus novedosos proyectos de creación, culturales, artísticos y literarios. Y a su vez, la sociedad cubana, para oxigenarse adecuadamente, demanda la presencia de una institución de este carácter, con esa naturaleza sui géneris, en la cual se labore bajo la divisa de luchar por preservar, estudiar y promover por las más diversas vías y medios, lo más auténtico y mejor del arte joven en el país, respetando la libertad de creación y las distintas tendencias estéticas existentes, así como la búsqueda experimental acorde con las corrientes más actuales en el plano artístico y académico, con la finalidad de participar desde una altísima responsabilidad social, en la consecución y puesta en práctica de la Política Cultural del país y, de esta forma servir a la historia, la cultura y a la propia Revolución.
La Dirección que emergió en aquel histórico I Encuentro Nacional, en el Palacio de las Convenciones, que reunió a 400 jóvenes creadores miembros de las antiguas Brigadas Hermanos Saíz, Raúl Gómez García y del Movimiento de la Nueva Trova, llegó con el prístino objetivo de dar continuidad y cohesión al amplio movimiento artístico juvenil de la Isla, al constituir la Asociación Hermanos Saíz como una nueva identidad surgida de una riquísima pluralidad de caminos y tendencias en el hacer y el pensar artístico cultural en el país.
El destacado pianista Víctor Rodríguez, el primer Presidente de la AHS, dedicó su inmenso talento a dirigir la puesta en práctica para el cumplimiento de los objetivos que habían sido trazados en el citado encuentro. La dirección que entonces lo acompañó se encargó de interminables tareas organizativas, funcionales, institucionales y de promoción cultural; de buscar solución a los problemas existentes en cada una de las provincias acorde con sus peculiaridades; establecer un diálogo sistemático con los responsables del resto de las instituciones y organizaciones del entramado político cultural del país que de una forma u otra debían no solo contribuir materialmente con el trabajo de la AHS, sino también comprender y propiciar la mejor consecución de sus objetivos. También, se debe subrayar como otro de los grandes méritos de Víctor, como Presidente, el haber sido capaz de convertir a la AHS en una gran escuela para todos los que allí servimos de una u otra manera. Bajo su batuta se trabajó en aquel inmenso laboratorio de creación colectiva, interminables jornadas en el que no hubo un solo acuerdo que fuera adoptado unilateralmente, dedicados por entero a cumplir con estas responsabilidades y a entregar lo mejor de cada uno para hacer avanzar la AHS.
Desde el momento mismo de la aparición de la AHS, en las provincias, la Sede Nacional en la capital y la Madriguera, la sede provincial en Ciudad de La Habana —la cual es muy importante si se toma en consideración que la mayor parte de sus miembros están en esta región— la AHS, a pesar de todos los obstáculos que encontró a su paso, pudo realizar conciertos, exposiciones, muestras de cine joven, encuentros literarios y teóricos, giras artísticas y otros muchos proyectos de gran y relevante importancia que fueron aprobados y auspiciados por la organización. Al respecto, apuntaba Omar Mederos, entonces director de la Casa del Joven Creador: “Los eventos se sucedían sin cesar en todas las manifestaciones. Se incorporaron los artesanos, los arquitectos, los culturólogos, estetas, productores y otros técnicos de la cultura en la categoría de promotores, cosa inédita en este tipo de institución. La AHS fue un hervidero de creación y novedad, un espacio joven y polémico, repleto de dinamismo y vida, diverso y mágico donde las insuficiencias materiales de cualquier tipo siempre encontraban soluciones tan creativas que a veces nos sorprendíamos nosotros mismos”.
Reitero las gracias a la AHS, porque aunque los tiempos han cambiado tanto y hoy está renovada; la actuación y el trabajo de sus miembros actuales nos permite seguir creyendo en esta propuesta. Porque la AHS sigue aquí testarudamente vigente con más fuerza que nunca; y estará para ocupar su lugar en el concierto de la cultura cubana, porque aún tiene que seguir cumpliendo con su noble y decisiva misión.