París día 14: ¿Cuánto sacrificio cuesta un bronce olímpico?

En el estado de WhatsApp de la canoísta Yarisleidis Cirilo el cronista encontró el título para esta penúltima jornada de los Juegos Olímpicos. Su mano izquierda mostraba la medalla de bronce olímpica alcanzada en el C-1 a 200 metros, acompañada de una frase que resume una tesis de doctorado que muchos sabemos, pero pocos logramos: “cuánto sacrificio cuesta”.

La muchacha guantanamera, titular mundial del pasado año y una de las candidatas al oro de nuestra delegación, sabía que el sábado de gloria podía ser dorado, plateado o bronceado. Por supuesto, en apenas 44 segundos y fracción cualquiera de las otras finalistas podía arruinar sus sueños. Arrancó bien, levantó como siempre hace en la mitad de la regata y se tiró al final sobre la línea imaginaria de la meta.

La sonrisa fue lo primero que reflejaron las cámaras. Cirilo reía con más pulsaciones de lo normal y sus gafas no dejaban ver los ojos chinos de alegría y la lágrima escondida por esa seguridad que siempre tuvo de que subiría al podio, aunque algunos hablaron de más en redes sociales y otros medios de comunicación por su presencia en el C-2 y el octavo puesto en la final. Ella lo aclaró con su carisma: “yo fui quien quise estar en los dos eventos”.

Yarisleidis Cirilo. Foto: Tomada del perfil de Facebook del autor.

Sin embargo, nada me impresionó más en este bronce de Cirilo que el detalle compartido ya en el reposo de la Villa Olímpica, con su medalla en la mano. Había recibido decenas de felicitaciones de todo tipo y videollamadas por montones, pero decidió antes de dormir recordar las madrugadas acortadas para entrenar, la separación con sus seres más queridos por semanas y meses, la alimentación o el transporte que varios días no fueron ideales o simplemente los recuperantes que no tuvo luego de jornadas fortísimas sobre el canal de La Coronela.

Todo eso lo sintetizó en sacrificio, en lo que cuesta una medalla olímpica para cualquier deportista, pero más para los cubanos. ¿Qué hubiera querido el oro? Claro. Solo que tiene tanto valor este podio como la corona que ella seguramente sacará en nuevos lagos, en nuevas competencias, en el próximo ciclo olímpico, con más experiencia y más ganas. Cirilo mantuvo al canotaje como uno de los deportes imprescindibles para Cuba. Cirilo es el presente y futuro de la canoa en Cuba, América y el mundo.

Y con escasas diferencias de 5 o 6 horas, otro bronce llenó las arcas antillanas en París. Esta vez del consagrado taekwondoca Rafael Alba, un doble campeón mundial que imitó su tercer puesto de Tokio. La diferencia estriba en que para ahora el esfuerzo fue mayor y que significó su despedida honorable de una disciplina en la que se convirtió en el único cubano con dos medallas olímpicas.
Alba tiene las condiciones físicas más excepcionales que pueda tener un taekwondoca.

Estatura casi de dos metros, piernas largas y estiradas para pegar, agilidad felina para saltar y soltar patadas al mismo tiempo, por solo mencionar tres. Reconoció que su felicidad de ahora era quizás mayor porque también había hecho mucho sacrificio para llegar en forma. Y no había leído lo escrito por Cirilo, aunque estaban en la misma sintonía.

Cuando quedan apenas unas horas para cerrar las cortinas de los Juegos Olímpicos de Paris, los bronces de Cirilo y Alba nos abrazan con ese regocijo que representa decir: “ser medallista olímpico es subir al cielo y hablar con el sol”. Ellos lo hicieron. Y en su vitrina personal jamás olvidarán el sábado 10 de agosto del 2024. Se los aseguro.

Rafael Alba. Foto: Tomada del perfil de Facebook del autor.

(Tomado del perfil de Facebok del autor)