
Foto: Tomada del perfil del autor en Facebook.
Sabía que esa infausta noticia estaba por llegar, pero no por eso deja de doler mucho.
No puedo, no quiero dejar de escribir algunos de mis recuerdos, de mis consideraciones sobre el querido compañero José Miguel Miyar Barruecos.
Como suelo hacer, revelaré anécdotas trascendentes y otras sencillas algunas en que se pone de manifiesto su extraordinario humor criollo.
No quiero escribir recuerdos tristes, quiero recordar a Chomi sin tristezas. Es por eso que no escribiré sobre las dos veces que vi lágrimas en sus ojos, cuando conversamos en aquel gran salón lleno de documentos testimoniales y fotos, contiguo a su pequeña oficina en la Plaza de la Revolución.
¿Chomy o Chomi? En los tiempos en que nos encontramos con bastante frecuencia, intentando la edición de un libro que desafortunadamente no pudimos lograr, le pregunté cómo terminaba su apodo, con i o con y. Me dijo que ya estaba acostumbrado a que lo escribieran de ambas formas, pero que prefería que fuese con la “i” latina.
Fue un rector fuera de serie, intérprete y ejecutor brillante de las ideas de Fidel, a las que supo incorporarle su intelecto, pero como siempre omitió su dosis de paternidad. De Chomi puedo estar escribiendo un montón de cuartillas, fui dirigente del Buró Universitario UJC-FEU(68-70) y presidente de la FEU (71-72) y, por razones obvias, compartimos importantes batallas por el futuro de la UH.
Lo recuerdo con su traje de médico rural caminando y conversando con estudiantes y profesores, lo recuerdo espantando las palomas que ensuciaban el alto techo del vestíbulo del rectorado, lo recuerdo con traje de gala en el Aula Magna para hacer un enjundioso discurso o presidir una ceremonia solemne. Lo recuerdo llegando o saliendo de la colina lo mismo en un jeep soviético o en uno de los pocos autos Alfa Romeo existentes en Cuba.
¿Cómo nos conocimos?
La anécdota sería un poco larga para que se disfrute a plenitud, entonces voy a describirla de modo resumida.
“Otro estudiante que también regresaba de Santiago de Cuba conmigo para incorporarnos a una movilización inédita de fin de año en la agricultura, llegamos tarde y ya los estudiantes de la entonces Facultad de Ciencias habían partido para el lejano Guanes de Pinar del Río. Nos presentamos en el rectorado para que nos ayudaran a llegar hasta allá. La respuesta que nos dieron del rector fue que en unas horas saldría un camión para Güines y que nos incorporáramos con los estudiantes que allí estaban. Rogelio Espinosa y yo nos sentimos defraudados por esa insensible respuesta; nosotros queríamos compartir con nuestros compañeros de Facultad. Nos quedamos un rato pensando qué hacer, porque nuestra meta era partir para Guanes. Ya a punto de retirarnos, se nos acerca un negro alto y flaco, después supimos que se apellidaba Izquierdo, y atendía el transporte, y nos pregunta si éramos los muchachos que íbamos para Guanes, y al responderle que sí nos dice, espérenme aquí, que voy por el jeep que el rector autorizó para llevarlos al campamento en el que están sus compañeros. Luego en una visita de Chomi al campamento nos buscó, y luego de recibir sendos abrazos, nos dijo: ¿ustedes creyeron que yo los iba a dejar abandonados, después que renunciaron a estar en las fiestas de fin de año con su familia santiaguera para cumplir con el llamado de la UJC Nacional y la UH? No se olviden que yo también soy santiaguero”.
Ese episodio marcó el inicio de mis relaciones con ese rector fuera de serie.
En Santiago me llevaron preso, se lo conté a Chomi y él a Fidel
Resulta que en febrero de 1970, yo estuve como jefe político de los miles de estudiantes (Facultades de Tecnología, Ciencias Médicas y Humanidades) que participamos en la zafra de los 10 millones, en Aguada de Pasajeros de la región Cienfuegos, provincia Las Villas.
Al concluir nos dieron una semana de vacaciones y yo fui a pasar unos días con mis padres y mis tres hermanas en Santiago de Cuba. Me había crecido una melena y una barba poco destacada, pero que daba una imagen llamativa. Así fui al cine Capitolio, cerca de mi casa a la tanda de las 2 de la tarde. En medio de la función, encienden las luces y aparecen unos policías que aparatosamente comenzaron a pedir identificación.
Unos 10 jóvenes que no tenían identificación fueron montados en una camioneta, yo incluido, pues aunque llevaba conmigo el Carnet de miembro del Comité Universitario de la UJC-FEU, quise correr la misma suerte de los demás, ya que consideré que era una barbaridad lo que estaban cometiendo. Protesté y pregunté quién era el responsable de ese acto contrarrevolucionario; y me dijeron que éramos unos vagos, que mientras miles de jóvenes cortaban caña para la zafra, nosotros estábamos vacilando en un cine. Entonces enseñe mi carnet y expliqué mi situación. Me dijeron que podía ir para mi casa, pero me negué y al llegar junto a los otros 9 jóvenes a la Estación de Policía, pude hablar con el Jefe, se disculpó con todos y nos liberó. Los otros jóvenes tenían turno de trabajo nocturno.
Al regresar se lo conté a Chomi, que se indignó y me felicitó por mi comportamiento. Esa misma noche Chomi me llama a su oficina y me dice, coge el teléfono que quieren hablar contigo. Era Fidel que estaba muy molesto, y me hizo contarle en detalle todo lo sucedido, incluyendo lo que fui a conversar con los compañeros del Comité Provincial de la UJC y del Partido.
Le dije a Chomi que me había puesto en un aprieto, y de inmediato me dijo que me fuera acostumbrando porque Fidel siempre estaba a la viva, y que él jamás le ocultaría un hecho relevante a Fidel. Entonces confirmé que la lealtad de Chomi a Fidel, sería hasta su último aliento.
Sus relaciones con la FEU y su humor criollo
Cuando asumí la presidencia de la FEU en marzo de 1971, Chomi tuvo una larga conversación conmigo, me hizo algunas preguntas sobre mis proyecciones y me dio unos cuantos consejos, los que no entendí, se lo dije, argumentó con paciencia; solamente en uno no me convenció después de argumentos nuevos.
Ese en que no me convenció, lo vine a entender unos cuantos años más tarde.
Me dijo que la carrera que yo estaba iniciando, no era principalmente de velocidad, sino de resistencia. Yo con 23 años recién cumplidos, y ese afán de querer correr demasiado rápido, no podía entenderlo.
Siempre nos dio el mayor apoyo, en todos los frentes de trabajo de la FEU.
Una muestra de su humor criollo fue una conspiración con un trabajador del rectorado llamado Roger, que era el que servía agua y café, en las reuniones del Consejo Universitario y todas las reuniones que él presidía. Un buen día aparece Roger sirviendo café y silbando fuerte una melodía desconocida pero contagiosa. Los allí presentes nos miramos, pero como Chomi no dijo nada nos quedamos callados
Días después vuelve Roger con su silbido, algunos sonrieron, y Oscar García fue el único que dijo en voz alta: ¿y esto qué es?
Yo descubrí en el brillo de la mirada de Chomi que aquello no era casual. Al terminar la reunión le caí atrás a Chomi, y sin pedir permiso, entré en su oficina. Y le dije, oiga Rector, eso que hace Roger es una broma inventada por usted. Se río y me dijo, que ya él se había dado cuenta que yo me había dado cuenta.
El reencuentro ya en este siglo
La vida me premió cuando a partir del 2014, me propuse lograr que Chomi fuera el autor de una colección titulada Fidel y la Ciencia, siendo yo director de la Editorial Academia de GECYT. Él se entusiasmó con la tarea, el primer título de la colección que fue aceptado por el Instituto Cubano del Libro, era: "Etapa fundacional de la Biotecnología en Cuba". Nos encontramos en varias ocasiones, bien en su oficina o en el edificio en que yo vivo. Él no podía subir hasta el tercer piso de mi apartamento, y entonces nos reuníamos en la casa de unos amigos comunes: el Doctor Roberto Castellanos (ya fallecido) y su viuda María Eugenia García. En otras ocasiones en que quiso tener total privacidad, nos reunimos en el automóvil en que lo llevaban hasta mi edificio.
Chomi siempre me decía que Fidel le había dado la tarea de publicar con apego a la verdad la historia de la biotecnología cubana, de la primera minicomputadora cubana, del desarrollo de la ganadería, entre otras.
En agosto del 2016, yo intenté convencerlo que ya la obra estaba lista para edición y publicación, pero él no acababa de entregar la obra original. Fue el Doctor Agustín Lage quien me dijo que seguramente Chomi estuviese esperando que Fidel lo leyera antes de entregarlo. Y tenía razón, ya que a principio de diciembre, ya fallecido Fidel, me llamó para decirme que podía ir a buscar la obra original.
En uno de los encuentros con Chomi, me llevó a un local en que estaban cientos de documentos manuscritos, de apuntes de sus recorridos con Fidel, dentro y fuera de Cuba. Más de un centenar de agendas con anotaciones de los 82 viajes en que acompaño a Fidel. Entonces dos compañeras estaban introduciendo en computadora aquel tesoro manuscrito.
Estoy seguro que el Centro Fidel Castro Ruz no dejará que esa obra inédita se pierda.
Quedan muchas cosas que decir sobre el querido Chomi. Será en otro momento y en otros medios.
Mucho lamento no haber podido estar en sus honras fúnebres, pero mi pensamiento agradecido ha estado y estará mientras me quede vida.
Mi solidaridad con sus familiares y compañeros que lo han acompañado en los últimos meses.
¡Hasta siempre, mi querido rector, maestro y amigo!
(Tomado del perfil del autor en Facebook)