París Día 3: Perdió Julio César La Cruz, ¡ganó Cuba!

Perdió La Cruz ante Loren Berto Alfonso. Foto: Tomada del perfil del autor en Facebook.

La primera reacción era la esperada. Se creía ganador, por cerrada que fuera la votación. Por eso se puso la mano en la cara, se tapó los ojos y hubo asombro. Pero Julio César La Cruz rápidamente soltó un aire, suspiró adolorido y abrazó a Loren Berto Alfonso, que de azerí solo llevaba la camiseta roja, porque es pinareño, cubano, uno de esos emigrados del deporte que no reniega de su tierra y tenía a su rival como su ídolo desde niño.

La pelea entre las doce cuerdas había resultado muy pareja. El primer asalto fue votado 4-1 para La Cruz, aunque básicamente fue un round de estudio y pocos golpes. Luego Berto Alfonso se animaría a seguir su plan táctico: neutralizar la derecha de Julio y golpear de contraataque. Emparejó así las acciones y todo quedó apostado a los últimos tres minutos sobre el cuadrilátero.

Sonó el gong y más que un encontronazo de jabs, ganchos o swing entre las clásicas camisetas azul y roja, el reto del bicampeón olímpico era ser fiel a su estilo de siempre (guardia baja, entrar y pegar, fintas y fintas) ante un pugilista que lo conocía perfectamente porque estuvo en el equipo nacional, al igual que su entrenador, Pedro Roque, otro de esos formadores de la escuela cubana de boxeo.

Y Berto Alfonso dio, marcó los mejores golpes. Sin esa gran ventaja o recital de puñetazos marcó los mejores golpes y se sintió vencedor cuando expiraron los 180 segundos finales. El árbitro los llamó al centro del ring y ambos manejaban la tensión convencidos de que les levantarían la mano con el anuncio del locutor oficial. “Votación divida 3-2, en la esquina Roja, Loren Berto”, fue la sentencia del locutor oficial.

Todo lo que vino después, lejos de significar la caída del imperio de Julio César La Cruz (doble monarca olímpico y cinco veces titular mundial) confirmó que Cuba había ganado. Pocos países del mundo pueden darse el lujo de enfrentar en Juegos Olímpicos a dos hijos de la misma tierra en un deporte del que somos los indiscutibles reyes olímpicos y universales, por más que a los europeos les duela.

Ganó Cuba. Foto: Tomada del perfil del autor en Facebook.

La vergüenza deportiva de Julio le impidió enfrentar a los periodistas, aunque pronto deberá hacerlo con esa ética que lo ha llevado a ser capitán y ejemplo de ética deportiva. Esta vez no pudo ser, quizás era su última oportunidad y por eso duele más, pero debe sentirse orgulloso de haber caído con alguien que no habló de él en sus primeras declaraciones, sino de “mi ídolo Julio”, y quien dedicó todo lo que haga en lo adelante “al pueblo de Cuba”, incluida esa medalla que espera alcanzar en la división de 92 kilogramos.

La lección final de este domingo también giró hacia el futuro. Nuestra relación con los deportistas emigrados debe ser más transparente y menos enquistada en sentimientos cada vez. Son cubanos y formados en nuestras selecciones la mayoría. Como Loren Berto Alfonso hay una veintena en esta edición parisina y rara vez profesarán una patada de odio a la tierra en la que están sus padres, sus amigos y sus raíces.

Me quedo con el abrazo final entre Julio César y Loren Berto. Sentí dolor también, pero me complació que Cuba no se iba de esa división. Son unos Juegos Olímpicos muy difíciles para todos. Y quien sea azerí, español, rumano o estadounidense por pasaporte, pero cubano de alma y corazón siempre nos debe llenar de admiración.

Es cierto, es noticia. Perdió Julio César. “La Sombra” no pudo conquistar por tercera vez el sol, el oro, el Olimpo. Pero ganó Cuba. Que lo digan y griten todos. Esa es la vida.

(Tomado de la página de Joel García en Facebook)